Ante la semana de ferias, coros y danzas que se han celebrado en Madrid durante la primera semana del mes de marzo de este año, cabe preguntarse la cuestión suscitada por Francis Bacon respecto a que «en la actualidad y desde hace algún tiempo asistimos a una idea creada por marchantes, críticos, teóricos… pero no por artistas. Esa peligrosa confusión será mucho peor en el futuro».
Ya lo está siendo, no cabe duda, aunque es cierto que en cuanto al arte contemporáneo se exige un gran esfuerzo, pasión y subjetividad, además de una superación de la oposición entre sujeto y objeto, pero también lo es que todo estos agentes implicados en este mundo se exceden al forzar que toda obra se atenga a un principio de invención absoluta, que haya un cierto escándalo en la configuración final y que las reglas del juego entre autor y espectador no existan o sean las que continuamente impongan ellos, a lo que se añade el hecho de poder cambiarlas cuando quieran
En el nudo de este planteamiento cabe asimismo el significar la relevancia de elementos filosóficos, culturales, políticos y sociológicos que pueden actuar como medios, incluso como fines, si bien habría que partir de la base de que el creador no ha de anteponerlos y más bien conjugarlos con la comunicación como factor clave de la obra.
Por lo tanto, tiene que haber una voluntad de totalidad, de que las hechuras, estructuras, colores y lo exterior e interior del cosmos y la creación, se articulen sabiamente en una construcción, en una dinámica y en una globalidad que no tenga fin.
Gregorio Vigil-Escalera
De las Asociaciones Internacional
y Española de Críticos de Arte (AICA/AECA)
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