«La diplomacia y el sentido común van siempre por caminos separados. La diplomacia dice lo que conviene escucharse. El sentido común, mudo por razones de corrección política, ofrece la solución directa. Pero está enmarcado por reglas de la propia diplomacia, y no dice nada. Se atiene a las leyes, a los modales de la mesa, al protocolo. Y ya que la diplomacia es sólo una madeja de actitudes cambiantes, según el interlocutor, pues nada mejor que el sentido común se imponga entonces. Extirpaciones quirúrgicas, con anestesia, para que no duelan tanto. Golpes precisos, preventivos. Y si acaso el tumor se extiende por todas partes, que nadie se extrañe de que eliminen, íntegramente, a su portador. El daño colateral será mínimo, como se sabe. Sentido común, ni más ni menos.»

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