El «ego» y la mecánica aplicada (la voluntad de poder)

Por: El poeta en actos

No he leído, si la memoria no me falla, otra idea parecida en la obra de otro autor (filosofo, sociólogo, historiador, poeta, critico, narrador) que abarque tanto, problematice tanto, tematice tanto, profundice tanto y posea la perspectiva literaria y científico social sobre la condición de existencia del hombre.

«Leída desde una lejana constelación, tal vez la escritura mayúscula de nuestra existencia terrena induciría a concluir que la tierra es el astro auténticamente ascético, un rincón lleno de criaturas descontentas, presuntuosas y repugnantes, totalmente incapaces de liberarse de un profundo hastío de sí mismas, de la tierra, de toda vida, y que se causan todo el daño que pueden, por el placer de causar daño -probablemente su único placer».

Para entender la idea de ese párrafo se necesitan 100 años de lectura. El único placer por hacer daño puede ser solventado si el ego se entiende como la mecánica aplicada a la voluntad de poder. Veamos.

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En occidente, los primeros que señalaron la necesidad de una vida en forma (fitness) fueron los griegos helénicos. ¿Cómo lograrlo? El secreto estuvo en usar la mecánica aplicada a la voluntad. En otras palabras, tratando de engañar la naturaleza del espíritu con su propia naturaleza para alcanzar cotas más altas, niveles de vidas más ostensibles. Si en Occidente el ego de Edipo cobró forma en una sustancialidad y posteriormente en un sujeto, Oriente (tratados budistas, taoístas, yoga, zen) percibió el ego como ilusión y palanca también. Correcto. ¿En qué sentido?

Intentemos comprender el ego como la palanca (engaño) para mover la voluntad de poder: la voluntad más pequeña, al multiplicarse por su colocación en una distancia regularmente prolongada, es capaz de empujar la voluntad más grande. El ego cumple el espíritu de la artimaña, el truco, que hasta hoy realiza el ser humano en el afán de mover voluntades más grandes, sean estas trascendentales para esquivar la muerte o para ubicarse en la cúspide de la jerarquía social individual y colectiva. El ego como la palanca ilusionista genera más fuerza de espíritu y más capacidad de poder. El truco consiste en la mecánica aplicada al espíritu. (El libro de Nietzsche, La voluntad del poderío se reduce a esta mecánica aplicada al cuerpo)

Fulcrum? —

Donde el primer poder se multiplique para alcanzar nueva fuerza de poder. El espíritu transcurre por fullería. El recorrido hasta donde llega el artificio (ego), mediante el palanqueo para provocar más fuerza y poder (eros y thymo) constituye la abertura hacia buena forma de vida (ego fitness). La buena forma (el alto rendimiento) se adquiere a través del palanqueo del ego, el cual falsifica, engaña, la propia naturaleza del espíritu de la voluntad de poder. Y esto equivale al desarrollo de la vida humana como ejercicio entre cultura y biología. El engaño por el que pasa el primer poder (las costumbres culturales) y luego alcanza fuerzas más altas, determina la forma de la vida interior ejercitada. Aquel que dice, «busca en el interior quien eres» no está diciendo algo en específico. No buscar, es ejercitar.

Dicho esto, la palanca del espíritu del ego recuperaría un nuevo sentido en la condición humana. Quien se haga de la opinión que el ego es la trampa del espíritu, el obstáculo de la felicidad y el amor, no deja de tener razón si considera la idea del ego como mecánica aplicada a la voluntad de poder. Se puede considerar de que el ego no exista, pero el engaño y la ilusión provocados por él, constituye la palanca imaginaria para mover más fuerza espiritual. Y este fenómeno se considera como el hecho más extenso y duradero de la civilización desde su origen hasta hoy. De lo contrario, no habremos entendido absolutamente nada acerca de la espiritualización y la existencia.

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Nota: estas ideas aparecen ampliamente explicitadas en el libro: Ego fitness: La forma de la voluntad de poder.

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