Gracián y la razón estratégica

Por: Elpidio Granda

A principios del siglo XVII el mundo literario despertó y satisfizo una petición insaciable de manuales de consejos de vida  cuyo diseño lo determinaban cada vez más los imperativos de la competencia tanto cortesana como burguesa y mercantil. Los géneros del asesoramiento estratégico de la existencia —colecciones de máximas, libros de buenas maneras, lecciones sobre el arte de vivir, manuales de antropología, escritos de sabiduría mundana— experimentaron un florecimiento que ensombreció todo lo comparable de tiempos anteriores o posteriores.

El Siglo de Oro significó en toda Europa fue una época dorada de la razón estratégica, tanto desde el punto de vista de quienes se interesaban por las artes de simulación desde la perspectiva del actor como desde el ángulo de visión de aquellos que, por su capacidad de descubrir los engaños de los demás, querían conseguir fama de consumada sabiduría mundana. En tanto que los autores significativos del siglo XVII quisieron ofrecer a su clientela un entrenamiento polifacético en la defensa frente al engaño, puede caracterizarse esa época como tiempo de incubación de la Ilustración; aunque bajo «ilustración» no puede entenderse aún la fase de popularización de las ciencias.

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En esta Ilustración de hombre de mundo no se establece ningún sistema del saber verdadero, sino que más bien basta con cerciorarse de la propia sensatez estudiando —por hablar con una imagen de Cervantes— el envés de la alfombra, que con sus miles de nudos condiciona la ilusión de mundo de la parte anterior. Para esto marca la pauta general el consejo de Baltasar Gracián en el Oráculo manual.

El aforismo 157 (No engañarse en las personas), el Oráculo Manual de Baltasar Gracián aconseja primero «mires por dentro» al oponente antes de llevarte una impresión superficial.

Donde todo es falaz, el pícaro se entrena en la moderación. Implementa la estrategia de la prudencia y el soborno.

En los tiempos de Gracián (1647) se implementó un sector laboral para cuidar los secretos de los poderosos. Así devino en la escena de esa época lo que hoy se le llama secretario, el auténtico guardián de arcano. Este protector se transforma en una segunda vuelta de tuerca y comienza en la política real: aparece el ‘pícaro intelectual’, donde le sobran las estafas.

En cuanto a estilo y forma, el secretario pícaro intelectual es muy diferente a la época graciana, sin que se pierda la esencia del origen. Gracián, para prever esa situación de la picaresca y el tapujo escribe:

Baltasar Gracián - Wikiquote

El aforismo 26 del Oráculo Manual dice:

«Hallarle su torcedor a cada uno. Es el arte de mover voluntades; más consiste en destreza que en resolución: un saber por dónde se le ha de entrar a cada uno. No hay voluntad sin especial afición, y diferentes según la variedad de los gustos. Todos son idólatras: unos de la estimación, otros del interés, y los más del deleite. La maña está en conocer estos ídolos para el motivar, conociéndole a cada uno su eficaz impulso: es como tener la llave del querer ajeno. Hase de ir al primer móvil, que no siempre es el supremo, las más veces es el ínfimo, porque son más en el mundo los desordenados que los subordinados. Hásele de prevenir el genio primero, tocarle el verbo después, cargar con la afición, que infaliblemente dará mate al albedrío».

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