
Por Roberto Ruiz Rebo
Para entender este nuevo libro de fotografías de Marilín es necesario sacudirse los prejuicios. Aquí está la Cuba apartada de los lujosos bares, y los suntuosos supermercados que solo disfruta un puñado de gente en la isla; la Cuba que no aparece en las revistas ni en los noticieros locales, y tampoco en los catálogos propagandísticos de rumba, ron, mulatas y tabaco que venden las agencias turísticas por todo el orbe. Marilín se niega aceptar el edulcoramiento que, hasta ciertos exiliados cubanos, han conformado de manera febril en sus cabezas, y nos coloca ante el verdadero panorama que sufren hoy la mayoría de los habitantes de la que un día fuese llamada Perla del Caribe.
A través del abarcador ojo de su cámara, Marilín nos hace partícipe de una visita a Holguín, su ciudad natal, en febrero del dos mil veinticinco, y arremete desde la propia portada con una imagen donde aparece una joven pareja de vendedores que no tienen nada que vender y una frase provocadora: Esto no tiene nombre, título que nos adelanta su asombro ante todo lo absurdo que veremos en cada página.
Si en su primer volumen de fotos, la fotógrafa había prescindido del color, algo que suele hacer asiduamente en sus trabajos fotográficos, aquí lo utiliza como herramienta expresiva. De tal modo, aparecen de forma reiterada y alegórica, el rojo, el azul y el blanco para señalar el contexto o el espacio en que suceden las historias que nos cuenta cada una de las imágenes.
Si hubiese que demostrarle a alguien que todo arte es político, aquí tenemos la respuesta, porque, aunque no tengo claro si Marilín se planteó la denuncia, tampoco creo que a esta hora no esté consciente de que su libro es un documento acusador. Cada fotografía nos conmueve y nos hace una pregunta. ¿Hasta dónde tiene que llegar el estatus de miseria de la sociedad cubana, para que sus gobernantes, abandonen sus discursos patrioteros y se vayan del poder? Por eso ese título subversivo, Esto no tiene nombre.
En todo el recorrido fotográfico hay sarcasmo, burla, tristeza, rabia… No, no hay una risa en todo el trayecto que Marilin anduvo con el propósito de encontrarse algo diferente. Y como dice ella misma, estas fotos no representan a Cuba en su totalidad. Sin embargo, son el testimonio de lo que va quedando hoy en las calles en que otrora ella encontró un panorama diferente, en imágenes que guarda en las carpetas digitales de su computadora, y que al parecer pertenecen a un tiempo ya remoto.
Este nuevo libro de la fotógrafa cubana Marilin González-Zaldívar que ella nos presenta hoy con el provocador título de Esto no tiene nombre, se suma, y lo digo con todo el sentido que merece, a los cargos contra un gobierno, que por más de sesenta años ha hundido a su país en la más horrenda miseria en nombre de una ideología.