Con fuerza y maña remando, pues: cruzan fronteras los pícaros

Por Pedro Díaz Méndez

Finaliza el Lazarillo de Tormes las palabras del Prólogo que dirige a Vuestra merced, refiriéndose, en un discurso autorreflexivo, a «los que, siéndoles contraria la Fortuna, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto». Ante Vuestra merced, un personaje al parecer de alto rango dentro de la jerarquía eclesiástica, Lazarillo no solo intenta justificar su mezquina e inmoral actitud, sino narrar su autobiografía y, al hacerlo, construir su alegato en contra de la corrupción y de los males que corroen la sociedad peninsular en la que le tocó vivir.

Es cierto que no todos los descendientes literarios del personaje (los más o menos considerados «pícaros») han salido a buen puerto. Pero todos estos, desde inicios del siglo XIX hasta inicios de este nuestro siglo XXI, no pararon de merodear por senderos y urbes de ambos lados del gran charco, desde La Habana y San Juan hasta Madrid, Gran Canaria, y ahora tenemos Lazarillos, incluso, en Miami y en otras ciudades de la Unión Americana. Con mucha maña y favorable fortuna, nos han contado de sus andanzas y de los espacios (hoy uno de esos espacios es Facebook) por donde, «intentando arrimarse a los buenos», no siempre sacaron de ello provecho. Hoy, los Lazarillos de la oposición castrista se arriman a Uncle Sam con el cuento de la cultura y de la intelectualidad como arma de lucha, a fin de cobrar sus Grants. Esa novela está ya escrita, solo anda buscando un autor.  Acaso nuestro amigo La Máscara Negra se erija en ese importante rol. 

Pero volviendo al tema de la picaresca y del anti héroe por antonomasia, me estoy refiriendo, como acaban de escuchar, tan solo a los pícaros que dominan el español u otras lenguas de la Península Ibérica, y el dialecto cubano con su choteo tradicional. Dejando fuera a sus ancestros que hablaron en árabe, latín o alguna otra lengua eurasiática…). En realidad, intento, de algún modo y humildemente, homenajear a los pícaros del mundo a lo largo de la historia y de la geografía, sin ellos, los pícaros del mundo real, los pícaros de la literatura nunca hubieran adquirido vida. 

¿Qué les une, pues, a estos personajes eternos de la literatura y de la antropología, quienes, con un solo nombre, y siempre el mismo, a lo largo de los tiempos y de las tierras invocamos?

Sin duda, el pícaro proporciona al campo de las teorías de la historia literaria e investigación comparativa una de las más fascinantes vías de búsqueda, observación, y conceptualización. El estudio de la historiografía y crítica del género ofrece algunas evaluaciones que debo señalar, aunque de forma breve y sintética. Así, una parte importante de ese estudio histórico delimitó la presencia canónica del género a una época, una geografía, una lengua y una literatura bien precisas: respectivamente, desde mediados del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII, España, castellano, literatura española. Sin embargo, esa conceptualización ha cambiado; hay que seguir explorando y extendiendo el estudio hasta la presente era y, a su vez, los espacios marginados donde el género continúa desarrollando. 

A ello le correspondería un corpus riguroso y exhaustivamente enumerado que comprende cerca de una veintena de obras desde El Lazarillo de Tormes (1554) hasta La Vida y Hechos de Estebanillo González, hombre de buen humor (1646) y El criticón, cerca de diez años más tarde, con el Buscón de Quevedo, Guzmán de Alfarache, La Pícara Justina, etc., pero a todas estas obras habría que agregar las obras producidas en este lado del Atlántico. 

De hecho, a aquella producción que se creó a lo largo de casi cien años, desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII, cuando el imperio español comenzaba a entrar en una profunda decadencia sociopolítica y económica, habría que agregarle La Vida del escudero Marcos de Obregón, «Alonso, mozo de muchos amos», «Infortunios de Alonso Ramírez», «Lazarillo de ciegos caminantes», «Andanzas del buscón don Pablos por México y Filipinas», «El pícaro sigue al conquistador» y, próximamente, El Lazarillo de Miami y los Grants federales. Esa última obra anda buscando autor.  Vuelvo a repetir, la novela de por sí ya está escrita.  El personaje resume una serie de atributos que pudieran pertenecer a una legión de personas reales, no es necesariamente alguien en particular.

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