Foucault, el GMY y Yo

Paradójicamente, el momento de menor esplendor intelectual de Michel Foucault fue cuando, en la segunda etapa, tuvo lugar la mayor producción de su obra. De esa época (años 60 y 70) se publicaron libros como: «Las palabras y las cosas», «La arqueología del saber», «Vigilar y castigar», «Historia de la sexualidad», obras que leí tardíamente enmarcadas dentro de la corriente del historicismo y el estructuralismo. 

De su primera (finales de los años 50) y última etapa (años 80), se publicaron un par de libros, de los cuales no se habla apena nada. Los principales exegetas de Foucault se quedaron maravillados en esa historia intelectual intermedia y no mencionaron la relación inicial con la «psicología de la verticalidad» (tenía una gran admiración por los estudios de «psicología existencial» del discípulo de Heidegger, Ludwig Binswanger). Tampoco se adentraron en el reconocimiento el proyecto nietzcheneano, de sus últimos años, sobre las formas de vida de la «parresía y el cuidado de sí» en «Discurso y verdad». 

Y es que la última etapa, Foucault da un giro hacia los «principios» de su labor intelectual en nuevo «comienzo», ahora para recuperar y preocuparse directamente por la transvaloración del «sujeto social» en «hombre fitness», pasando de una crítica histórica de la formación de las sociedades al estudio de autoconfiguración del sujeto como ser para las habilidades.

Lamentablemente, todavía corroboramos la incidencia fática de la segunda etapa foucaultiana en diversos estudios sobre el sujeto y la historia intelectual cubana, como una productividad critica basado en el positivismo histórico.

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