Por Héctor Rodríguez, PhD
Hoy visité el Museo de las Ciencias Navales de España.
Es conocido mi amor por los barcos: los pinto, construyo modelos en miniatura, y he hablado y expuesto sobre ellos en estas páginas. El museo es digno de visitar, pues ofrece una imagen histórica del desarrollo de la navegación, desde los primeros barcos fenicios hasta los transatlánticos y naves movidas por energía nuclear, incluyendo embarcaciones de superficie y sumergibles.
La historia allí representada está ligada a acontecimientos cruciales: el descubrimiento de América, el estrecho de Magallanes, el primer viaje de circunnavegación al planeta, y los numerosos conflictos bélicos que se desarrollaron en torno a los mares.
España, en su época dorada, fue una potencia mundial. Hoy, uno no puede evitar pensar en lo beneficioso que sería que los actuales dirigentes del país, enfrascados en luchas intestinas por el poder, aprendieran de esa grandeza para desarrollar al país en lugar de desgastarlo.
Observando estas historias, surge inevitablemente la pregunta: ¿favoreció realmente la Unión Europea a España, o, por el contrario, la ha retrasado? Quizá sea esta misma razón la que llevó a Inglaterra a abandonar la UE. Si consideramos ejemplos como el de Volkswagen, que producía 14 millones de autos al año y ahora enfrenta una crisis cercana a la quiebra, no es difícil verlo como un síntoma del fracaso económico europeo.
La UE, concebida para competir con Estados Unidos, ha terminado compitiendo entre sus propios miembros. Mientras tanto, Estados Unidos avanza porque su modelo favorece la autodeterminación en la toma de decisiones nacionales. La UE, en cambio, centraliza el poder, no para promover el desarrollo, sino para restringir libertades económicas y frenar el crecimiento.
El Foro de Davos, con su Agenda 2030, incluso ha llegado a sugerir que Estados Unidos debería perder su hegemonía mundial, como si esa fuera la única forma de que Europa sobresaliera. Están equivocados. Afortunadamente, Trump vuelve a estar en el juego político, defendiendo la inteligencia y la libertad económica.
Un ejemplo reciente lo ofrece BMW, que ha comenzado a desarrollar motores de hidrógeno, superiores a los eléctricos. Estos motores son menos contaminantes y más prácticos, ya que su único residuo es vapor de agua. Sin embargo, la Agenda 2030 parece empeñada en llenar el mundo de vehículos eléctricos, más contaminantes en su producción, menos autónomos, y con tiempos de recarga mucho mayores. ¿Permitirá la UE que se desarrolle esta competencia? Sería deseable que no interfirieran. Lamento decirlo por Elon Musk, pero el motor de hidrógeno es lo que el mundo necesita.
Volviendo al tema de los barcos, España, que alguna vez alcanzó una opulencia naval sin precedentes, parece haber retrasado su desarrollo al integrarse en la UE. Este modelo burocrático europeo ha llegado a su límite: no ofrece más éxitos y restringe a los países miembros en su capacidad de acción independiente.
¿Podrá España recuperar su pujante industria, aquella que floreció en las décadas centrales del siglo pasado? ¿Volverá a alcanzar el esplendor naval de siglos atrás? Lo dudo. La UE se ha convertido en una maquinaria gubernamental más burocrática que productiva, superando incluso a los antiguos regímenes socialistas de Europa Oriental. Sus dirigentes parecen más preocupados por mantener sus cómodos puestos y salarios que por fomentar la producción o el desarrollo económico.
El economista y presidente argentino Javier Milei lo expresa claramente: “Quienes producen riquezas son las empresas; los gobiernos solo frenan esa fuente de ingresos para los países”.
Un ejemplo histórico de dedicación e iniciativa empresarial lo encontramos en la Cuba colonial, que contribuyó significativamente al desarrollo de la ciencia naval española. Cuba llegó a desarrollar un sistema de aserraderos hidráulicos increíble, capaz de procesar una decena de troncos simultáneamente, como se muestra en una de las fotos del museo. Esta innovación tecnológica fue luego transferida a Bilbao, que se convirtió en el principal puerto de armadores de la Corona.
España tiene un vasto legado que merece ser rescatado y estudiado, pero para lograrlo, es necesario superar las limitaciones impuestas por las estructuras burocráticas actuales.
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