El adoctrinamiento y  el dogmatismo, dos eslabones de una misma cadena

Por Dra. Mirta Casañas Díaz.

Desde los primeros años del triunfo de la Revolución cubana (1959), se inició un proceso de adoctrinamiento sistemático para convertir la ideología marxista-leninista en la predominante y la única oficialmente aceptada. Al incluirla en la Constitución,   también se incorporó el pensamiento martiano, pero paulatinamente este fue relegado en tanto el modelo de desarrollo social impuesto se alejaba cada vez más de la idea martiana de la República. De esta forma, además, se reconocía sólo al Partido Comunista, portador de esta ideología, limitando el libre pensamiento, la diversidad de opiniones y la democracia.

Para lograr este propósito se incorporó el estudio de esta ideología en todo el sistema de educación y se creó también un sistema de superación política paralelo. De esta forma se garantizaba el adoctrinamiento que dio lugar a un férreo dogmatismo. A continuación reseñamos algunos momentos significativos de este proceso.

Los estudios de la filosofía marxista leninista comenzaron en la década del sesenta  en Cuba. Fue un plan especial dirigido a formar profesores para los institutos superiores y universidades cubanas, porque las tres partes componentes del marxismo, siguiendo el criterio leninista[1]: el materialismo filosófico (dialéctico e histórico), la economía política y el comunismo científico, pasaron a ser asignaturas obligatorias en todos los programas de estudios de la educación superior como resultado de la declaración del carácter socialista de la Revolución (1961) y de la institucionalización de esta enseñanza con la Reforma Universitaria de la Univerisad de La Habana (1962). El éxodo de profesores universitarios, unido al incremento de las instituciones de educación superior en el país, requirió este empeño.

La selección se realizó entre los jóvenes universitarios matriculados en otras carreras, con resultados académicos elevados y dispuestos a contribuir a la educación del país, enseñando el marxismo-leninismo. La mayoría no había oído hablar de esta teoría, aunque la alusión al socialismo era ya frecuente y mucho menos se conocía la realidad de los países que la declaraban como su ideología.

Esta formación fue liderada primero por la Universidad de La Habana y la de Oriente, fundamentalmente durante los años sesenta; después, en la década del setenta, este lugar lo ocupó el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona de La Habana[2] al ocuparse de la formación específica de los profesores de Marxismo-Leninismo e Historia, mientras en las universidades se mantenían los estudios de filosofía e historia pero con un perfil más amplio.

En los primeros cursos de esta formación emergente, se contó con profesores soviéticos, especialistas de alto nivel, con el grado científico de doctor en ciencias; también actuaban como asesores de los profesores cubanos que compartían con ellos las actividades docentes. La asesoría soviética en los departamentos de universidades e institutos se mantuvo hasta el derrumbe del sistema socialista. 

El plan de estudios del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona de La Habana para la especialidad de Filosofía se conformó atendiendo a los siguientes contenidos.

Los estudios puramente filosóficos se dividieron en materialismo dialéctico, materialismo histórico e historia de la filosofía. Esta última ofrecía los hitos más significativos del pensamiento filosófico antes del surgimiento del marxismo para destacar su superioridad, en relación con la filosofía clásica alemana y el socialismo utópico considerados como  sus fuentes.   

De igual forma, en economía política se partía del análisis de la economía clásica inglesa, otra de las fuentes del marxismo, para demostrar cómo Marx, partiendo de la teoría del valor, construye la estructura del modo de producción capitalista, llegando a su esencia con la explicación de la plusvalía.

En la asignatura comunismo científico el énfasis estuvo en la evolución del movimiento obrero internacional hasta la Tercera Internacional fundada por Lenin (1919) después de la Revolución rusa, con el objetivo de lograr la revolución mundial e instaurar la dictadura del proletariado para alcanzar el comunismo.

En esta asignatura se destacó el papel de Lenin como continuador del marxismo en otras condiciones, al concebir el triunfo del socialismo en un país aislado, así como el papel del partido comunista en este empeño. En  este programa se analizó el papel de las masas populares en la historia y se realizó una fuerte crítica al culto de la personalidad, utilizando el ejemplo del estalinismo. El papel de la crítica y la autocrítica en los procesos sociales fue destacado como un proceso necesario para lograr la nueva sociedad socialista a la que se aspiraba.

Sin embargo, en la práctica del proceso revolucionario cubano, el culto a la personalidad de Fidel Castro fue un hecho y se ha pretendido sostener hasta después de su muerte, de igual forma el papel de la crítica fue disminuyendo en la medida que la convirtieron en un instrumento de los enemigos de la Revolución, ser crítico  era  de  desidentes, de traidores, de vendidos al Imperio Yanqui, había que aceptar lo decidido por la cúpula del poder y por  ello la democracia era una falacia. 

El programa de estudio incluía también las asignaturas de ética, estética, ateismo, lógica y pensamiento contemporáneo. Dentro de la última, el marxismo occidental fue  analizado como un proceso lógico de desarrollo del marxismo en otras condiciones[3]. Años más tarde, este contenido fue abordado desde una perspectiva más dogmática, y el sello del revisionismo opacó su alcance. El estudio del pensamiento marxista cubano y latinoamericano estuvo ausente en este plan de estudios.

Esta formación fue el primer paso de lo que vendría después. Se necesitaban profesores para adoctrinar a los futuros intelectuales, funcionarios y cuadros de dirección en todos los niveles, incluidas las organizaciones de masas y la población en general. En 1976 en la Constitución se precisó el carácter socialista del Estado cubano y el marxismo-leninismo como su base ideológica, lo que se mantuvo en la Constitución modificada  en 2019.

Ya para finales de los años 70, en todas las provincias del país se habían creado los Institutos Superiores Pedagógicos y se contaba con el plan de estudios de la Licenciatura en Educación Marxismo-Leninismo e Historia, donde los profesores formados en los cursos emergentes fueron en su mayoría los fundadores de los departamentos del mismo nombre. Sus egresados han impartido desde entonces los contenidos históricos y políticos en todos los niveles del sistema de educación; han sido los responsables de garantizar la formación política e ideológica del pueblo cubano, en correspondencia con la única ideología legitimizada. El estudio del pensamiento cubano y latinoamericano no se incluyó tampoco en esta licenciatura, ni siquiera los pensadores marxistas.

Por otra parte, ya desde el 2 de diciembre de 1960, se había creado el Sistema de Instrucción Revolucionaria, con el objetivo de elevar el nivel escolar de aquellos que ocupaban cargos de dirección en áreas estratégicas de la economía y de la política, por solo contar con el mérito de haber participado en la contienda revolucionaria. El   currículo estaba enfocado en la fusión de la formación académica técnica con una profunda carga ideológica marxista-leninista y nacionalista, ya desde entonces se aspiraba a formar al hombre nuevo, un revolucionario trabajador y disciplinado, incondicional a la patria y a la solidaridad internacional.

En 1961 se comienza a organizar las Escuelas de Instrucción Revolucionaria (EIR) con un objetivo similar: elevar el nivel cultural de los cuadros políticos. Se crearon en cada provincia y a nivel nacional la EIR Ñico López, estas sentaron las bases para crear después las llamadas Escuelas del Partido en cada municipio y en cada provincia[4] dirigidas por la Escuela Nacional del Partido Ñico López.

El papel de la Ñico López en la divulgación del marxismo-leninismo y del fidelismo ha sido significativo para crear la imagen de una revolución cubana victoriosa y en perenne enfretamiento con el Imperialismo Yanqui. Sus tentáculos se extendieron; en sus aulas se han preparado dirigentes de la izquierda, especialmente de América Latina y África; sus profesores han impartido clases en el desierto del Sáhara, en ciudades del Caribe, en las escuelas de los barrios de muchas naciones del tercer mundo. Ha mantenido vínculos académicos con sus homólogas de los países socialistas como China y Vietnam en un intercambio permanente de experiencias.

Los estudios en estas escuelas eran obligatorios para los militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas y del Partido Comunista; en estas condiciones, los manuales soviéticos fueron la fuente principal de estudio, porque facilitaban el aprendizaje en auditorios con diferentes niveles escolares de aprendizaje.

En Cuba, pertenecer a estas organizaciones era también condición para ocupar un puesto de confianza y hasta para acceder a determinados estudios en el país  o en el exterior. Era un círculo vicioso alimentado también por los privilegios que ofrecía ocupar un cargo de dirección. En una sociedad en la que se hablaba de igualitarismo, donde no se podía comprar libremente un carro, ni obtener una casa, ni pasar vacaciones en un hotel, esta responsabilidad daba esas posibilidades, así como otras de servicios médicos en hospitales especializados, compras en diplotiendas, etc. Estas prebendas dependían del nivel que se ocupara en los diferentes círculos del poder. Por eso la masa de militantes fue creciendo paulatinamente, no vinculada necesariamente a la asimilación estricta de su supuesta  ideología.

Si se tiene en cuenta que el marxismo-leninismo se impartía en todas las instituciones de la educación superior, en las escuelas politécnicas; en las escuelas formadoras de maestros, en la enseñanza general media y superior,  además en todo el sistema de las escuelas del Partido Comunista, el adoctrinamiento ha sido un hecho y con él la capacidad de discernir se fue limitando, lo que llegó a su extremo más vergonzoso con los actos de repudio; la expulsión de estudiantes y profesores de las universidades bajo el lema: La Universidad es para los revolucionarios y la censura en el ámbito de la cultura en sentido general.

Esta masividad fue un factor que contribuyó al uso de los manuales soviéticos[5], ya para entonces con un enfoque más stalinista que marxista-leninista porque priorizaban la interpretación de los clásicos en función del modelo soviético predominante en todo el campo socialista y que se ajustaba a la política educativa del Estado cubano, interesado en demostrar la posibilidad del triunfo del socialismo en un país pobre y justificar el poder absoluto de un partido para lograrlo. El dogma estalinista se ajustaba mejor a sus intereses que la dialéctica marxista. Y este último factor sí influyó decididamente en el debilitamiento del estudio del marxismo occidental, ya acuñado como revisionista, porque mostraba una interpretación diferente, menos dogmática e incluso crítica del estalinismo[6].

De toda esta formación lo que quedaba en el imaginario social eran tres ideas: el socialismo es el futuro, está a la vuelta de la esquina; un mundo mejor es posible y el que piensa diferente es el enemigo, es proimperialista.

Por esa razón, en la medida en que el fracaso del modelo cubano se fue haciendo evidente y se produjo la desintegración del campo socialista, el socialismo y con él la filosofía de su base, se transformaron en un discurso vacío sin ningún interés para la población cubana. El divorcio entre teoría y práctica era una realidad.

El pueblo cubano ha sido fidelista; su imagen pública, su oratoria, convencían y se consideraba el mesías que podía solucionar todos los problemas, el portavoz de la verdad absoluta. El marxismo, por el contrario, aunque se impuso como ideología a través del sistema de estudios creado, se interpretaba y se aceptaba a través del prisma de Fidel. Lo dicho por él era lo válido; el que lo cuestionaba pasaba a integrar el grupo de los incómodos, inconformes, auspiciados por el imperio en última instancia.

Este estilo de dirección autoritario imperaba en todas las estructuras del poder; el cuestionamiento te descalificaba a los ojos de los representantes de la verdad absoluta. El papel de la crítica y la autocrítica en los debates fue desapareciendo. De esta forma se fue conformando una burocracia parasitaria, mediocre, que por tal de recibir algunas prebendas, aceptaba, callaba o movía la cabeza afirmativamente, lo que he llamado la psicología de la tortuga.

En el primer Congreso del Partido celebrado en 1975, se precisó que el marxismo era la primera y única ideología científica y consecuentemente revolucionaria de la historia de la sociedad. Esta afirmación dogmática y antidialéctica, por lo tanto, ajena a la teoría marxista clásica, se repetería en la docencia donde se fue imponiendo la versión estalinista del marxismo-leninismo.

Fidel Castro, al presentar el informe central en este Congreso, admitió los errores y tendencias negativas de la revolución hasta ese momento, afirmando que se alejaban del socialismo. Este informe se debatió en las aulas; fue crítico y esperanzador, pero, en la práctica, a estos errores se sumaron otros y el socialismo quedó como la utopía de una generación. 

En mi opinión, el modelo impuesto al desarrollo económico fue un fracaso. La centralización de la propiedad en manos del estado; la eliminación de la iniciativa privada, fundamentalmente de los pequeños productores y prestadores de servicios; la poca efectividad de los planes lanzados por el gobierno que priorizaban un sector específico de la economía en detrimento de otros[7]; el desvío de recursos para apoyar la política internacionalista, como el apoyo a los movimientos de liberación en África y  los movimientos guerrilleros en América Latina; así como la dependencia del campo socialista[8], constituyeron algunos de los factores que han conducido a la crisis actual. 

Hay que considerar también que desde octubre de 1960 comenzaron las restricciones económicas impuestas por los Estados Unidos y posteriormente, en febrero de 1962, comenzó el embargo[9]. Indiscutiblemente ha sido un factor que ha incidido en el desarrollo de la economía cubana.

Las hostilidades mantenidas durante 64 años han sido un error político de ambas partes. El bloqueo, como se le llama en Cuba, es la fachada de todos los errores cometidos, la bandera que ha alzado Cuba para justificar el totalitarismo, el dogmatismo, la falta de democracia y la represión.  

En la teoría marxista, el socialismo advendría como resultado del desarrollo de las fuerzas productivas en correspondencia con relaciones de producción basadas en la propiedad social de los medios de producción, pero la propiedad social y estatal no son sinónimos: si el pueblo está ajeno a las decisiones, si el Estado decide, no hay propiedad social.

La teoría del socialismo no proponía un Estado autoritario, aunque por un periodo Marx consideró la necesidad de la dictadura del proletariado. Engels argumentó que el Estado desaparecía paulatinamente, en la medida en que la sociedad civil se fortalecía y jugaba un rol decisivo en la toma de decisiones. Tampoco defendieron la existencia de un solo partido y mucho menos considerarlo la fuerza superior de la sociedad.

La dialéctica del marxismo parte de las contradicciones como la fuente del desarrollo, en el plano de las ideas, esto está relacionado con la diversidad de opiniones, con la crítica, con el debate. El socialismo no puede ser  totalitario, por su esencia, debía ser democrático.

Por estas razones, el fracaso del modelo cubano no se lo adjudico al marxismo como tampoco al pensamiento martiano, aunque consta en la Constitución que estas son las bases ideológicas de ese modelo. El marxismo, como toda teoría filosófica, surgió en determinadas condiciones; muchos de sus postulados han perdido su vigencia, pero su dialéctica, en mi opinión, es válida para el análisis de la sociedad y es la antítesis del dogmatismo, el esquematismo y el totalitarismo. Los que se aferran al poder, sean de izquierda o de derecha, convierten en absolutas las verdades de su conveniencia, desarticulan la libertad de expresión, la democracia y forman una casta de adoradores burócratas pasivos por conveniencia.

Las palabras “socialismo y comunismo” se han convertido en algo diabólico, como resultado de las políticas desacertadas que condujeron al fracaso del sistema socialista; a la formación de estados totalitarios encabezados por un solo partido; a la creación de monarquías modernas, donde el poder se hereda por vínculos familiares; al surgimiento de una casta burocrática que se mantiene por largos períodos en el círculo estrecho del poder. En cualquiera de sus variantes, se ha valido de un fuerte aparato represivo para secuestrar la libertad y la democracia, hasta el extremo de sancionar el pensamiento divergente y convertir sus eslóganes de igualitarismo y defensa de la soberanía en verdades absolutas manipuladas a su antojo.

El adoctrinamiento fracasó en Cuba y lo demuestran las olas de migrantes a lo largo de estos años; el pueblo no quiere seguir esperando; los que callan lo hacen por miedo. El dogmatismo ha conducido al gobierno cubano a un callejón sin salida. La dialéctica se impone; llegará el cambio.

Notas y referencias bibliográficas.

1 V.I. Lenin en 1913 planteó esta estructura en su artículo “ Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo” y fue consolidada por Nikolai Bujarin en la Internacional

Comunista.

2 Los primeros Institutos Superiores Pedagógicos (ISP) en Cuba se crearon en mayo de 1964: el «Enrique José Varona» en La Habana, el «Félix Varela» en Santa Clara y el «Frank País» en Santiago de Cuba. En 1971 el ISP Enrique José Varona se consolidó como el centro formador de profesores de marxismo-leninismo.

3 El marxismo occidental comenzó a ser tildado de revisionista principalmente a partir de la décadas de 1920 y 1930. Se le consideró así por apartarse del materialismo dialéctico ortodoxo soviético, enfocándose en la cultura y la superestructura en lugar de la economía y la revolución. 

4 La creación de estas escuelas, como se conocen actualmente, fue un proceso entre 1970 y 1980.

5 Los manuales soviéticos más usados fueron: Breve Diccionario de Filosofía de M. Rosental y P. Iudin; Los Fundamentos de Filosofía Marxista-Leninista de F. Konstantínov;  el manual de marxismo-leninismo dirigido por O. Kuusinen y Historia de la Filosofía (colectivo dirigido por M. Iovchuk, M. Rosental, y I. Schipanov)

6 El marxismo occidental se distanció del modelo soviético, criticó al estalinismo por su abandono de la dialéctica que lo condujo al dogmatismo, al culto de la personalidad, a la represión y la burocratización del Estado. Dirigieron su atención  a la teoría crítica, la cultura y la alienación en las sociedades capitalistas avanzadas. 

7  Un ejemplo fue la idea de obtener 10 millones de toneladas de azúcar en la zafra del 70. En aras de lograr este objetivo, se desatendieron otras áreas que eran indispensables para garantizar una soberanía alimentaria, algo que nunca se ha logrado, siendo Cuba un país principalmente agrícola.

8 Desde 1972, Cuba se incorporó al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), concentrando la mayor parte de su comercio exterior con ellos y  recibiendo ayuda económica de la URSS y de los países del bloque socialista hasta la disolución del organismo en 1991.

9  El presidente John F. Kennedy firmó la Orden Ejecutiva 3447 para cortar casi todo el comercio tras la nacionalización de propiedades estadounidenses.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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