¿Qué hacer? ¡Nada!

Hace mucho tiempo pasé la vista por algunos libros de Marx, de los cuales uno, “Formas anteriores al modo de producción capitalista”, me pareció medianamente aprovechable. Soy, mejor, Nietzscheano; creo en el «superhombre», en la super abundancia de estar en forma. Como existe la realidad, que los «ideocubanólogos» pasan por alto, la situación cubana actual no se presta al misterio. 

El problema esencial de Cuba ni es la libertad, ni la democracia ni la cultura. El problema básico no responde por ahora a conceptos abstractos e ideológicos y de teoría política. No mal interpreten las cosas, no estoy diciendo que libertad, democracia y cultura dejen de ser importantes. Cuba debería depender de una base real, no de una superestructura para usar un viejo concepto marxista. Pasa en Cuba que lleva más de 60 años bajo una «crisis de brazos cruzados». De esa crisis surge el sentido común de la ideología, la oposición, la disidencia, todas juntas operando bajo la molienda de la superestructura ideológica.

En Cuba no hay hábitos laborales para el trabajo post castrista. Los recursos laborales, las fuerzas de trabajo en Cuba se encuentran menguadas. Los cubanos llegan a tierra de libertad eufóricos, pero el problema no es con la libertad, sino con el trabajo. El trabajo le produce levedad. No resisten la media jornada de trabajo capitalista. Como se dice en el argot popular, muchos terminan “mordiendo el cordobán». Por eso la faena del “invento cubano» dentro y fuera de la isla ha sido un escape.

¿Qué hacer, entonces? ¡Nada! 

En la novela de Chernyshevski, la cual hizo época en la Rusia a partir de la segunda mitad del siglo XIX estalla una premonición: la narrativa «¿Qué hacer?» supo crear la base para una crisis de brazos cruzados en la Rusia soviética.

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