El «ángel de mi madre»

Por: Roberto Gómez

No voy a mentirte y decir que cada día tu recuerdo me asiste, muchas veces pasan los días y solo llegas a mis pupilas cuando regreso a la casa y miro tu retrato en mi mesita de noche. No voy a mentirte.

¡Ah, pero cuando llegas me matas! Creo que no te gustaría verme recordándote… ¿Me ves ahora mismo? No, no te preocupes, me recupero al instante.

Abraham Lincoln dijo: «Todo lo que soy o aspiro ser, se lo debo al ángel de mi madre”. Tengo estas palabras grabadas en un pequeño cuadro colgado en una pared de mi hogar (no sé por qué escribo detalles, compartimos aún el mismo techo)… ¡Cuanto te debo mi vieja!

¿Qué crees de mis nietos? … loca estarías con ellos! No les he hablado mucho de ti, más el otro día, el mayor me pidió tu retrato para ponerlo en su habitación: pa’ que me cuide, me dijo. ¡Pensé para mí: oh, en eso ella es experta! Tanto me cuidó que aquí estoy: recordándola en presente. Un día lo siento y le cuento tu historia, cuando pueda contarla sin lloriqueos y pausas constantes; un día de estos, espero … hoy no ; definitivamente.

Quiero decirte que encontré un sistema para no recordarte enferma. ¿Te acuerdas de la cantidad de mermelada de remolacha que me hiciste? Yo también!. Cada vez que te menciono, nombro también la remolacha, por algún motivo, este recuerdo trae a tu rostro una sonrisa y hace que los terminales adjetivos desaparezcan… Me imagino que ya sepas que en realidad nunca me gustó la maldita remolacha. ¡Me apetecía tanto verte feliz!

Me adelanto unos días por qué quiero ser el primero en felicitarte por el día de las madres, ese día tal vez sea más difícil escribirte unas líneas. Ese día tal vez estés demasiado ocupada en mis recuerdos… De cualquier manera, lo más posible, es que me pase el domingo pensando en mermelada.

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