Ascetología del escritor

De acuerdo con su naturaleza, la vida de escritor formaliza un espacio de mistura y emerge como soñar sin declinar por ello la fisonomía de la acción. Representa la acción sin perder por ello la configuración de soñar e imaginar. La escritura es, por tanto, el ejercicio más antiguo de la práctica de auto-domesticación.

Según sus consecuencias inmediatas, el ejercicio no desemboca en cosas o sucesos externos, como ocurre a la hora de producir un texto en el papel, si no configura al escritor mismo y lo ponen en condiciones de sujeto-escritor capaz de hacer cosas. El resultado de la vida del escritor se muestra en la condición de capacitación de ejercitar una acción, que, según el contexto, se describe como repetición y competencia.

El escritor, calificado como archivo en forma de cadenas de repeticiones escriturales, garantiza y fortalece sus destrezas en tanto entra por el aro de los ejercicios cotidianos de la escritura. En tales circunstancias se hallan los que poseen un mismo grado de problema, que habría que evaluar como escritura de sustentación y otros con niveles de desempeño progresivo de dificultad, que se estiman escritura de perfeccionamiento.

 Paul Valéry dedicó un gran espacio y tiempo a esta práctica de escritura ascetológica, y dio a conocer, a partir de su vida activa, la escritura como ejercicio, la configuración existencial del escritor. Un escritor haría por analogía las mismas tareas de entrenamiento de un deportista, que busca superar en sí mismo los rendimientos anteriores.