El pensar lúdico en escena

En proscenio, Nietzsche es el pensador y escritor lúdico per excellentiam. Pensar y escribir es estar fuera de los cabales, un acto propio y, por antonomasia, una forma de juego. Jugar, para usar una metáfora vital, significa tiempo en el estadio de locura. La excelsitud de la contemplación dinamiza el rodeo, abre el círculo, forma la superación en el acto de pensar. No se juega con cosas en sí, como los niños juegan con los caracoles en la playa; se juega con diversas metáforas, ideas e imágenes. La vida teórica (o filosofía) constituye la forma cruda del juego. Jugar significa, simplemente, pensar (contemplar), observar detenidamente, darnos tiempo; no apresurarnos. No aumentar la velocidad del tiempo. En sentido opuesto, la acción de la contemplación es tiempo más espacio, devenido en párvulo. El impúber juega a campo traviesa donde no hay cercas, donde no existen obstáculos, pero en el horizonte yace el espacio imaginado para jugar. Cuando la prisa temporal toma la rienda, se adueña del cuerpo y el espíritu y el jugar se distorsiona. Entonces adiós al espacio del juego y comienza a crear.  Hannah Arendt sostiene que en el espacio para la acción sustituimos el juego por la acción para hacer cosas precipitadas.

Heidegger en sus famosas conferencias Qué es metafísica, y siguiendo los parámetros nietzscheanos sobre los ideales ascéticos morales, postulaba que la disgregación de la modernidad respecto a las anteriores formas de vida había cambiado la tónica del concepto lúdico contemplativo de la vida por el lúdico de la vida activa. Jugar, entretenerse, confería significado a la acción del trabajo en la época de la gran industria. Charlo, el gran cómico de la vida activa, de la época del trabajo, disimulaba a través de un estado melancólico la necesidad de regresar al júbilo contemplativo, a la observación lúdica de las cosas.

Sin embargo, el presente es inquietante. Las variaciones evanescentes del jugar dieron lugar a infinitas posibilidades existenciales; llenar el vacío con el juego. Jugar al béisbol, competir deportes, practicar videos juegos y accionar la vida social desde la política para alcanzar peldaños superiores, han deformado casi completamente el significado del juego, la maravilla de la locura poética; hemos ido lejos en el anterior sentido, como tan lejos han llegado los mensajes electrónicos. Rápido y tan lejos se mueve dentro del   mensaje electrónico. Así tan lejos estamos de volver a tener contacto con el origen del juego. Se sustituye la esencia del tiempo y el espacio lúdico por la conveniencia anticipadora de la acción, hacer cosas por hacer cosas. El mundo se fragmenta en un puzle para jugar. Veamos brevemente en qué consisten las predicciones lúdicas de Nietzsche.

En las tres metamorfosis, el camello, el león y el niño, Nietzsche deja bien en claro la predilección del pensar en la vida contemplativa. La trasformación del espíritu del león en niño no es el paso de una vida profana a una sagrada, trascendental, como hasta ahora se ha aludido. El niño en tanto valor es juego, contemplación, vida teórica. La inocencia, método de observación. Lo que Nietzsche propone con la trasformación de la vida es niños, la vida es juego, una retirada del espíritu a la vida teorética. Lo que Kafka anuncia en De la muerte aparente (cierto, sin que esto tenga que ver con el temor a la muerte):

«Quien haya padecido alguna vez de muerte aparente, podrá contar cosas espantosas; sin embargo, no podrá decir cómo es después de la muerte. Es más, ni ha estado más cerca de ella que otros; en el fondo, tan sólo ha sentido algo especial, y la vida común, no la extraordinaria, se ha convertido en algo más valioso con ello. A todo aquel que haya experimentado algo peculiar le sucede una cosa similar.»

La vida teórica, la retirada del niño hacia la muerte aparente constituye el espacio, la heterotopía para jugar con lo valioso. Nietzsche dice:

«Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño? Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí. Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir si: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo».

Inocencia es el niño y se traduce muerte aparente. Olvido, nuevo comienzo, juego, la rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí. Pensar necesita un santo rodeo, expectativa de un tiempo, no precipitarnos. La traducción poética exacta sería esta: el pensador lúdico ya está en la escena.