Por Rafael Vilches Proenza
Madrid, 2026
En la obra fotográfica de Andy Jesús Vilche Gallardo (Holguín, Cuba, 2005) se percibe, desde el primer encuentro, una rara madurez de mirada: no la del virtuosismo precoz ni la de la ambición discursiva impostada, sino la de quien ha comprendido que la fotografía, antes que un medio para decir, es un acto de escucha. Escucha del tiempo, de la materia, de la fragilidad humana. Su trabajo se sitúa en un territorio de contención y rigor donde cada imagen parece preguntarse si realmente merece existir.
La serie Del otro lado funciona como núcleo conceptual de esta práctica. En ella, Vilche se distancia deliberadamente de la narración explícita para adentrarse en una fenomenología de la imagen: luz, volumen, textura y silencio. El blanco y negro —lejos de cualquier nostalgia formal— actúa como una operación crítica: despoja a la escena de lo anecdótico y fuerza al espectador a enfrentarse a la arquitectura interna de la imagen, una abstracción de lo real donde el mundo cotidiano se convierte en materia plástica.
Obras como Oxígeno (2026), El paso del tiempo o Construyendo un sueño revelan una comprensión profunda de la fotografía como espacio de equilibrio. El encuadre no captura: ordena. La luz no ilumina: revela. Vilche trabaja desde una ética de la sobriedad, consciente de que la intensidad visual no proviene del exceso sino de la depuración. En este sentido, su trabajo dialoga con tradiciones europeas de la fotografía contemplativa y minimalista, pero sin perder la densidad afectiva propia del contexto cubano contemporáneo.
Cuando el cuerpo y la figura humana aparecen —Abuelo escoge el arroz, La espera, Si llega la luz, mi nena— lo hacen sin espectacularización ni dramatismo. Son presencias humildes, casi suspendidas, donde la intimidad se construye a partir del respeto. El fotógrafo no invade la escena: la acompaña. Esta distancia ética es uno de los rasgos más notables de su obra y la que le permite transitar, con solvencia, entre lo documental y lo poético sin caer en la ilustración ni en la estetización vacía de la precariedad.




Formalmente, la elección de impresiones pigmentadas sobre papel de fibra mate refuerza esta voluntad de permanencia y tactilidad. Cada imagen se presenta como objeto, no como mero soporte de información visual. El cuidado por el formato, la escala y la edición limitada subraya una concepción de la fotografía como obra pensada para durar, ajena a la lógica del consumo inmediato de imágenes.
En el contexto de Las dos orillas, la obra de Andy Jesús Vilche Gallardo actúa como un punto de inflexión generacional. Representa una fotografía joven que no grita, que no reclama atención mediante el impacto, sino que construye sentido desde el silencio y la precisión. Su trabajo no busca explicar el mundo, sino ofrecerle una forma posible de ser mirado.
Vilche no es únicamente una promesa emergente: es ya una voz consciente de sus herramientas y de sus límites. Y en ese conocimiento —raro, temprano y profundamente honesto— reside la verdadera potencia de su obra.
Andy Vilche Gallardo (Holguín, Cuba, 2005) es un fotógrafo y artista audiovisual cuya obra se inscribe en el ámbito de la fotografía contemporánea y la narrativa visual. Inició su formación artística a través de cursos y talleres de fotografía en Holguín y en La Habana, donde consolidó una base técnica y conceptual vinculada a la imagen como lenguaje crítico. Su búsqueda artística se centra en la exploración de la identidad, la memoria y la experiencia subjetiva, con especial atención al cuerpo, el entorno y las tensiones sociales de lo cotidiano. A través de una estética sobria y simbólica, su trabajo propone una lectura íntima y reflexiva de la realidad, situada entre lo documental y lo poético. Ha realizado exposiciones colectivas y personales en la ciudad de Holguín, afirmándose como una de las voces emergentes de la fotografía cubana contemporánea.