Por Blanca Caballero
EL CUENTO
¿Quién te dijo?
Yo lo sé.
Es verídico: no hay razón para dudar.
El señor que estuvo aquí,
con su aire de maldad,
con su cara severa, se puso a despotricar.
Llegó descabellado,
no razonó, no unió.
Todo el tiempo estuvo bravo.
Tomé sus palabras
y las guardé en un cajón.
Pero al escribir descabellado
confundí mi redacción.
Cambié una letra:
en vez de poner una e,
se me ocurrió poner una a.
Para completar el enredo, omití el des,
y quedó solo caballo…
y surgió la bestia en él.
MANO MAESTRA At the First Limpid Word (1923)
La mano se escapa
del cuerpo.
Busca
una bola de cuero.
Ella emerge
de una tabla
que se perdió en un naufragio
y la encontró un erudito.
Esa mano
no implora
ni acaricia:
solo busca
su destino.
Es
una mano maestra.
MIEDO EN LA ARENA
Con la boca torcida
digo miedo.
¿Cuál miedo?
¿Es el miedo a una hormiga
transitando su camino,
o a una mariposa
posándose en una flor?
No.
Es sencillamente miedo:
traje y bombín,
y un viejo lazo de pajarita
que camina en bucles
dejando un rastro de arena.
Es solo miedo
de dejar
una palabra inconclusa.
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