Por Antonio Ramos Zúñiga
«De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Solo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria.«
Jorge Luis Borges
Parecer ser que el libro impreso, tal como se conoce desde Gutenberg, está por terminar. No es que ya tengamos un cadáver condenado, un cadáver sublime; su extinción, que durará años, es parte del inexorable tránsito hacia el futuro: la posmodernidad en su forma avasalladora. Gracias a los libros (la letra impresa y las láminas que cubrían las páginas mostrando lo desconocido), la globalización del conocimiento fue posible, la cultura cruzó mentalidades, razas, fronteras y llegó al cosmos. Los libros, con crudas verdades y fantasías, revelaron el mundo antiguo y horizontes inimaginables. Como arte de maravillar, los libros constituyen la gran construcción de la inteligencia, de la ilusión y de las “opciones de civilización”. El saber que generaron se volvió biblioteca, escuela, masividad, espíritu de la época, más allá del bien y el mal. El libro reinó sobre la estupidez y la mediocridad, derrotó la inquisición y los prejuicios. Entonces, un buen día, el ferrocarril sustituyó al caballo, llegó el teléfono, la radio, la TV, el cine, la computadora, el internet, la sociedad del espectáculo, el libro digital, nuevos placeres, otras necesidades, ya vamos por la robótica, la IA… Los desafíos que enfrenta el libro en la actualidad es la base de este corto escrito.
Leer cuesta caro y otras razones
Por siglos, millones de lectores compraron libros para educarse o por el placer de leer y soñar. El libro ha sido parte necesaria y útil de la vida hasta que hace unos cincuenta años más o menos, leer libros, especialmente novelas, comenzó a ser una distracción cuasi secundaria. La Biblia, el libro más leído de la historia, con más de siete billones de copias vendidas, hoy se regala porque ya no se vende. Lo mismo pasa con Don Quijote de la Mancha, que desde su publicación en 1605 ha rebasado ventas de 500 millones de ejemplares. Si alguien quiere saber qué está pasando, vaya a las librerías tradicionales de Bogotá, México, España, Estados Unidos, todas abarrotadas de títulos y vacías de compradores.
Los Festivales del Libro todavía captan público, pero los mirones no compran, ya sea por rechazo a los precios o porque escasean las novedades, generalmente es más de lo mismo, o será porque el presupuesto tiene otras preferencias como comprar un celular, una tableta, un reloj inteligente, un televisor panorámico, un robot para limpiar la casa, etc. Un amigo millenial que le encanta leer, me dijo: “Para qué gastar en un libro impreso si me sale más barato bajarlo de Amazon”. Otros dicen: “¿Para qué sirven los libros? Tengo a Discovery, Tik Tok, Netflix y Youtube”.
La caída del mercado del libro
“El 49,4% de los títulos disponibles en las librerías españolas vende cero ejemplares a lo largo de un año” (Fuente: Congreso de Librerías, 2026).
Las noticias del mercado del libro y la crisis en las editoriales han sido preocupantes hace años. No se puede decir que haya crisis terminal, pero las ventas siguen cayendo con considerables reducciones de ganancia. Los libreros venden poco, el libro ya no es un mercado rentable garantizado. La competencia online aumenta (Amazon, Apple Books, Googleplay, Kobo, IngramSpark, Barnes & Noble), pero estas compañías tampoco son ajenas a la abulia de los compradores. La venta de libros de bolsillo ha mermado. La tendencia es la compra de libros de segunda mano, de libros electrónicos baratos (ebooks) y está despuntando el gusto por el audiobook (audio-libro), tal vez esta sea una de las alternativas que favorezca la vitalidad libresca.
Según un post de Facebook, España había superado la crisis de ventas, porque las librerías estaban repletas de libros. No dice que de los más de 90,000 títulos que se editan al año en España, unos 29 títulos cada día, la mitad de los libros publicados no vende ni un solo ejemplar al año. “Hay títulos que no salen para vender, sino para ocupar sitio en las estanterías”. Dos grandes grupos editoriales, Planeta y Penguin Random House, se llevan la tajada del más del 40% de las copias vendidas en el país. El autor novel apenas recibe un 10% de ingresos sobre el precio de la venta y su vida se le hace cada vez más difícil, la competencia es despiadada (1). Mercados librescos tan poderosos como el estadounidense, el europeo y el japonés también han sentido los efectos de las bajas ventas, por mucha promoción que hagan. No se trata de la crisis económica, como algunos opinan, sino de que “hay menos tiempo para leer y más para divertirse”, me dijo una amiga, maestra de literatura.
En 2020 las ventas de libros físicos en Estados Unidos tuvieron un descenso histórico, le echaron la culpa al covid-19, mientras las ventas online seguían creciendo. Dos grandes mayoristas de bibliotecas se fueron a la bancarrota: Baker & Taylor y Diamond Comic Distribution. A pesar del caos que produjo la crisis de los mayoristas, más de 400 librerías independientes abrieron en muchas ciudades. La venta de libros mejoró en 2025, con compradores que dieron prioridad a los temas religiosos y la ficción para adultos. Las editoriales reportaron ganancias de 12.3 billones (2). Sin embargo, en 2026, malas noticias: el libro de bolsillo, que se vende en los supermercados, dio señales de desaparecer. “Estados Unidos se despide del libro de bolsillo de tirada masiva, dice un titular de un importante diario (3).
En el Reino Unido y Japón, aunque son países de muchos lectores, las librerías tampoco llenaron las expectativas comerciales, se produjo un declive de ventas y cierre de librerías. Para Japón, 2025 fue el año de la peor crisis del mercado de libros impresos, digitales y revistas desde 1975. Gran número de librerías cerraron en todo el país, el 69% de las tiendas reportaron pérdidas financieras. Por supuesto, la culpa no es de los libros, sino del alto costo de mantener operando una librería que apenas vende. Lo visible es que la crisis del mercado del libro tradicional en papel se ha estado generalizando, por tres razones fundamentales entrelazadas, entre otras: negocios sin compradores, lectores que buscan alternativas de precios más asequibles en el mercado digital y desapego de la cultura del libro a causa de las nuevas ofertas de la sociedad del espectáculo.
Otro ejemplo de la crisis libresca es el reciente anuncio del cierre de Ediciones Era, una de las más emblemáticas editoriales independientes mexicanas, fundada en 1960, operativa durante 66 años.
La casa editorial comunicó la decisión alegando las transformaciones del mercado del libro, la desaparición de librerías y la caída de sus ingresos (4). Imagino que otras editoriales harán lo mismo, hay una multitud de librerías en México, ya sin clientela, pero reacias a cerrar.
Esto que está pasando son señales del fin del libro tradicional, no del libro en sus otras modalidades. Siguiendo la opinión del finado escritor Mario Vargas Llosa, no creo que el libro de papel impreso desaparezca del todo (5), tal vez se venda en librerías elitistas, se convertirá en pieza de museo, las bibliotecas seguirán atesorándolo. Pero la cultura que los amaba y utilizaba está pasando de moda. Y tal como pasa con las antigüedades, los libros podrían volverse arqueología, leyendas, monumentos. No está lejano el día en que los pos -libros estarán contenidos en chips holográficos o en audio robots, un servicio que tampoco será gratis. Tal vez yo esté soñando, como lo hizo Julio Verne, o llorando antes del funeral.
No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe…
Ray Bradbury
NOTAS
(1) El País. https://elpais.com/expres/2026-04-12/la-mitad-de-los-libros-publicados-en-espana-no-vende-ni-un-ejemplar-al-ano.html
(2) Publishers Weekly. https://www.publishersweekly.com/pw/by-topic/industry-news/financial-reporting/article/101020-estimated-industry-sales-hit-32-5-billion-in-2025.html
(3) The Guardian. US says goodbye to the mass-market paperback.
(5) Para el empresario millonario Bill Gates la muerte del libro en papel será una lógica consecuencia de la nueva era ultra tecnológica, en vías de crear sus propios medios de conocimiento y de placer.
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