Joseph Beuys: «Hinter dem Knochen wird gezählt - Schmerzraum» (1983). CaixaForum, Barcelona

Joseph Beuys: «Hinter dem Knochen wird gezählt - Schmerzraum» (1983). CaixaForum, Barcelona

¿Qué es lo que se quiere ver en el arte? Un tremendo coñazo que no nos quitamos de encima el de este tipo

Por Gregorio Vigil-Escalera

Por comenzar por alguien que no tiene reparos en la lengua, nos retrotraemos a Platón cuando decía aquello de que «también hay que ejercer inspección entre los demás artistas e impedirles que copien la maldad, intemperancia, vileza o fealdad en sus imitaciones de seres vivos o en las edificaciones o en cualquier otro objeto de su arte; y al que no sea capaz de ello no se le dejará producir entre nosotros, para que no crezcan nuestros guardianes rodeados de imágenes del vicio».

Es el inicio del juicio moral o político entroncado después con toda la doctrina cristiana, hasta que Kant medió y subrayó que la bondad o maldad estéticas no tenían nada que ver con criterios morales o de interés. Lo bello por sí mismo era lo que definía el arte y viceversa, pues muestra precisamente su excelencia en el hecho de que describe como bellas aquellas cosas que en la naturaleza serían feas o desagradables. Aunque el agorero de Rilke predijese que era el comienzo de lo terrible.

Tal es la vinculación entre arte y belleza que hasta Hegel caracterizará su estética como una filosofía del arte bello. Incluso la belleza sublime, que se remontaba a un concepto aristoteliano, era la preferida de los románticos: deleitarse en la contemplación del dolor, de lo terrible, de la muerte. No obstante, con ellos se inicia el ocaso de la misma y hasta aparece una estética de lo feo explicada por Rosenkraz.

Y entonces viene Gadamar y nos conduce al concepto de verdad, con el que Heidegger anteriormente había teorizado y magnificado al afirmar que la obra de arte es aquélla en la que está obrando la verdad, concebida como la que desvela lo oculto y levanta un mundo. Por tanto, la belleza y la fealdad pertenecen al pasado y ni siquiera el sentido del gusto está cualificado. La experiencia estética, asegura Adorno, sólo es autónoma cuando rechaza el paladeo y el goce. La comprensión del contenido de verdad es la que postula la crítica. Nada se entiende si no se comprende su verdad o falta de verdad.

En conclusión, Usted, como espectador, está legitimado para interpretar como quiera. La vivencia puede venirle a través de la belleza, de la moralidad, de la verdad y del conocimiento. En función de cada una de estas vías de acercamiento haga lo que prefiera, puede utilizar unas, prescindir de otras, conjugarlas o compatibilizarlas, relacionarlas o conjuntarlas, pero ante todo apreciando ese algo llamado arte que no necesita una expresa determinación. Su concepto, señalaba Adorno, no puede definirse, está siempre en continua renovación.

Gregorio Vigil-Escalera
De las Asociaciones Internacional
y Española de Críticos de Arte (AICA/AECA)

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