Marxismo y religión

Por Víctor Fernández

Todas las religiones establecen un dogma o principio que para sus seguidores es incuestionable. En el momento que aparece la duda o el cuestionamiento, su portador disiente y pasa a ser una “oveja descarriada”. Las monoteístas no se diferencian de las politeístas en esto. El marxismo es una religión, pero ni siquiera es “una religión más”, es la religión de la edad moderna o contemporánea más letal de todas. Como el Judaismo, del cual salieron el Cristianismo y el Islamismo, del Marxismo han salido o nacido variaciones «religiosas»: socialismo, comunismo, fascismo, y nazismo. Su dogma principal es la lucha contra el capitalismo, del cual nacen, y que cada vez se consolida más dentro del propio capitalismo, a pesar de que el marxismo y sus versiones evolucionadas, no pueden existir, no podrían, sin el capitalismo, que es su medio, su ecosistema. Una vez desaparecido el capitalismo, el comunismo y el socialismo desaparecerían pues su dogma ya no tendría lugar donde ejecutarse, ni con qué justificarse. De ahí que en todos los países donde el comunismo se ha impuesto, se hunde la economía -cuyo buen funcionamiento pertenece por completo al capitalismo- sobrevienen la ruina y la miseria, y se buscan elementos exógenos que culpar, como justificación al descalabro (el supuesto Embargo, en el caso de Cuba, por ejemplo).

Los chinos han descubierto la fórmula perfecta para salvar lo que en el resto de países comunistas y socialistas no se pudo. Han permitido al capitalismo florecer en lo económico, (a fin de Cuentas el capitalismo no es un sistema de ideas políticas, sino productivas, es decir, económicas), pero manteniendo los comunistas el poder absoluto con lo que en mi modesta opinión es, -lo de China- una vuelta a una especie de feudalismo moderno: el Sr. Feudal o Emperador es el PCCH a quien se le debe obediencia absoluta, y se le paga el diezmo, y los mercaderes o capitalistas tienen la posibilidad de crear riqueza siempre y cuando estén políticamente al servicio del emperador, o no traten de derrocarlo. Si quiebran ese mandamiento, lo pierden todo.

Volviendo al tema religión, el marxismo no soporta la disensión. Pero se da el fenómeno que -como en todas las religiones- sus practicantes se corrompen -la mayoría de ellos-. Ejemplos de esto, muchos: la familia Castro y todo su entorno, Pablo Iglesias en España, la dinastía Sun de Corea del Norte. Lo sorprendente es que a sus seguidores parece no importarles que su “mesías” traicione su propia prédica, a diferencia de las religiones donde sí se llega a criticar a los líderes corruptos, sobre todo en el Cristianismo y sus variantes.

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