Por: Armando de Armas
En mi obra Los naipes en el espejo, 2011, escribí algunas páginas dedicadas a dilucidar como el Espíritu epocal eleva a los más altos puestos de la esfera social, política y cultural a nulidades sin remedio que le rinden sin más sumisión -el caso cubano es patético en ese sentido- del mismo modo que convierte en nulidades a los más elevados ingenios de esa esfera mencionada que se le oponen. Al cabo de los años, leo ahora DOGMA Y RITUAL DE ALTA MAGIA, 1854, y me topo para mi sorpresa con este fragmento de su autor, el taumaturgo francés Eliphas Lévi, quien viene a confirmarme lo que pensaba al respecto:
«Todo entusiasmo propagado en una sociedad por consecuencias de comunicaciones y de prácticas convenidas, produce una corriente magnética y se conserva o se aumenta por la corriente. La acción de la corriente es arrastrar y exaltar a las personas impresionables y débiles, a las organizaciones nerviosas, a los temperamentos dispuestos al histerismo, o a las alucinaciones. Estas personas se hacen pronto poderosos vehículos de la fuerza mágica y proyectan con fuerza la luz astral en la misma dirección de la corriente; oponerse entonces alas manifestaciones de la fuerza, sería, de algún modo, combatir la fatalidad».
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