Por: Rafael Piñeiro López
THE PRESTIGE (2013) es la brutal historia de una venganza, o de muchas venganzas. Por cierto, toda la obra creativa de Christopher Nolan, un realizador maestro, gira precisamente en torno a ello, la venganza. Memento, la serie de Batman, Insomnia, Inception, varias de las mejores piezas realizadas e imaginadas en lo que va de siglo atestiguan su genio y fundamentan el cenit de sus preocupaciones. Nolan, que se caracteriza entre muchas otras virtudes por poseer un ejemplar manejo narrativo del timing, nos entretiene con este relato apasionante a más no poder.
Sin embargo, tropieza allí donde, por regla general, es imbatible: en el tranco final. Es tanta la explosión terminal de imponderables que la historia sufre y se resquebraja. Como diríamos nosotros los cubiches: ¡demasiado paquete en poco tiempo!
Eso sí, una de las mejores lecturas que puede hacerse de este filme y que trasciende es aquella “aseveración” muy marginal de que los poderosos suelen regir el mundo generalmente por las malas, a base de pescozones y empellones. Ese contrapunteo entre la sagacidad del siempre enigmático Nicole Tesla y el ambicioso y usurpador Thomas Edison es el ejemplo preciso. La historia, amigos míos, se escribe a expensas de quienes sobreviven. Y eso basta.
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