Por Joseph Harrison Flores
Soy Joseph Harrison Flores y según el Instituto de Cultura Puertorriqueña no soy puertorriqueño. Mi apellido norteamericano me excluye de la puertorriqueñidad oficial. No importa que haya nacido aquí, que mi familia sea de esta tierra, que hable español, que viva la experiencia puertorriqueña en toda su complejidad. Para el ICP, soy evidencia de una contaminación cultural que debe resistirse, no una manifestación legítima de lo que somos.
La Ley 89 de 1955 que establece el Instituto de Cultura Puertorriqueña cristaliza la exclusión y discrimina de manera legal. Desde su primera sección, la ley define al ICP como el organismo responsable de «conservar, promover, enriquecer y divulgar los valores culturales puertorriqueños.» Pero, ¿cuáles valores? La respuesta está en la composición de su Junta de Directores, tres miembros recomendados por el Ateneo Puertorriqueño, la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, y la Academia Puertorriqueña de la Historia. Estas instituciones, guardianas de lo hispano, definen desde 1955 qué es y qué no es cultura puertorriqueña. No existe un representante de lo Norteamericano. Desde 1955, el ICP ha operado como guardián de una puertorriqueñidad imaginada la cual es hispana, rural, folklórica y antiamericana. En este proyecto cultural, Estados Unidos solo existe como amenaza externa, nunca como parte constitutiva de nuestra realidad.
Esta definición excluyente tiene consecuencias. Los puertorriqueños con apellidos norteamericanos, coreanos, árabes o de cualquier otra procedencia que no encaje en el molde del ICP enfrentamos una disyuntiva. Renunciar a partes de nosotros mismos para encajar en la puertorriqueñidad oficial, o aceptar que, según las instituciones culturales del país, somos extranjeros en nuestra propia tierra.
La cultura puertorriqueña que el ICP preserva es mayormente la de antes de 1898, congelada en ámbar, protegida de la «contaminación» estadounidense. Pero la puertorriqueñidad viva, la que practicamos diariamente, es híbrida, contradictoria, profundamente marcada por más de un siglo de colonialismo estadounidense. Hablamos español mezclado de inglés. Comemos mofongo y tostones con mayo-kétchup. Se escucha el reggaetón que mezcla ritmos caribeños con hip hop estadounidense. Nuestra experiencia cultural no cabe en las categorías que el ICP ha institucionalizado.
Esta exclusión no es solo simbólica. Tiene consecuencias materiales. Los artistas que trabajan fuera de las tradiciones «puertorriqueñas» reconocidas tienen menos acceso a contrataciones en actividades culturales. Las expresiones culturales que reflejan nuestra experiencia estadounidense rara vez reciben apoyo institucional. El mensaje es claro, mientras más te alejes del modelo del ICP, menos puertorriqueño eres.
Peor aún, esta política cultural hace imposible examinar honestamente nuestras opciones políticas. Si la puertorriqueñidad auténtica es por definición anti-estadounidense, entonces la estadidad se convierte automáticamente en traición cultural. Si nuestra identidad se construye en oposición a Estados Unidos, cualquier acomodación o negociación dentro del marco colonial se interpreta como capitulación. El ICP no sólo define qué es cultura; define indirectamente qué posiciones políticas son culturalmente aceptables.
A 70 años de su fundación, el ICP debe confrontar su fracaso. Ha creado una puertorriqueñidad oficial que excluye a puertorriqueños. Ha protegido una cultura museo mientras ignora la cultura viva. Ha preservado un pasado selectivo mientras niega un presente complejo. Necesitamos instituciones culturales lo suficientemente honestas para reconocer que 127 años de relación con Estados Unidos nos transformaron irrevocablemente, y que esa transformación no nos hace menos puertorriqueños.
Soy Joseph Harrison Flores. Soy puertorriqueño y soy norteamericano. Mi apellido no me excluye de la identidad puertorriqueña, la enriquece con las contradicciones y complejidades que definen nuestra experiencia colonial. Y ninguna institución gubernamental tiene autoridad para decretar lo contrario.
Saludos
JHarrison