Lenier Mesa en el Vórtice de la Tormenta

Por Carlos Manuel Estefanía

«Yo lucharé, yo lucharé Si hay que morir, por mi Cuba, moriré Yo lucharé, yo lucharé Por la sangre de mi gente, cantaré Representando la música cubana Representando a los artistas Si hay que gritar: ¡Abajo! El régimen comunista (¡abajo!) Desde noventa millas Que se escuche en todos lados Si yo digo Díaz Canel Ustedes dicen: ¡Singao!
Fragmento de la canción de Lenier Mesa «SOS Cuba»

El Santa María Music Fest, celebrado entre el 17 y el 20 de agosto de 2023 en Cayo Santa María, se convirtió en un acontecimiento que trascendió la esfera cultural para adentrarse en el terreno político y social de Cuba. Anunciado como un evento que fusionaría música, arte y cultura, el festival generó controversia y debate en múltiples frentes, revelando complejas dinámicas y contradicciones en la realidad cubana actual.
Organizado por la empresa hotelera Gaviota Tours S.A., vinculada al conglomerado militar Gaesa, el festival tenía como objetivo transmitir un mensaje de unión entre los cubanos. Sin embargo, este enfoque quedó eclipsado por las disparidades evidentes en términos de acceso y precios, con notorias diferencias entre quienes pagaban en dólares y quienes lo hacían en moneda nacional.
La desorganización y los problemas relacionados con la reserva de habitaciones, el transporte y la atención al cliente se convirtieron en los focos principales de crítica. Videos virales mostraban a cubanos esperando transporte y lidiando con cuestiones logísticas, incluyendo la sobreventa de habitaciones en algunos hoteles.
La presencia del cantante cubano Lenier Mesa, en el entorno del evento, aunque no en el escenario, generó un debate adicional. Mesa, quien había declarado anteriormente que visitaría Cuba cuando el pueblo tuviera suficiente comida, asistió al Cayo junto a otros artistas, pero negó su participación en el Festival. Esta aparente contradicción suscitó críticas por parte de otros exponentes musicales y resultó en la cancelación de varias de sus presentaciones en Miami.
La reacción en las redes sociales también fue significativa. El influyente Alexander Otaola reveló detalles sobre el viaje de Mesa a Cuba, y el alcalde de Hialeah, Esteban Bovo Jr., excluyó al cantante de futuros eventos en la ciudad debido a su falta de solidaridad con la situación cubana.
Además, la cantante La Diosa aseguró que, si Mesa grabó con ella la canción antigubernamental «Cuba Primero», no por convicción en la lucha por la libertad en Cuba, sino para saldar deudas con el director del video. Esto aumentó las tensiones y controversias en torno a su participación en el evento.

El análisis de estos eventos nos lleva a reflexionar sobre varios puntos críticos:

1. La Doble Moral y las Presiones sobre los Artistas: La participación de Lenier Mesa y las contradicciones en sus declaraciones exponen los dilemas y presiones que los artistas enfrentan al navegar entre sus aspiraciones personales y las expectativas de la sociedad y la política. La controversia también destaca la importancia de la autenticidad y la coherencia en la expresión artística.
2. La Censura y la Libertad de Expresión: La censura, tanto gubernamental como social y económica, pone en tela de juicio la libertad de expresión y los límites de la creatividad artística. ¿Cómo pueden los artistas expresar sus ideas sin temor a represalias? ¿Qué papel juega la censura en la formación del discurso artístico y político?
3. Las Diferencias Sociales y Económicas: Las disparidades en los precios y el acceso al festival revelan profundas divisiones económicas en la sociedad cubana. ¿Cómo pueden los eventos culturales promover la inclusión y la diversidad en un contexto de desigualdades?
4. El Papel de la Cultura en la Política: El festival puso de manifiesto la intersección entre la cultura y la política. ¿Deberían los eventos culturales estar separados de las cuestiones políticas, o es inevitable su entrelazamiento? ¿Cómo pueden los artistas equilibrar su papel cultural con su responsabilidad social y política?
En definitiva, el Santa María Music Fest, originalmente concebido como un evento cultural y lucro, se convirtió en un punto de discusión en la comunidad cubana tanto en la isla como en la diáspora.

Aquí se presentan de manera problemática diferentes derechos y deberes que parecen contradecirse. Tenemos por ejemplo el debate sobre la pertinencia de romper el aislamiento cultural del pueblo cubano, aun cuando esto pueda favorecer económica y propagandísticamente a la dictadura opresora. También está en juego el derecho de un cubano opositor residente en el extranjero a regresar a la isla si su objetivo es reunirse con sus seres queridos.

Lo preocupante surge cuando una figura pública, como es el caso de Lenier, emite, gracia a la indiscreción de los teléfonos móviles, un mensaje que va más allá de una visita familiar, cuestionada en su realidad por muchos, exhibiendo ostensiblemente una diversión que socava el discurso sobre sufrimiento real de sus compatriotas en la isla. Esto es lo que Lenier ha hecho recientemente, siguiendo la senda de la aún más famosa Ana de Armas. Recordemos que en abril la actriz realizó una mediática visita Cuba, acompañada su pareja, Paul Boukadakis, vicepresidente de la aplicación de citas ‘Tinder’, que dio mucho que hablar, sobre todo dentro del exilio cubano.

No podemos terminar esta nota si destacar lo intrigante que resulta la extraña permisividad del régimen hacia este artista, permitiéndole la entrada a la isla. Esto hicieron las autoridades a pesar de que, por expresar ideas similares en canciones como «Cuba Primero» y «SOS Cuba» ambas interpretadas por Lenier, a otros se les han cerrado las puertas.

¿Se trataba acaso de hacerle una trampa al artista devenido en crítico del gobierno, de sembrar la manzana de la discordia en el exilio, usando incluso agentes para avivar la hoguera moral en que se incinera la fama del cantante, o de algo más? Es un tema que invita a la reflexión, ¿o no?

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