LPV (Listos para vencer) y el auténtico aburrimiento

Por: Galán Madruga

En mi ensayo Totalitarismo en Cuba: castrismo cultural y el último hombre (Ediciones Exodus, 2022) evoqué la idea (muy pocas veces ponderada) de que la Revolución de 1959 se sujeta a varias metáforas deportivas. El triunfo de Revolución, cuyo acontecimiento el nosotros colectivo se aburre (sin aburrimiento existencial no hay colectivo), y que decide poner fin a la Historia, necesita la administración del pueblo en la forma en que se dirige un equipo deportivo para pasatiempo nacional.

La Revolución no es un acontecimiento histórico, si, desde luego, acontece en un lugar y fecha, pero no es un acontecimiento para la historia. Es un acontecimiento de un fin de la historia, al menos de los victoriosos y los vencidos. Iría más lejos, la Revolución es el aburrimiento interior del espacio de la nación. De ahí que, el espacio aburrido se puede conquistarse deportivamente.

No se trata del aburrimiento cuando te aburres de comer todos los días arroz con frijoles: se trata del aburrimiento del tiempo, de no hacer historia, que discurre en el interior del nosotros. Un aburrimiento temporal que nos acompaña hasta hoy día, amortiguada por nuestra aptitud deportiva. De hecho, el deporte es la forma del esfuerzo que propiamente no va de nada y que sin embargo se utiliza para la reproducción del sentido para elevados y extremos requerimientos.

En el campo político participa a su modo en este giro hacia la deportización, ya sea en las formas del fair play democrático, ya sea en la figura de los nuevos tipos políticos de deporte serio, con los que se reclama una dictadura que vuelva a acuciar a los descargados. La idea de führer, comandante en jefe, conductor, es la idea de un entrenador que deportivamente va a dirigir y movilizar a los aburridos auténticamente.

¿Usted nunca estuvo LPV (Listos para vencer)? Entonces no fue ni cubano ni revolucionario auténtico. Entre 1961/68, antes de la gran ofensiva revolucionaria ondeaba en Cuba el espíritu del eslogan deportivo: ¡estoy LPV!, el gran fitness que convirtió inmediatamente el ditirambo revolucionario ideológico en una forma de manifestación popular.

Para estar en forma en Cuba durante los días de la efervescencia revolucionaria, la gente, el pueblo, el nosotros colectivo, había que ponerse LPV. ¿LPV frente a qué? Ante la revolución que se avecinaba. El pueblo había hallado la forma para cobijarse. La revolución había encontrado su agón (αγωνία) greco/romano. Escritores, intelectuales, artistas, músicos, maestros, trabajadores, deportistas, dirigentes LPV sucumbieron en la caída hacia adelante de la revolución, primero en el socialismo y finalmente en el castrismo.

¿El pueblo, el nosotros colectivo, sigue LPV? La consigna ha sido enterrada pero no olvidada. Persiste en el inconsciente. Suscita la incógnita de la pregunta: por qué el régimen cubano sigue incólume hacia adelante. Nada, ese pueblo, el nosotros, el auténtico aburrimiento, se aligera con la descarga LPV. Si vemos allí un nosotros aglomerarse y gritar estrambóticamente abajo el castrismo, constituye otra forma para continuar LPV.

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