«Logos y axiomas», de Juan Felipe Benemelis.

Por El Coloso de Rodas

En el panorama intelectual cubano contemporáneo, pocos autores presentan una obra de la envergadura y el alcance de Juan Felipe Benemelis. La afirmación no es hiperbólica. A diferencia de figuras como Fernando Ortiz o Levi Marrero, cuya contribución al estudio de la cultura, la historia y la identidad cubanas es incuestionable, Benemelis articula un proyecto de pensamiento que desborda los márgenes nacionales e incursiona en el análisis estructural del conocimiento, sus fundamentos y sus implicaciones filosóficas.

Autor de más de treinta volúmenes, su producción cubre una vasta gama de disciplinas, desde la sociología hasta la geopolítica, pasando por la filosofía de la ciencia. Pero lo que distingue su obra no es solamente la cantidad, sino la coherencia de una interrogación constante en torno al sentido del saber en la modernidad tardía. En ese marco se sitúa Logos y axiomas. La ciencia como paradigma filosófico, libro editado por Neo Club Ediciones con motivo del Festival del Arte y la Literatura Independiente de Miami.

No se trata de una obra menor ni circunstancial. Dividido en dos partes, el volumen se presenta como una contribución robusta a la discusión sobre el estatuto epistemológico de la ciencia, abordando tanto su genealogía filosófica como su deriva contemporánea. En un momento en que la tecnociencia tiende a reducir la filosofía a un mero comentario de los avances empíricos o, peor aún, a un ejercicio retórico sin incidencia práctica, Logos y axiomas plantea una recuperación del fundamento ontológico del pensamiento científico. No es solo un ejercicio erudito, sino una toma de posición frente a las actuales formas de racionalidad.

El título ya es una declaración de principios: logos —razón, discurso, estructura— y axiomas —principios que no se demuestran pero sustentan todo sistema. Al situar la ciencia dentro del marco de la filosofía, Benemelis no busca domesticarla ni idealizarla, sino reinscribirla en su dimensión fundacional, allí donde el pensamiento no se limita a explicar, sino que se interroga sobre las condiciones mismas de la explicación.

La tesis central del libro, leída en clave filosófica, podría resumirse así, el conocimiento científico no es una alternativa a la filosofía, sino su consecuencia histórica, su despliegue técnico y, en cierto sentido, su deriva metafísica. A través de múltiples capítulos —que pueden leerse de manera autónoma o como partes de un argumento mayor—, el autor examina el tránsito que va del pensamiento griego a la modernidad, desde la ontología pre-socrática hasta las configuraciones teóricas más recientes.

La lectura de esta obra requiere tiempo, atención y una disposición crítica. No se trata de un libro para especialistas encerrados en sus nichos disciplinares, sino para lectores que asuman la exigencia del pensamiento como tarea. Al recorrer sus páginas, emergen preguntas esenciales: ¿Qué papel ha desempeñado la filosofía en la constitución de la ciencia moderna? ¿Hasta qué punto la racionalidad contemporánea ha olvidado su origen especulativo? ¿Es posible pensar un modelo de conocimiento que reintegre el sentido y la verdad, sin caer en el dogmatismo ni en el relativismo?

Benemelis no responde de manera definitiva, pero orienta el debate. Más que ofrecer conclusiones cerradas, propone un itinerario conceptual, una cartografía del pensamiento en la que el lector debe avanzar por su cuenta. Esa es una de las virtudes del libro, no impone tesis, sino que abre preguntas. Y lo hace desde una perspectiva rigurosa, sin concesiones al estilo ensayístico facilista ni a las modas intelectuales del momento.

En el contexto cubano y latinoamericano, una obra como esta reviste un doble valor. Por un lado, se inscribe en la tradición de pensadores que han reflexionado sobre la modernidad desde las márgenes geográficas y epistémicas del mundo occidental. Por otro, plantea una crítica al cientificismo ideológico, que en nombre del progreso ha despojado a la ciencia de su densidad filosófica. En un entorno donde el pensamiento autónomo ha sido muchas veces relegado o instrumentalizado, el gesto de Benemelis es una afirmación de la filosofía como espacio de libertad.

No es casual que el autor sitúe su reflexión en el ámbito del «origen«. El retorno del conocimiento a su lugar fundacional no implica una nostalgia arcaizante, sino una necesidad epistemológica: solo desde el reconocimiento de los fundamentos es posible construir una crítica del presente que no se limite a la denuncia, sino que proponga alternativas. En ese sentido, Logos y axiomas no es un libro académico en el sentido restringido del término, sino una intervención filosófica en el debate contemporáneo sobre la naturaleza del saber.

En fin, Juan Felipe Benemelis no es solo un erudito. Es un pensador. Su obra trasciende los límites de la especialización y se inscribe en el esfuerzo —siempre inacabado— de comprender el mundo a través de los lenguajes que lo constituyen. En tiempos de saturación informativa y de fragmentación del pensamiento, libros como Logos y axiomas nos recuerdan que el conocimiento no es acumulación, sino sentido. Y que la filosofía, lejos de haber sido superada por la ciencia, permanece como su interlocutora más exigente.

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