LPV (Listos para vencer) y el auténtico aburrimiento

Por: Galán Madruga

En un ensayo titulado Totalitarismo en Cuba: castrismo cultural y el último hombre (Ediciones Exodus, 2017) se evoca la idea (muy pocas veces ponderada) de que la Revolución de 1959 se sujeta a varias metáforas deportivas. El triunfo de Revolución cuyo acontecimiento es el nosotros, colectivo que se aburre (sin aburrimiento existencial no hay colectivo) y que decide poner fin a la Historia, necesita la administración del pueblo en la forma como se dirige un equipo deportivo para pasatiempo nacional.

Batos L.P.V. Baseball Bat

La Revolución no es un ‘acontecimiento histórico’, si, desde luego, acontece en un lugar y fecha, pero no es un acontecimiento para la historia. Es un acontecimiento de un fin de la historia, al menos de los victoriosos y los vencidos. Iria más lejos, la Revolución es el aburrimiento interior del espacio habitado en una isla. De ahí que, el espacio aburrido haya de conquistarse deportivamente. No se trata del aburrimiento cuando te aburres de comer todos los días arroz con frijoles: se trata del aburrimiento del ‘tiempo‘, de no hacer historia, que discurre en el interior de nosotros. El ‘aburrimiento temporal‘ que nos acompañada hasta hoy día, amortiguada por nuestra aptitud deportiva. De hecho el deporte es la forma de esfuerzo que propiamente no va de nada y que sin embargo se utiliza para la reproducción del sentido para elevados y extremos requerimientos.

En el campo político participa a su modo en este giro hacia la deportización, ya sea en las formas del ‘fair play‘ democrático, ya sea en la figura de los nuevos tipos políticos de deporte serio, con los que se reclama una dictadura que vuelva a acuciar a los descargados. La idea de führer, comandante en jefe, conductor, es la idea de un ‘entrenador’ que deportivamente va a dirigir y movilizar a los aburridos auténticamente. ¿Usted nunca estuvo LPV (Listos para vencer)? Entonces no fue ni cubano ni revolucionario auténtico. Entre 1961/68, antes la gran ofensiva revolucionaria ondeaba en Cuba el espíritu del eslogan deportivo: ¡estoy LPV!, la gran fitness que convirtió inmediatamente al ditirambo revolucionario ideológico en una forma de manifestación popular.

Para estar en forma en Cuba durante los días de la efervescencia revolucionaria la gente, el pueblo, el nosotros, había que estar LPV. ¿LPV frente a qué? Ante la de la revolución que se avecinaba. El pueblo había hallado la «forma» para cobijarse. La revolución había encontrado su «agón» (αγωνία) greco/romano. Escritores, intelectuales, artistas, músicos, maestros, trabajadores, deportistas, dirigentes LPV sucumbieron en la caída hacia adelante de la revolución, el socialismo y el castrismo.

¿Hoy pueblo, nosotros, sigue LPV? La consigna ha sido enterrada pero no olvidada. Persiste en el inconsciente. Suscita la incógnita de la pregunta: por qué el régimen cubano sigue incólume hacia adelante. Nada, ese pueblo, él nosotros, el auténtico aburrimiento, se aligera con la descarga LPV. Que vemos allí un ‘nosotros’ aglomerarse y gritar estrambóticamente abajo el castrismo, es otra forma continúa LPV.

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