«Individuo», «individualismo» y «libertad individual» en Emerson y Nietzche

Revisitar a pensadores como Emerson y Nietzsche quizá pueda ayudar a que, de momento, al menos como individuos, seamos capaces de no ceder ante las embestidas psico o biopolíticas del presente y, en este sentido, podamos contemplarnos a nosotros mismos y al mundo con independencia y valor. Más allá de sus similitudes y diferencias, tal vez sean este valor y esta independencia de juicio lo que debamos rescatar tanto de Emerson como de Nietzsche.

Uno es un optimista ilustrado y el otro es un sombrío pesimista, un romántico. Para uno, los individuos libres serán constructores del futuro y el progreso, para el otro un nuevo orden surgirá solo cuando el nihilismo se complete. Ambos autores, sin embargo, coinciden en que el camino está dentro de nosotros mismos. Mesiánico sería hacer profecías y ya no están los tiempos para nuevas recetas de liberación. Tal vez sea tiempo de invertir las Tesis 11 de Marx y dejar de intentar cambiar el mundo, por un momento, para contemplarlo y, sobre todo, contemplar qué sucede en nosotros al hacerlo. Ello sin perjuicio de una lucha social que quienes no estamos en el poder estamos obligados a dar de una u otra manera, más que por una necesidad ética, por un asunto de supervivencia.

Cuando se habla de individualismo en la tradición norteamericana, se hace normalmente citando una crítica que hizo Tocqueville a la sociedad norteamericana. Según Tocqueville, individualismo es «un sentimiento de reflexivo y reposado que dispone a cada ciudadano a aislarse de la masa de los que son como él y a hacerse a un lado con su familia y sus amigos, por lo que después de haber creado así una pequeña sociedad para su propio uso, de buena gana abandona a la sociedad en general a sí misma».

De esta forma, la actitud individualista es claramente una actitud cómoda, que se puede llamar pequeño burgués, según una tradición diferente. En este sentido, Emerson no puede ser llamado individualista, ya que, lejos de aconsejar dicho ánimo burgués, exhorta a sus lectores al continuo perfeccionamiento e incluso a la acción política concreta, aunque no especifica qué ha de ser esta acción política y pese a que a aquellos que han de ser pensadores recomiende más la soledad reflexiva, la acción queda para quienes son políticos.

Sin embargo, el propio Emerson terminó apoyando la causa abolicionista y su discurso tras la muerte de Lincoln fue uno de los más esperados por el público (Emerson; The Ideal in America ). En este panegírico, Emerson resalta las virtudes políticas y heroicas de Lincoln: «Allí, por su valor, su justicia, incluso por su temperamento, por su consejo fértil, por su humanidad, se puso de pie una figura heroica en el centro de una época heroica. Él es la verdadera historia del pueblo estadounidense en su tiempo».

 Al decir que Lincoln encarnó a su pueblo y al resaltar sus contribuciones a su época y su historia, vemos que el pensamiento de Emerson está bastante lejos del individualismo descrito y criticado por Tocqueville.  

       En el caso de Nietzsche, su así llamado individualismo tampoco puede ser inscrito en la definición de Tocqueville. Nietzsche no se aísla por comodidad, sino como una forma de disciplina intelectual para producir su trabajo y, como el mismo diría, como una forma de higiene para no irritarse por sus contemporáneos alemanes, a quienes sí podemos describir como individualistas al estilo Tocqueville.

       En ambos casos, de todas formas, sí hay un abandono de lo político y lo social. En el caso de Emerson puede ser más difícil verlo, ya que él como hombre sí tuvo una participación en los asuntos de su sociedad y, pese a que su pensamiento no fuera propiamente político, sí tuvo una influencia política fuerte en la sociedad norteamericana hasta hoy.

Sin embargo, sus escritos están dirigidos más bien a personas individuales. No hay en él ni un proyecto claro de sociedad ni un proyecto económico ni uno político. Sus ideas en History, Fate y en los dos ensayos titulados Wealth, queda claro que su optimismo progresista le hace pensar que es innecesario llevar a cabo una reflexión para mejorar o cambiar su sistema político, sino que piensa más bien que, si cada una de las personas o al menos aquellos hombres centrales son capaces de conectarse con la Oversoul y son capaces de entender el mundo y comportarse de acuerdo a lo que esta supra alma les dicta, el mundo acelerará su mejoramiento.

Acelerará y no que llevará a cabo, pues para él este mejoramiento siempre ocurre, aunque no podamos verlo y esto es, en Emerson, una fe, una fe ilustrada, dialéctica y «racional», pero una fe, al fin y al cabo. Su ejercicio dialéctico en que hace nacer la libertad del destino es una prueba casi teológica de esta fe metafísica en el progreso.

       Por su parte, Nietzsche no comparte esta fe. Para él todo aquello llamado progreso no es más que decadencia, sin embargo, esta decadencia llevará al nihilismo y este nihilismo, al completarse, creará las condiciones posibles para el surgimiento del superhombre, es por ello que Nietzsche dispara contra la moral, para acelerar también el proceso de su caída y la transvaloración de todos los valores.

       El acento en el individuo, más que considerarse propiamente individualismo, debiera ser nuevamente un tema de reflexión en el campo del pensamiento político y social. Los discursos políticos y sociales contemporáneos  coinciden en un diagnóstico desalentador: las democracias liberales están en crisis,  una pérdida de la libertad a través de diferentes formas de dominación, muchas de ellas más o menos inconscientes.

 Así como se vio la caída de los llamados socialismos reales, según muchos también asistimos a la caída de la democracia liberal, sin que haya ningún proyecto de reemplazo. El hombre aparece subyugado, muchas veces sin siquiera saberlo. La política se ha llamado biopolítica, en el sentido de que la dominación se ejerce ya no sobre las acciones, sino directamente sobre los cuerpos, llevando la dominación a nivel inconsciente usando criterios de normalidad y anormalidad.

Hardt y Negri en su libro Declaración han mostrado las últimas formas de dominación capitalista que ellos han llamado, en su libro previo Imperio, en las que a través de diversos mecanismos comunicacionales, monetarios y políticos se mantiene al hombre del presente en un estado de subyugación e inmovilizado políticamente. Estos mecanismos son cuatro, a saber:

       La mediatización conecta a los individuos unos a otros y los llena de información. Ya no hay secretos, pero tampoco hay intimidad. Así una persona bien puede estar viendo su Facebook en su lugar de trabajo, pero al mismo tiempo está conectado a su trabajo durante sus momentos de ocio. En esta jungla de información, no es capaz de discernir entre lo verdadero y lo falso, ni entre lo importante y lo accesorio de la información que recibe. Esto lo inmoviliza social y políticamente, o bien lo moviliza en direcciones erróneas como las teorías de conspiración o causas pseudocientíficas, como los antivacunas.

       El endeudamiento es otra de las formas de control. La deuda «disciplina» a la persona, inmovilizándola nuevamente para la acción política o para ejercer una verdadera resistencia: debe pagar sus deudas, no está para cuestiones que se hacen parecer superfluas.

       La secularización hace que el individuo ceda prerrogativas ciudadanas en pos de tener más seguridad en contra de una amenaza exagerada o simplemente imaginaria. En el caso de los Estados Unidos, esta amenaza es el terrorismo, la que permitió la instauración de la Patriot Act, que suprime algunos derechos ciudadanos en pos de la seguridad. Este mecanismo permite un mayor control social al estilo de la sociedad disciplinaria, pero la novedad consiste en que son los propios controlados quienes consienten en aceptar este control en pos de una mayor seguridad para sí mismos.

       Por último, está la representación. El gobierno continúa teniendo la apariencia de una democracia liberal, sin embargo, como ya se había explicado en Imperio los Estados no son más que una parte del dispositivo imperial, un dispositivo que está constituido por transnacionales, organizaciones internacionales, además de los Estados. Por otra parte, dados los costos de cualquier campaña electoral, aquellos candidatos que no son ricos deben solicitar dinero al capital, lo que les obliga a corromperse

       Todos estos diagnósticos son coincidentes en la medida que señalan una pérdida de libertad en los individuos que lleva necesariamente a una paralización política de la sociedad.

Ninguno de estos diagnósticos es, sin embargo, capaz de dar con una auténtica solución teórica o política de este problema. Es la ausencia de verdaderas soluciones a los problemas coincidentemente mostrados lo que nos ha llevado a autores tan alejados de la problemática social como lo son Nietzsche y Emerson. Más claramente en el caso de Emerson que en el de Nietzsche, todo problema social pasa por un problema ético. El norteamericano, si bien afirma que la democracia de su país es el sistema más acorde con sus tiempos, no niega la utilidad que puedan tener otros sistemas en otras culturas. Luego, como hemos visto, pese a la importancia que le asigna a la creación de riqueza y luego de defender tesis abiertamente liberales, cosa que ha llevado a que muchos neoliberales hayan querido hacer suyo su pensamiento, afirma que quizá el naciente socialismo no sea malo, en el sentido de poner la riqueza en manos de todos: la función de la riqueza es hacer crecer al hombre. Es el hombre en cuanto individuo, en cuanto cada uno de nosotros, el fin de la historia y solo él tiene los medios para hacerse con ella. Cierto es que Emerson defiende fervientemente una idea de progreso que, en este tiempo de decadencia de las libertades y los bienestares, es ingenua.

Un nuevo acento en el individuo puede ser una respuesta a la subyugación bio o psicopolítica: haciendo consciente los instrumentos de dominación y tomando consciencia de las cosas realmente valiosas, es posible que los individuos logren organizarse de nuevo. Se han pensado revoluciones y cambios sociales, pero, cuando los mecanismos de control operan dentro del propio individuo, quizá sea necesario dar la lucha en ese mismo campo de batalla. No pretendemos saber cómo ha de ser esa nueva lucha, sino tan solo llamar la atención a un proceso de dominación que ha logrado integrarse al cuerpo o a la psique –consciente e inconsciente– de cada uno de los individuos; han usado la moral del rebaño y el instinto de rebaño.

Así, por ejemplo, el miedo de la securitización de Hardt y Negri busca suspender el juicio para que las personas acepten medidas que sin ese miedo no serían aceptables. En esa suspensión del juicio, el individuo simplemente se conforma con las circunstancias, es decir cae en el criticado estado del conformismo de Emerson que ya describimos más arriba. Se adapta por miedo a una amenaza muchas veces ficticia o tremendamente exagerada.

La sola filosofía de Emerson, optimista y progresista, no parece demasiado útil cuando la fe en el progreso inexorable ha caído en el olvido y la idea de progreso subsiste acaso como una mera posibilidad que tal vez pueda alcanzarse como no. En este sentido nos aterriza Nietzsche: la mayoría de los individuos educados se transforman en «filisteos de la formación».

No se trata simplemente de crear consciencia, pues muchos individuos no lograrán generar una y, peor aún, creerán que sí la tienen, transformándose en seres canónicos que no harán más que aplicar reglas creyendo que con ellos son «tocados por las musas». Para Nietzsche se hace necesaria la superación de los valores ascéticos, que promueven el instinto de rebaño, el mismo que llevó a los alemanes a los que terminó despreciando a transformarse en burgueses. Nietzsche, producto de aquella Formación que le ha permitido precisamente ser el Nietzsche que conocemos, ha llegado a renegar de ella.

Con la experiencia dada por nuestra época, hemos visto hacerse realidad las profecías de Nietzsche, en el sentido de que el nihilismo como estado psicológico sí tiene lugar en las mentes de los hombres, pero no vemos todavía el nihilismo completado y creador.

Hemos visto como Nietzsche y Emerson dieron un lugar a la historia como formadora de individuos. Ellos no hacen mayor diferencia entre escritos históricos o historia, aunque en Nietzsche las diferencias entre historia monumental, anticuaria o crítica pueden homologarse a lo que se llama filosofías de la historia. Nietzsche no aprobaba ni el liberalismo ni el socialismo, mientras que Emerson apoyaba todos los sistemas en la medida que fueran manejados por individuos virtuosos que, a su vez, gobernaran sobre una sociedad de individuos igualmente virtuosos que hicieran, finalmente, superflua cualquier forma de Estado.

En ambos casos, el agente de cambio, de progreso, en el caso de Emerson o de superación de la primera fase de nihilismo, en el caso de Nietzsche, son individuos. En una época en que la dominación social se ejerce, ya sea mediante los mecanismos descritos por Hardt y Negri o aquellos descritos por Han, hacia los individuos, no parece descabellado pensar que las personas debieran volverse de nuevo hacia sí mismas, para entender cuáles son sus verdaderas necesidades y aprender, de los hechos del pasado, formas de liberarse primero de las cadenas que el nuevo «smart power» utiliza para controlarlos. Estas cadenas, como afirma Zizek, se parecen muchísimo a las cadenas que, en otros tiempos, ejerció la religión bajo las formas de culpa y redención. En el ejemplo de Starbucks, Zizek afirma que

«el excedente «cultural» es aquí explicado: el precio es más alto que en otros lugares ya que lo que realmente está comprando es la «ética de café», que incluye el cuidado por el medio ambiente, la responsabilidad social hacia los productores, además de un lugar en el que usted mismo puede participar en la vida en común (desde el principio, Starbucks presentó sus tiendas de café como un sucedáneo de la comunidad). Y si esto no es suficiente, si sus necesidades éticas están todavía insatisfechas y usted continúa preocupado por la miseria tercer mundo, entonces hay productos adicionales se pueden comprar».

El proceso se parece demasiado a la venta de indulgencias que alguna vez perpetró la iglesia y que llevó a la reforma protestante que es, según muchos, el antecedente directo del movimiento ilustrado, ya que fue el primer movimiento masivo de pensamiento crítico de la historia de occidente. La ilustración ha caído en un capitalismo que copia de alguna manera la estrategia de la religión, pero esta vez coadyuvada de los mecanismos propios de la era digital y de una mayor sofisticación en la comunicación. Emerson representa el último brote del optimismo ilustrado que fue capaz de desenmascarar a la religión y Nietzsche, por otro lado, representa como aquellos mecanismos propios de la dominación medieval –cristianismo– siguen presentes al tiempo que la ilustración defiende una misma moral, aunque ya sin un dios, reemplazándola, finalmente, por un ideario liberal o socialista, que para Nietzsche son lo mismo en cuanto que ambos son decadencia. Sabemos ahora que, tanto el ideal de la democracia liberal como aquel de la utopía socialista, han sido reemplazados por un individualismo que sí calza perfectamente con la definición de Tocqueville, con el agravante de haber sido llevado, por medio de nuevas técnicas de manipulación de la información, a una distopía consumista.

En esta distopía incluso el reposado ánimo individualista descrito por Tocqueville no alcanza siquiera su confortable reposo, puesto que es un individualismo que no se satisface ni con productos, ni con una sensación de seguridad ni aparentemente con nada más que con consumo y con los tratamientos para paliar la depresión con fármacos. Nietzsche y Emerson, pese a sus diferencias en la concepción de la historia y sus consecuentes diferencias políticas, nos recuerdan cómo es que la soledad reflexiva y el ánimo de autenticidad permiten a los individuos, o al menos a algunos individuos, liberarse de este tipo cadenas y tener una experiencia real del mundo.

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