Dr. Alberto Luzárraga
Se ha formado el clásico ajiaco cubano, de tira primero y apunta después. Pero que el artículo de marras está puesto con intención, eso queda claro. También queda claro de que irritar al exilio no conviene políticamente. La gente está muy molesta con el artículo porque se lo creen como si fuera verdad y obviamente no es práctico desde un punto de vista electoral con noviembre a la vista, porque fácilmente puede costar varios escaños en la cámara y sabemos que a Trump no le sobran.
Es obvio que Raúl Castro plácidamente retirado en su finca robada figurando como patriarca no funciona porque, suponiendo que estén hablando de hacer elecciones, a su alrededor se va a formar un partido de sus elementos militares y otros que van a tener la organización y los fondos para si no ganan las elecciones, por lo menos sacar un % muy importante. Les conviene proponer ese asunto tranquilamente porque es un negocio rentable. Y digo rentable porque habrá muchos americanos y cubanos sinvergüenzas que con tal de invertir en Cuba a precio de liquidación, comprando casas y tierras les importará medio pepino quien mande y con quién se asocian con tal de que les den su ganancia. Y si son los mandones corruptos mejor porque deciden rápido toman su cuota y te dejan trabajar.
Esa es la desgraciada realidad que hay muchas mentes: “Cuba can be a hell of a real estate deal”. La gente reacciona y por instinto tal vez intuyen algo de lo que sigue que es aún más preocupante.
El “arreglo” venezolano y su relación con Cuba
En mi opinión, el arreglo existe porque tenían planeado lo de Irán hace tiempo, ya que sabemos que estas cuestiones militares se planean con gran antelación y era necesario controlar el petróleo de Venezuela si surgían dificultades en el estrecho de Ormuz.
Eso se logró de inmediato y, en mi opinión, no liquidaron ni a Cabello ni a Padrino, porque querían conservar el orden y que no hubiera pozos petroleros incendiados y refinerías destruidas, lo cual como sabemos, pasó en Kuwait y es un gran problema para arreglar, particularmente si otras partes del mundo están en crisis. De ahí sale la Delcy Rodríguez y comparsa. Me parece que esto explica un poco la lógica del asunto porque supongo optimistamente que nadie es tan tonto que va a creer que la pandilla de Al Capone se va a auto-regenerar tranquilamente porque existe una embajadora americana que les lee la cartilla de vez en cuando.
Replicarlo en el caso de Cuba no cabe, es totalmente diferente porque aunque no tenemos los recursos naturales de Venezuela, hay una emigración cubana competente con capital y con ganas de trabajar, y el problema de “Nation Building”¨, uno de los “hang ups” que tiene la inteligencia americana dadas las circunstancias cubanas en Estados Unidos, no es aplicable. Lo que sí es aplicable es que la pandilla cubana es más experta que la venezolana porque fue su maestro y también aplicables son las ambiciones de los tiburones inmorales que huelen sangre de presa herida y que pueden convertir a Cuba en una especie de Las Vegas tropical con un prostíbulo caro y eficiente (por ser exagerado), en vez de tener un gobierno que planee inteligentemente lo que Cuba puede ser: tremendo exportador de frutos y vegetales, que ya lo fue en la década de los 50, cuando ese negocio se estaba desarrollando y se logró que los inspectores agrícolas estuvieran en La Habana, cosa que nadie tenía en América Latina, maquila de todo tipo incluyendo la tecnológica, casas y repartos para retirados americanos, clínicas con servicios médicos estilo cubano, no con el seguro americano, industria farmacéutica de calidad que ya la había y… se pueden desarrollar tantas otras cosas aparte del turismo, negocio legítimo, que genera empleo y divisas, pero que dadas las circunstancias del mundo de hoy tiene tendencias a convertirse en pachanga organizada y fuente de corrupción si no se organiza y regula debidamente. Esto suponiendo que resulte ser la industria principal dominadora y no una de muchas.
El país que queremos
Ese no es el país que queremos pues puede existir uno próspero y organizado en una forma razonable y decente que dé oportunidad a la juventud de formarse en otras disciplinas, donde puedan aplicar sus conocimientos, en vez de de estar forzados exclusivamente a ser anfitriones complacientes de todas las malas crianzas por no decir vicios de muchos turistas, que no van a Cuba con las mejores intenciones. Lamentablemente, como sabemos, esa es la industria turística que ha fomentado el castrismo y que unida a la miseria ha rebajado la moral y la autoestima del cubano.
Cuba necesita regenerarse después de tantos años de mentira y de confusión y recobrar una verdadera autoestima basada en el trabajo y la competencia y habilidad de sus ciudadanos, que ha sido probada por muchos en el exilio y debemos volver a que exista en Cuba, pues lo que existió antes puede ser replicado, aunque sin duda, va a requerir gran esfuerzo para reparar el daño antropológico que se ha infligido a la población. Y un arreglo con los que han producido ese desastre solo va a prolongar la agonía del pueblo cubano.
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Sobre el autor
El doctor Alberto Luzárraga es Doctor en Derecho Civil (Summa Cum Laude) de la Universidad de Santo Tomás de Villanueva en La Habana. Cursó además la carrera de Ciencias Comerciales en la Universidad de la Habana y tiene una Maestría en Administración de Negocios (Magna Cum Laude) con especialidad en Finanzas de la Universidad de Miami en la Florida. Ha desempeñado diversos cargos en firmas de primera en New York. Su campo de especialización ha sido el de los mercados emergentes, en particular América Latina, donde ha tenido ocasión de intervenir como banquero, abogado e inversionista privado en una gama diversa de transacciones, que incluye desde transacciones de préstamos sindicados de gran importancia hasta colocaciones en Bolsa de inversiones relacionadas con la privatización de empresas estatales, así como inversiones en compañías privadas. Como CEO de Continental Bank International el Sr. Luzárraga tuvo oportunidad de experimentar como inversionista y abogado los procesos de transición de un Estado Centralista a una economía privada y de hacer uso de los sistemas jurídicos y Constitucionales que facilitaron esos cambios.