Virtud, ego, entrenamiento

La «virtud del egoísmo no radica ni en la racionalidad ni en el objetivismo, sino en el entrenamiento.

Todas estas consideraciones sobre la acción racional egoísta provienen de aquellas tentativas de Nietzsche suscritas en su Cuaderno de notas (1887) y en la Genealogía de la moral de ‘naturalizar el egoísmo’ frente a la falsificación del ‘altruismo’.

La nota No. 12 en el Cuaderno dice:

«Quiero incluso volver a hacer del egoísmo algo natural: cambiando el propósito de negación por un propósito de fortalecimiento’. En ese texto Nietzsche llega decir que la existencia del ‘fortalecimiento’ va fundamentado con el ejercicio y la movilidad, previsto de un training para virtudes morales, en el que se pone a prueba la fuerza en el poder mantener su palabra.

La objetivación en La virtud del egoísmo está atravesada por la ética racional del interés personal y no por el ‘fortalecimiento’.

Ayn Rand postula:

«La cuestión del egoísmo versus el autosacrificio se origina en un contexto ético. La ética es un código de valores para guiar las elecciones y acciones del hombre, las elecciones y acciones que determinan el propósito y el curso de su vida. Al elegir sus acciones y metas, el hombre enfrenta constantemente alternativas. La elección requiere una norma de valor, un propósito al que deben servir sus acciones o hacia el cual deben estar encaminadas. Valor presupone una respuesta a la pregunta: ¿Valor para quién y para qué?» (Véase La rebelión de Atlas.)

¿Cuál ha de ser la meta o el propósito de las acciones de un hombre? ¿Quién debe ser el beneficiario de estas? Su principal propósito moral tiene que ser el logro de su propia vida y felicidad, ¿o acaso debería serlo servir los deseos y necesidades de otros? El choque entre el egoísmo y el altruismo reside en las respuestas conflictivas a estas preguntas. El egoísmo sostiene que el hombre es un fin en sí mismo; según el altruismo, es un medio para los fines de otros. El egoísmo postula que, moralmente, el beneficiario de una acción deberá ser la persona que la efectúa; el altruismo afirma que, moralmente, el beneficiario de una acción debe ser alguien distinto de la persona que la realiza.

Éticamente hablando, qué significa cambiar la ‘acción racional del egoísmo’ por un propósito de ‘fortalecimiento’. Aun cuando la ‘fuerza’ se ha rebelado, el ‘fortalecimiento’ en La virtud del egoísmo no aparece ni como una acción ni como un ejercicio. Este ‘fortalecimiento’ del egoísmo lo he nombrado Egofitness, una suerte de mantener en forma nuestras aptitudes individuales y personales. No se trata de la racionalidad moral o ética del egoísmo, sino del ‘fitness egoísta’: del ‘entrenamiento’ para mantener en forma nuestras capacidades competitivas, habilidades y talentos.

Por tanto, la ‘virtud del egoísmo’ no radica en la ‘racionalidad’, sino en el ‘entrenamiento’. No es objetivista, sino existencialista. El egoísmo existe en virtud del entrenamiento. Si no pregunten a los griegos helénicos…