«Dar gracias» (los dioses volverán)

Por Coloso de Rodas

«Los desvíos son los caminos más directos para llegar al centro». A diferencia de Cioran, que prefería activar la venganza, Heidegger cree que pensar es dar las gracias. Desde los antiguos egipcios hasta la antigüedad europea, pasando por el cristianismo y el islam, para llegar finalmente al presente con referencias claras.

Para dar gracias – alguien a dicho– «Nos asombra la nueva eficacia de los residuos de los dioses porque durante mucho tiempo nos habíamos instalado en una situación mundial en la que había fructificado lo que Max Weber llamó el desencanto del mundo. A partir del siglo XVII, las ciencias naturales se imponen cada vez más. Y los recuerdos de la trascendencia fueron descartados como poesía del pensamiento por el pico tormentoso de los movimientos lógico-analíticos en los años 20».

La razón por la que las historias de los dioses vuelven a ser conmovedoras tiene que ver con el hecho de que, desde el siglo XIX, una sequía espiritual ha asolado a la humanidad. Y esto no se puede compensar sólo con palabras y entretenimiento. «Si no hay retorno de los dioses, entonces seguro que vuelve algún sacerdote, que tendrá el mejor nombre posible en su profesión como sacerdote sustituto del buen humor, para animar a una nación de prosaístas malhumorados y darles valor para enfrentarse a la vida».

Ya en el caso de los dioses egipcios hubo tendencias hacia un dios único en el famoso episodio de Akenatón. Y los judíos llevaron este experimento más allá. Al aplanar en una dimensión los enormes dioses de piedra que había frente a los templos de Egipto, trasladar los dioses a caracteres escritos y hacerlos transportables con el Arca de la Alianza, obtuvieron una especie de dios itinerante. Para la historia del monoteísmo, esto fue una ruptura inaudita: «Dios se volvió más y más móvil». Donde había una Biblia, él también estaba presente. Esta transformación desempeñó entonces un tremendo papel en la expansión del Islam hasta convertirse en un imperio mundial.

El motivo del Dios omnisciente existe desde hace 4000 años. A partir de esta idea, se ha desarrollado en la cultura occidental una psicoestructura que mantiene a las personas capaces de actuar mediante el control interno. Sin embargo, entre los chinos y muchos pueblos del Lejano Oriente suele faltar un mundo teológico superior. En lugar de altos dioses, tienen el emperador. Y así, el sistema de vigilancia intensiva actual es ampliamente aceptado en China. Puede entenderse como una forma externalizada de sustitución de la conciencia. Sin embargo, los post-religiosos de Occidente también prefieren ser intimidados en lugar de seguir su propia pauta.

Tanto en la historia como en el presente, la cuestión del miedo está en el centro de todas las consideraciones de la historia de la religión: «Ya de niño se entiende que el mundo es un espacio de sorpresa en el que todo es posible». Por eso el estoicismo -mantener la distancia con las cosas- se convirtió en la filosofía mundial por excelencia.

Incluso el romano Séneca comparó al hombre con un gladiador: sabe que no saldrá vivo de la arena de la existencia. Y sobre el Estado -en realidad el estoico general- el filósofo dijo con respecto a la Alemania actual: «Todos estamos hoy muy preocupados porque vemos ante nosotros un Estado en constante improvisación».

 Por último, los antiguos vínculos del individuo a través de la familia extensa o el vecindario también se han diluido considerablemente. – Todo esto reaviva la nostalgia por las afiliaciones del pasado, y por qué no una nueva forma de dar gracias.

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