Por Miguel Calvo Santo
Man Ray adquirió un metrónomo a cuyo péndulo le añadió la fotografía recortada de un ojo.
Era el ojo de su ex, Lee Miller, que por lo visto le había roto el corazón.
El artista, siguiendo los pasos de su colega Marcel Duchamp, crea un readymade, que consiste en emplear objetos ordinarios (generalmente muy poco modificados) para convertirlos en obras de arte.
Man Ray dejó además unas instrucciones para el uso adecuado del objeto:
Coloca en el péndulo de un metrónomo el ojo de la persona amada a la que ya no volverás a ver.
Pon en marcha el metrónomo hasta el límite de tu resistencia.
Con un martillo, intenta destruirlo de un solo golpe.
Un ejercicio de destrucción dadaísta para recordarnos el poder hipnótico que el amor ejerce sobre nosotros, y que puede llegar a destruirnos.
24 años después, durante una exposición en París, un grupo de estudiantes (autodenominados «intelectuales nihilistas reaccionarios») siguió al pie de la letra las órdenes del autor y al grito de ¡Viva la poesía! destrozaron el metrónomo de Man Ray.
Con el dinero que le pagó el seguro, el artista compró otros 100 metrónomos para re-elaborar la obra en serie. Pero en esa ocasión los re-bautizó como «Objetos indestructibles», y hoy los podemos ver en museos de todo el mundo.
(CC) Miguel Calvo Santos, 27-07-2016
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