La literatura está en la calle

Por Simplicio Magno

Un estimado crítico y narrador conocido a fines de los 80s solía decir enfáticamente que la «literatura está en la calle». Todos los días, temprano en la mañana, salía de su casa al mercado a «buscar literatura». Y no estaba errado. Regresaba al mediodía a casa cargado de anécdotas pueblerinas. Era el arma secreta del escritor. Escribió varios relatos, novelas, libros de cuentos. Un día, justo antes de levantarse de la cama, Severo Sarduy le apareció en un sueño:

«Amigo –le susurró Severo al oído–, usted es ganador de dos premios literarios nacionales, basta y deje de acudir al mercado a buscar la materia prima literaria. La literatura no está en la calle. No pierdas el tiempo por ahí. La literatura es un acto sexual».

Al despertar del sueño, el escritor visualizó las palabras del ensoñador y comenzó a oír de repente pájaros cantar en la ventana. Suficiente para nunca más salir de casa y visitar el mercado. Desde entonces, se le hizo pertinente una idea: la literatura consiste en una forma de «tomar postura», donde anidan al menos 4 existenciarios, una «mesa», un «asiento», una «máquina» y dos «brazos».

La naturaleza y la técnica se juntan. Esta relación espacial de los existenciarios esenciales, Heidegger la nombró la poética del «comienzo apropiador». Kafka la resume según este acierto: «escribir forma parte de un sueño profundo, es decir, muerte, y da igual modo que un muerto no se le puede sacar de su tumba, a mi tampoco de mi escritorio durante la noche».

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