Por Enid Vian Audivert
La arquitectura de la novela, su centro, lo ocupa el relato de una relación amorosa accidentada y recurrente; así como episodios circunstanciales de
las parejas de vida y eventuales del protagonista, sus encuentros con las ilusiones, los engaños y los desapegos. Todo ello descrito con un lenguaje cercano, natural, cálido, y un aliento de veracidad y realidad, que hace partícipe y cómplice al lector desde el inicio. Se complementa con elementos de la novela histórica, que describe y enjuicia, integrados perfectamente a la trama, momentos históricos reales, protestas, revueltas e incidentes, en espacios geográficos disímiles ̶ sobre todo Cuba y los Estados Unidos de Norteamérica ̶ , los cuales se engarzan según se producen los movimientos, en el espacio y el tiempo, de los personajes principales.
Es resaltable la minuciosa y colorida caracterización de sus personajes, el dibujo de sus peculiaridades psicológicas, modos de pensar y hacer, y hasta las singularidades regionales en el modo de hablar de algunos de ellos.
El desarrollo de la narración ̶ por lo vivencial que subyace en ella, sin ser exactamente fe de vida̶ hace un balance y una recreación entre ficción y autobiografía, estructurando el desarrollo de las peripecias de un modo casi cinematográfico.
Por su cubanía raigal, su amenidad, sus hermosas y variadas descripciones ambientales y el testimonio que se revela de la vida del emigrante ̶ sin pretensiones de innovaciones estructurales o estilísticas, pero con eficacia narrativa̶, tiene Adriano, el color de la diáspora (Ediciones Exodus) un lugar relevante en las letras escritas, en los últimos tiempos, por escritores de la diáspora cubana.