«El Mito Bayam» (una reseña de Lorenzo Reina)

Por Lorenzo Reina

San Salvador de Bayamo, la ciudad del oriente cubano, es el centro de este libro alrededor de la cual gira el estudio de la nacionalidad. Es necesario anotar que Bayamo o Bayam, un poblado de aborígenes ya existía antes de la llegada de los españoles en el 1513. Con esto en mente, Ángel Velázquez nos lleva de la mano en la interpretación del entorno, comunidad, masonería, historicismo y otras ramas y entidades de las ciencias sociales para argumentar esa amplia gama donde descansa su premisa de nuestro sentir cubano, esa etérea y elusiva expresión que nos define y que llevamos dentro, pero que no podemos con certitud concretar porque, citando al autor «la historia total es como un iceberg (témpano). Lo que se puede ver de él es como es una mínima parte de su totalidad. La mayor parte se halla sumergida en la profundidad del océano de la historia….»

Esta analogía sirve de introducción al contenido del ibro. Es importante señalar que Velázquez basa su análisis en Bayam, un mito, un sonido que puede ser un objeto real; un árbol del conocimiento existente en la zona del valle del Cauto, o el nombre de un cacique. Es interesante saber también que Bayamo es la cuna de la conciencia humana, la patria cubana per se, por dos razones básicas: Carlos Manuel de Céspedes liberó a sus esclavos, acto previo a la guerra de independencia del 1868, y la consecuente quema de la ciudad en 1869 por sus habitantes, para evitar su toma por parte de los españoles. Estos dos actos de rebeldía fundamentan mejor que nada, a mi entender, esa toma de conciencia que yace más allá del contexto empírico de la historia. Como bien resalta Callejas, el Grito de Yara tiene que tener una fundamentación que rebasa el discurso historiográfico y causal.

Carlos Manuel de Céspedes, con semejante acto de desprendimiento revolucionario en pos de una patria mejor, alcanzó la condición de hombre magno. Sin duda el ser incógnito, lo «que no se puede ver» o tal vez explicar, propició estos derroteros en la historia cubana. Dos escritores de talla internacional; los dos José: José Martí y José Lezama Lima esclarecen con sus obras y pensamientos las páginas de este gran ensayo. Y gracias a ellos es posible entender que nuestra cubanía, nacionalidad, pueblo o criollez es posible explicarla desde las perspectivas de lo que se desconoce, lo que yace en el subconsciente, «la no historia»; «el no ser»: quizá en el alto vuelo de la poesía, y lo que tal vez Martí descubrió momentos antes de su muerte, o Lezama no pudo elaborar por la interrupción imprevista de su doctrina, por un proceso revolucionario.

Interesante resulta la noción y las jerarquías de los cuerpos sutiles, aunque como lector, uno tiende a perder de vista el significado cuando se utiliza como referencia la doctrina kardeciana, y la interpretación de «saltos espirituales del hombre gallardo», en vez de reencarnación, tal como la conocemos, porque el espíritu «no se concreta en un cuerpo porque es fluido». Un tema sin duda fascinante.Sin entrar en conceptualizaciones socioculturales, ideológicas o elucubraciones que necesitarían de una reseña más extensa, El Mito Bayam es una lectura recomendada que cuenta con una excelente bibliografía para aquellos que quieran indagar profundamente sobre nuestra nacionalidad.

Personalmente, una de mis interrogantes antes de comenzar la lectura de este libro era, ¿qué estado de mente, percepción intelectual, espiritual y cultural durante la República, coadyuvó al advenimiento de un régimen totalitario en el 1959? La levedad, el vacío o tal vez las incongruencias del pensamiento de nuestros grandes hombres de las letras y el intelecto durante los primeros cincuenta años del siglo XX pudo haber sido una de las razones. O quizá la ineptitud de algunos en las altas esferas del poder de articular, formular o validar el sentido de la patria, de la esencia de nuestra cubanía o pueblo, tal como lo heredamos de la insurrección de Bayamo en 1868, pudo haber sido otra causa. Las razones pueden ser muchas. Tal vez nuestra insularidad sea el motivo de que no tengamos, con más de seis décadas de dictadura, un líder de la estatura internacional de un Lech Walesa, un Mandela, o Marthin Luther King, capaz de canalizar hacia una mayor audiencia nuestras aspiraciones y ansias de libertad.

¿Qué se perdió y no hemos podido recuperar de esa patria sentida de una manera innata, en el ámbito de conciencia, superior, a partir de la segunda mitad del siglo decimonono? Hay muchas otras variantes que necesitarían de un estudio pormenorizado. El libro está bien presentado, tanto desde el punto de vista del formato como el contenido.

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