«Serio divertimento», de Denis Fortún

Por Galán Madruga

Desde el primer contacto con Serio divertimento de Denis Fortún, publicado por NPE en 2016, se impone una reconfiguración del acto de lectura, no por un efecto de dificultad gratuita, sino por la manera en que el libro dispone sus materiales, pues el índice mismo delata una organización que no sigue un criterio temático convencional, sino que agrupa los poemas en bloques que operan como campos de experimentación del lenguaje, donde cada conjunto somete el verso a una presión distinta, lo estira, lo fragmenta o lo concentra, hasta situarlo en un punto en que su estabilidad resulta siempre provisional.

En la primera parte, titulada Páramo, el grupo de poemas no se organiza por afinidades evidentes de asunto, sino por una insistencia técnica que atraviesa textos como “Cautivo”, “Ley”, “Laudo incontinente en aduana”, “Atolón de rémoras” o “Confortante recurso”, donde el lenguaje aparece sometido a una presión constante que lo vuelve espeso, a ratos opaco, y donde la sintaxis se estira en frases largas que obligan a una lectura demorada, casi táctil, en la que cada encabalgamiento desplaza el sentido hacia un punto que nunca termina de fijarse. En “Ley”, por ejemplo, la secuencia “Cábala por pavoroso ensayo / ecuación de invariable recelo / dilema que se arropa de términos siendo / palabra ilegítima” no busca construir una imagen cerrada, sino exponer una cadena de conceptos que se contaminan entre sí, de modo que la palabra deja de ser vehículo para convertirse en materia conflictiva.

Ese mismo procedimiento reaparece en “Laudo incontinente en aduana”, donde la frase “la nostalgia no es credo cartográfico / ni la presumida puta del recuerdo” introduce un desplazamiento que desarma cualquier expectativa sentimental, y que al mismo tiempo inserta un registro coloquial en un contexto de alta densidad léxica, generando una fricción que define el tono de esta primera sección. El poema no se entrega a la evocación, más bien la desmonta, la pone en duda, la somete a un proceso de descomposición que se percibe también en la manera en que los versos se encadenan sin permitir un reposo claro.

En “Atolón de rémoras”, la imagen inicial “Una mujer negra / pregunta —desaforadamente— / quién es el tipo aquel / con cara de gusano” se abre hacia una serie de acciones colectivas donde “el gentío encubierto apuesta a litorales / el rebaño persigue / marcha / vocifera / comulga con su signo numerario”, y en ese movimiento el poema se convierte en un montaje de escenas que no se subordinan a un centro único, lo cual refuerza la idea de que el lenguaje opera por acumulación y no por síntesis. La repetición de “negra su linterna / negra ella / se me antoja Isla” introduce una identificación que no se explica, se impone por insistencia, por ritmo, por una cadencia que se construye a partir de la reiteración y el corte.

En “Confortante recurso”, dedicado a Armando de Armas, el tono se vuelve abiertamente satírico, y sin embargo la agresión no simplifica el poema, lo complejiza, ya que frases como “Los gatos de tu barba no respetan / que yo sueño / maúllan sin pudor contra mis barcos” desplazan la invectiva hacia una zona donde la imagen absurda convive con una estructura sintáctica rigurosa, de modo que el insulto se transforma en procedimiento, en ejercicio de lenguaje que no renuncia a la tensión formal.

Este primer conjunto de poemas construye así un espacio donde el verso libre adquiere una disciplina interna basada en el encabalgamiento, la acumulación y la mezcla de registros, lo cual produce una experiencia de lectura exigente, en la que el sentido no se ofrece de inmediato, sino que se despliega en capas que requieren atención sostenida.

La segunda parte, Derivaciones razonables intermezzo, agrupa una serie de poemas que, siguiendo el orden introducen una variación en la extensión y en el modo de construir el efecto poético, con textos numerados como “1”, “2”, “3”, “6” y “7”, junto a otros de mayor desarrollo como “Fábula sumaria”, “Acrobacia”, “Proyecto” o “Resolución”, donde la escritura se concentra sin perder intensidad, y donde el corte se vuelve un recurso central.

En el poema “2”, la afirmación “Aseguran que el Sol no existirá / dentro de cinco mil millones de años” se prolonga en una pregunta que introduce un registro inesperado, “¿Será confiable invertir en el negocio / de los espejuelos oscuros?”, y en ese desplazamiento el poema produce un efecto irónico que no se resuelve, se mantiene en suspensión, obligando a reconsiderar la relación entre saber científico y experiencia cotidiana. La brevedad no reduce la complejidad, la intensifica.

En “7”, la frase “Buscando evidencias en la ceniza del Pájaro / descubro la resurrección / en el rabo del Lagarto” condensa en pocas líneas un sistema de imágenes que remiten a una lógica simbólica que no se explica, se sugiere mediante la yuxtaposición de elementos que generan una resonancia interna. El poema funciona como un núcleo de sentido que no se expande, se concentra.

Sin embargo, en textos como “Fábula sumaria”, la extensión mayor permite observar cómo la acumulación se reconfigura en esta sección, ya que la figura de la mujer “que negocia brillos y artificios / que se dice equilibrada / que me sabe irresponsable” se construye a través de una serie de acciones y atributos que no terminan de fijar una identidad estable, mientras que la frase “mi boca entretanto al arrimo de sus muslos” introduce una dimensión corporal que se entrelaza con la ironía del relato, generando una tensión entre deseo y distancia que recorre todo el poema.

En “Acrobacia”, la idea de una felicidad entendida como “un propósito / utilitario / reducido a una invariable acrobacia / que no alcanzo a duplicar en estos versos” establece una relación directa entre forma y contenido, ya que el propio poema, con su alternancia de versos breves y largos, reproduce esa inestabilidad que describe. La técnica no ilustra la idea, la encarna en la disposición del texto.

El poema “Proyecto” amplía esta línea al introducir una serie de acciones que se despliegan en frases largas, “Relamer tus senos, miga de ceremonias y amuletos / adorando la fragilidad / que sudas cuando te fraccionas”, donde el lenguaje se vuelve casi enumerativo, pero mantiene una tensión interna que impide la dispersión total, de modo que la acumulación adquiere una dirección que no se cierra, se prolonga.

La tercera parte, Femme de Picasso, reúne un grupo de poemas donde la repetición se convierte en el eje dominante, y donde la frase “De qué sirve la requerida diligencia del remuerdo” se repite como un punto de partida que organiza cada variación, generando una estructura en la que el sentido se construye por insistencia. En este conjunto, el cuerpo y el deseo adquieren una centralidad que se expresa en frases largas, cargadas de imágenes, “si disfruto el vicio de confinar mi lengua / al arrimo de lo agrio / saborear la carne blanca de tus muslos”, donde el lenguaje se aproxima a una zona de intensidad que no se resuelve en una afirmación clara, se mantiene en tensión.

La repetición no refuerza una idea única, produce un desgaste que permite que cada nueva aparición de la frase inicial abra un matiz distinto, de modo que el poema avanza por variación más que por desarrollo. La relación con el cuerpo no se presenta de manera celebratoria, se articula en una dinámica donde el placer, la culpa y la transgresión conviven sin jerarquía evidente.

Si se observa el libro en su conjunto, siguiendo el orden del índice y atendiendo a la agrupación de los poemas en cada sección, se puede advertir una coherencia basada en la transformación de los procedimientos. Páramo trabaja la acumulación y la densidad, Derivaciones razonables intermezzo introduce la condensación y el corte, Femme de Picasso insiste en la repetición y la variación, de modo que cada parte no añade un tema, modifica el modo en que el lenguaje produce sentido.

El resultado es un libro donde el verso libre se sostiene sobre una disciplina interna que se percibe en la precisión de los encabalgamientos, en la selección léxica, en la disposición de los cortes, y donde la lectura exige una atención sostenida, ya que el sentido no se ofrece de manera inmediata, se despliega en un movimiento continuo que obliga a regresar sobre los textos, a releerlos, a seguir las conexiones que se establecen entre las distintas partes.

Serio divertimento no se deja reducir a una interpretación única, y en esa resistencia radica su potencia, en la capacidad de sostener un lenguaje que se pone a prueba en cada poema, que se tensa, se fragmenta y se reorganiza, produciendo una experiencia en la que la lectura se convierte en un ejercicio de seguimiento de esas operaciones, más que en la búsqueda de un significado fijo.

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