Screenshot

Prólogo de Julio Benítez al libro de cuentos «El artista del aire y otros relatos»

Por Ego de Kaska

He terminado la lectura de El artista del aire y otros relatos, obra que aparece bajo la autoría de Kukalambé. La impresión ha sido sorprendente. El autor se presenta por primera vez con un libro narrativo de cuentos y demuestra que el talento alcanza su verdadero valor cuando se manifiesta en una variedad de temas capaces de generar una dinámica de primer orden dentro de la narrativa cubana del siglo XXI, sumándose con notable maestría a la tradición del género.

La colección se abre con La muertera. Vitorina, la protagonista, encarna el misterio del vodú y las creencias en el más allá. Su caracterización está íntimamente ligada a las raíces guantanameras, tierra de muerteros, espiritistas y santeros. Este personaje es, sin duda, uno de los más logrados del libro. En él se perfila una definición de esas creencias atravesada por un aire de realismo mágico.

En Cuerpos deseantes nos enfrentamos a la escasez y a la ingeniosidad popular, retrato fiel de un mundo que el autor conoció de primera mano.

En San Benito el Crucero se disfruta un tránsito entre la memoria y el tiempo. Se trata de un relato que, en principio, parece anecdótico, pero que crece gracias a las comparaciones con hechos mayores. La memoria y el deseo —como señala el propio autor— aparecen como puntos reiterativos. Su constante, junto al espacio, se desarrolla con intensidad, y puede afirmarse que el texto logra describir magistralmente ese viaje interior.

En Los raros hay un guiño explícito a la semiótica. Se trata de un modo de narrar basado en el saber y en lo que realmente representa un archivo o una biblioteca. “A veces la memoria solo puede ser desclasificada por métodos menos… ortodoxos”, nos dice el narrador, con esa constante del libro en la que las sentencias juiciosas no solo cuentan, sino que agregan sabiduría y criterio a lo narrado.

Kukalambé, o su compilador, se sitúa en una perspectiva que recuerda a los filósofos que explican la historia desde una dimensión espacial. Algo de Bachelard parece resonar cuando se pregunta: “¿Qué era Cuba antes de ser Cuba?”. La memoria histórica y el espacio aparecen así como definiciones posibles de nación.

En Tiza roja encontramos un cuento que podría calificarse de subversivo, no porque se reduzca a una anécdota, sino porque se convierte en una declaración firme sobre el arte y su compromiso. Frente al miedo, la acción. De modo similar, en el relato que le sigue se afirma que Cuba debía asumirse como un sistema de disonancias, un coro que no busca armonía, sino convivencia, donde la contradicción no es un error, sino una propiedad estructural.

Quien haya vivido en Cuba reconocerá la trama del juicio y el absurdo que implica criar una vaca para que el gobierno disponga de ella como si fuera propia. Solo los habitantes de esa isla comprenden en toda su dimensión semejante paradoja.

Los cuentos están muy bien logrados porque la colección nos sitúa frente a un verdadero narrador. La continuidad temática —como ocurre en La muertera— se prolonga en relatos como La muerte en cuero y Bobito, textos ubicados en el espacio natural del compilador, que nos devuelven el misterio de las creencias populares de una ciudad que también es la mía.

En El mal de abrigo sobresale una clara resonancia kafkiana. En este cuento se utilizan arquetipos —el DTI, el revolucionario, entre otros— que confluyen en una narración bien construida, en clara correspondencia con el espíritu del autor checo.

El relato que da nombre a la colección, El artista del aire, se convierte en una recreación filosófica de lo absurdo, en una narración simbólica de la creación entendida como fuerza de cambio.

Este libro combina diversos estilos, sazonados con un abundante sentido filosófico, en el que el narrador se transforma en voz del pensamiento. La repetición de sentencias y los finales con moraleja, al modo de los cuentos tradicionales, se entrelazan con una escritura singular, muy propia de nuestra época. Leer esta colección es disfrutar un licor añejado: deja el sabor de lo bueno y la esperanza de que hay mucho más por venir de este autor.

Julio Benítez

Miami, noviembre, 2025

Total Page Visits: 1134 - Today Page Visits: 2