Edward Hopper. ‘Morning Sun’ (1952). Óleo sobre lienzo 71,4 x 101,9 cm. Colombus Museum of Art

Edward Hopper. ‘Morning Sun’ (1952). Óleo sobre lienzo 71,4 x 101,9 cm. Colombus Museum of Art

Arte y crisis

En la crisis que estamos atravesando, nos enfrentamos y sufrimos algo indecible, una suma insoportable a la que nadie le había dado nombre, ni siquiera ese más que es una advertencia. 

Falló lo que señalaba Juan Luis Rodríguez-Vigil, expresidente del Principado de Asturias, cuando exponía que lo definitorio del arte de estos dos últimos siglos es, precisamente, su carácter indicador de las tendencias que se ven luego en otros campos de la cultura y la sociedad, anticipadas en la obra artística gracias a la intuición y la sensibilidad de los creadores.

Sin embargo, el preludio de las circunstancias actuales brilló por su ausencia ante los ciudadanos espectadores y participantes. De una presencia artística que juega a ser fuente de múltiples escenarios y presencias, nos hurtó el de un acontecimiento que sobrevenía y nos dejaba con el aliento suspendido.

Por tanto, la obra de arte, en medio de esta conmoción que afecta a toda la sociedad en todos los aspectos y formas de vida, debería de expresar aquello que de otro modo no se podría expresar. 

Ella nos lo haría mirar desde la óptica de la comprensión, que es el ser del hombre (H.G.Gadamer), a través de esa vía de creación y de sus distintos significados. 

El fenómeno de la comprensión no sólo atraviesa todas las referencias humanas al mundo, sino que también tiene validez propia dentro de la ciencia, y se resiste a cualquier intento de transformarlo en un método científico (1999: 23). Más adelante amplía su argumentación al afirmar que: las ciencias del espíritu vienen a confluir con formas de la experiencia que quedan fuera de la ciencia: con la experiencia de la filosofía, con la del arte y con la de la misma historia. 

La reflexión de Gadamer sobre la hermenéutica parte de la conciencia de la universalidad del problema hermenéutico, la cual —se nos dice— va con sus preguntas por detrás de todas las formas de interés por la historia. Gadamer quiere destacar que este problema se presenta, inicialmente, en toda experiencia vital, pero se manifiesta de manera palmaria en el lenguaje.

Menos mal que ha existido un Edward Hopper (1882-1967) y su obra, porque gracias a él contemplaremos la dimensión de nuestra soledad, ensimismamiento y resignación que él hizo patentes y que ahora, mucho más ahora, se nos manifiesta tan actual y tangiblemente. 

El ser es comprender, y a partir de ese acercamiento al ser y su obra es intentar comprender desde él mismo que también tiene historia y destino.

Si lo que nos aterroriza de la muerte, según Milan Kundera, es la pérdida de nuestra capacidad de olvido, lo que hoy verdaderamente nos aterroriza es la pérdida del futuro, la suma de un futuro que se nos niega.

El futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. (Milan Kundera)

Por eso, hemos de dejar atrás al pasado, ése que nunca pudo ser lo que debería haber sido, y sepultarlo ante tanta desventura e ignominia.

Gregorio Vigil-Escalera 
De las Asociaciones Internacional y Española
de Críticos de Arte (AICA/AECA) 

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