«Bird on money» de Jean-Michel Basquiat

«Bird on money» de Jean-Michel Basquiat

Dejen de interrogar al artista

Por Gregorio Vigil-Escalera

Horn es muy claro cuando advierte que los artistas no deben interesarse más que en lo que les interesa personalmente, es decir, en la exteriorización de sus propios deseos y necesidades. Lo cual, no obstante, les acarrea el someterse día tras día al inevitable rito de las pulsaciones del universo que les rodea (Odilon Redon).

Bien es cierto que las relaciones entre el artista y la sociedad son siempre ambiguas y problemáticas, porque le exigen un firme equilibrio entre libertad, creación y técnica o que siempre vaya más allá en las perspectivas, ideas, estilos, inquietudes, búsquedas y prácticas, hasta la consecución de unas obras que vivirán gracias a su visión personal (Ensor).

Y, sin embargo, para los analistas les resulta imposible que se deje, intencionadamente o no, en la penumbra aspectos de la obra —han de revelarse todas las entrañas de la misma—, por lo que arremeten excesivamente con todas sus armas a su disección desde un ángulo antropológico, histórico-social, ideológico, político, filosófico, psicológico o psicoanalítico, científico, cultural, racional o el estrictamente formal y estilístico. Si me queda alguno, es que todavía no ha llegado.

Debido a lo cual, el supuesto misterio de la realidad de la experiencia estética —factor esencial de la evolución humana— menosprecia desafortunadamente el enfoque enigmático o simplemente le dice que si quiere una verdad vaya a buscarla al burdel del tiempo o a una esquina sin farol que la apague.

En definitiva, que, con tantos derrames metodológicos, no sé si adherirme al principio de que la autenticidad propiamente dicha se manifiesta en la acción con que es afrontado ese mundo de las formas abastecedor de un espectro de posibilidades imaginativas.  

Gregorio Vigil-Escalera
De las Asociaciones Internacional 
y Española de Críticos de Arte (AICA/AECA)

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