«Días de luz», poemario de José Amael Rubio Acosta

Una madre cose pañuelos para celebrar un triunfo, un niño hace preguntas sobre los apagones, un comprador de oro recorre la calle y un dios exhausto necesita comida y refugio. José Amael Rubio Acosta reúne esas presencias en Días de luz, poemario que Ego de Kaska Ediciones presenta con la cercanía de una conversación cuyo humor deja, tras la sonrisa, una herida. La memoria familiar y la experiencia cubana sostienen una escritura atenta al cuerpo, al deseo y a la fragilidad.

La fotografía del padre, los amigos de juventud, la casa, los muertos queridos y las palabras pendientes con el hijo forman un territorio afectivo que el poeta recorre sin solemnidad. Cada recuerdo conserva sus detalles, sus pequeñas rarezas, sus deudas. Un episodio de adolescencia abre preguntas sobre las vidas que pudieron perderse antes de existir; una celebración familiar revela cuánto ha desaparecido con los años. La intimidad cobra espesor gracias a esa mirada capaz de reconocer el dolor sin renunciar a la ironía.

Los pregones, las colas, el precio de los alimentos y la búsqueda de agua irrumpen con voces propias. Cuba aparece a la altura de quienes cargan cubos, venden sus prendas o calculan cuánto cuesta reparar una dentadura. El absurdo político comparte espacio con el desgaste doméstico, mientras la risa descubre lo que los discursos oficiales prefieren callar. Poemas como Vivir en la Isla, Agua común y Recinto acercan al lector a una existencia cercada por la escasez, el miedo y la vigilancia.

Una mujer cercana todavía despierta asombro; el abrazo conserva su fuerza incluso después del cansancio. La ternura atraviesa estas escenas con una mezcla de gratitud, deseo y desamparo que evita las poses del enamorado perfecto. También la muerte reclama su lugar, sobre todo al rozar la juventud y los vínculos familiares. Rubio Acosta sabe escuchar ese temblor y llevarlo al verso con una voz que admite la aspereza, la burla y la emoción sin pedir permiso.

Julio Benítez escribe en la contracubierta que «Los versos de Amael son un regalo para disfrutar». Destaca la sensibilidad lírica de estos poemas breves, su riqueza humana y la fuerza con que reúnen el vuelo poético y la vida cotidiana de la isla. Su valoración subraya, además, que esta primera obra publicada recoge textos de distintas etapas del autor. Una invitación a descubrir una voz que ha madurado con los años y que ofrece al lector memoria, humor, desasosiego y una ternura capaz de sobrevivir a los días más difíciles.

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