Por Coloso de Rodas
La presencia hoy de dos notables narradores, Félix Luis Viera y Sindo Pacheco, en la primera edición de la tertulia De la buena suerte, marcó un inicio luminoso para este nuevo espacio de diálogo y comunión literaria. Entrevistados por el coordinador del encuentro, ambos escritores ofrecieron una conversación lúcida, cálida y llena de matices, que superó todas las expectativas. Más de medio centenar de asistentes colmaron el recinto, atentos a las inteligentes preguntas de Juan Carlos Recio y a un debate que fluyó con la naturalidad de las buenas tertulias, donde la palabra se vuelve presencia y la literatura, un acto de complicidad.
Cada autor compartió fragmentos de su obra y reflexionó sobre las motivaciones que dan sentido a su escritura. Félix Luis Viera habló con gracia y hondura del componente erótico y amoroso que anima su poemario La patria es una naranja, mientras Sindo Pacheco destacó la vivencia como raíz del acto creativo, recordando que toda escritura auténtica nace de la vida misma.
El espacio Sentir Cubano, con su atmósfera poética y literaria, demostró ser el escenario ideal para este tipo de encuentros. En su ambiente se respira esa mezcla de arte, memoria y pertenencia que otorga a cada tertulia el sabor de una fiesta íntima, donde lo cubano se entrelaza con la palabra viva y la amistad intelectual.
Esta primera escena de la tertulia abre un camino prometedor y duradero para las futuras presentaciones de autores, escritores y artistas que mes tras mes irán sumando su voz a este foro de intercambio cultural. Al cierre del encuentro, el coordinador Juan Carlos Recio agradeció a los presentes por el entusiasmo y a Sentir Cubano por haber hecho posible el primer éxito de la tertulia. Anunció, además, que la próxima edición, dedicada a destacados decimistas, se celebrará el 8 de noviembre a las 2:00 p. m., continuando así el impulso de esta nueva tradición literaria.
La sobremesa final fue, como no podía ser de otro modo, una prolongación gozosa del espíritu del evento, pues los asistentes, entre copetines, licor y risas compartidas, disfrutaron de una conversación distendida donde la literatura siguió siendo el pretexto perfecto para celebrar la vida y la palabra.
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