«Ser cubano, J-11», ¿institucionalidad democrática para el Estado?

Por: Coloso de Rodas

Después de Ser y tiempo y los Cuadernos negros de Heidegger, (un modesto lector de más de 100 libros entre géneros literarios y científicos) el libro El Hombre, su naturaleza y su lugar en el mundo de Arnold Gehlen es la obra, en todo los sentidos, la más profunda y aprovechable del siglo XX, según su rendimiento intelectual filosófico y antropológico. Digamos, si queremos tener otra opinión sobre el por qué la dictadura totalitaria cubana lleva más de 60 años en el poder, es menester leer el libro de Gehlen. Sus más de 400 páginas (aun cuando la cubanología política y literaria no tiene idea de su existencia por ser un texto primordial de la antropología filosófica) equivalen a una compresión totalizadora de por qué el hombre es un ser noético, impedido, desarmado, deficitario.

Es decir que no está dotado por la naturaleza con órganos especializados capaces de adaptarse al medio ambiente. No tiene, como otros animales, órganos de ataque, de defensa o de huida. No está revestido de pelaje ni preparado para la intemperie, carece de alas para volar, etc. Frente a esta “falta de especialización” orgánica, el animal hombre se ve obligado, para sobrevivir, a devenir un ser cultural.

Lo cual significa que ante la imposibilidad orgánica de adaptarse al medio ambiente, debe crear un medio ambiente artificial que le permite producirse a sí mismo con relativa independencia del mundo orgánico. Así, pues, siendo el hombre un ser carencial por naturaleza, incapaz de adaptarse a ningún ambiente natural, debe fabricarse
una “segunda naturaleza”, un mundo artificial sustitutivo que compense su deficiente equipamiento orgánico.

Según Gehlen, a partir de este deficiente equipamiento orgánico el hombre y se ve en la imperiosa necesidad de institucionalizarse, crear una dependencia a la institución como técnica ante la monstruosidad del mundo. Ahora bien, que hubiera dicho Gehlen sobre el J-11 cubano. Sobre el por qué el cubano vive bajo el dominio de la tiranía y el totalitarismo, tal y como opinó sobre el mayo del 68 francés, el J-11 sería otros de los tantos movimientos de masas, que morfológicamente impedido para reproducirse libremente, optaría por la institucionalización, en este caso democrática, pero sin estar preparado para el combate cultural. El J-11 sería un movimiento contra la institucionalidad de la tiranía castrista, pero sujeta per se a la dependencia de otra institucionalidad, por supuesto democrática, pero para reclamar un estado deficitario de la condición humana. Todos los reclamos en este sentido no serían individuales, sino para la formación del Estado. El J-11 sería un ser para el Estado.

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