Julio Bermúdez aspira al prestigio de una firma impresa, pero descubre que los anuncios compran silencios, las denuncias negocian favores y los directores administran reputaciones, hasta configurar un poder político cuyo ascenso depende de una prensa capaz de fabricar adhesiones y desacreditar adversarios. El entusiasmo del joven periodista tropieza con una maquinaria que exige lealtades, recompensa la docilidad y reserva sus castigos para quien confunde la libertad de escribir con el derecho a contrariar al propietario. Cada noticia compromete algo más que una opinión, pues detrás del titular se disputan cargos, fortunas y cuotas de influencia.
Publicada por Cultural, La Habana, en 1936, La letra de molde apareció durante la crisis posterior a la caída de Machado, cuyas disputas por el gobierno encontraron eco y combustible en las redacciones habaneras. Ramón Vasconcelos, periodista, ensayista y novelista, autor de Montparnasse, París bien vale una misa y Lenin: el camarada dictador, trasladó su experiencia a una ficción donde la ambición literaria tropieza con el salario y la obediencia. La novela pasa a formar parte del catálogo de Ego de Kaska Ediciones, con introducción de El Coloso de Rodas, en un volumen de 118 páginas y formato de 5 × 8 pulgadas, cuya cubierta y contracubierta recrean el diseño de la edición original.
La introducción examina cómo el prestigio de la palabra impresa otorga a los propietarios una autoridad que negocian con quienes aspiran a gobernar. Una campaña periodística puede preparar una candidatura, proteger un negocio o destruir una reputación, mientras invoca la defensa del bien público para encubrir sus acuerdos privados. La peripecia de Julio conserva una incómoda cercanía con nuestro presente, pues su deseo de escribir sin tutela choca con quienes consideran que pagar una firma equivale a comprar una conciencia.
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