Por Héctor A. Rodríguez, PhD
¿Será que la prensa liberal pretende confundirnos suavizando el concepto de comunismo?
Vladimir I. Lenin, autor de la primera revolución comunista de la historia, fue también el creador del terror social como política de Estado. Argumentaba que a los pueblos se les debía reprimir y aterrorizar para lograr un mejor control social. Esa práctica se extendió por todo el mundo: desde Europa oriental hasta el Caribe, los regímenes comunistas aplicaron medidas semejantes.
El entonces jefe del ejército oriental, Raúl Castro —destacado en el cuartel Moncada de Santiago de Cuba— ordenaba levantar a sus soldados en la madrugada para salir a matar santiagueros y así aterrorizar a las poblaciones orientales. Eso continuó hasta el día de hoy. En Estados Unidos, la prensa trata de utilizar un nuevo término para suavizar la verdadera palabra que caracteriza a estos políticos: comunistas.
El macartismo fue un episodio histórico en Estados Unidos (aproximadamente 1950–1956) caracterizado por una intensa persecución política, acusaciones infundadas de comunismo y traición, y la creación de listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas. El término, acuñado por el caricaturista Herbert Block, proviene del senador republicano Joseph McCarthy, quien lideró ese proceso de “caza de brujas”.
¿Qué es la falacia de McCarthy?
Es una variedad del argumento ad ignorantiam: consiste en sostener la verdad (o falsedad) de una proposición alegando que no existe prueba de lo contrario, o bien alegando la incapacidad o la negativa de un oponente a presentar pruebas convincentes. ¿A qué me recuerdan estos hechos? A mi modo de ver, al proceso seguido contra el candidato Donald Trump durante los últimos cuatro años.
El macartismo se originó en el contexto de la Guerra Fría y el temor a la influencia soviética y al espionaje en Estados Unidos. Joseph McCarthy y otros políticos usaron acusaciones de comunismo o de simpatía con el comunismo para atacar a personas en el gobierno, los medios de comunicación, el ejército y otras instituciones. Se realizaron interrogatorios y procesos irregulares, sin que en muchos casos se llegara a condenas por espionaje ni a la apertura de causas penales.
Características principales del macartismo
Esta etapa no se ha borrado de la mente de muchos norteamericanos nacidos en las últimas décadas del siglo pasado. Por eso la prensa intenta introducir en el imaginario público una nueva idea, denominada “radicalización”, que no es sino un eufemismo de comunismo. La ola de violencia desatada desde la llegada al poder de ciertos grupos es parte de esta etapa.
Las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba se restablecieron el 20 de julio de 2015, cuando se reabrieron las embajadas en ambas capitales, tras la decisión anunciada el 17 de diciembre de 2014 por Raúl Castro y Barack Obama de normalizar los vínculos.
Se reabrieron las embajadas de Estados Unidos en Cuba y la de Cuba en Estados Unidos. Estuvimos 54 años sin que los comunistas cubanos pisaran nuestro suelo. ¿Qué ha pasado desde entonces? Ha aumentado la penetración en las universidades a través de profesores que han venido de Cuba y de alumnos que, por intercambio, cursan postgrados allí. Han ido a Cuba numerosos estudiantes y profesores mediante el llamado intercambio académico, que —en mi opinión— no favorece a las instituciones norteamericanas y sí beneficia mucho a las cubanas. No hay que dudar de la captación de activistas políticos norteamericanos en favor del socialismo y del espionaje cubano contra nuestro país. En eso, los cubanos son expertos.
Cuba no tiene nada que enseñar en el terreno académico: el deterioro de la infraestructura y la falta de electricidad hacen imposible el uso correcto de laboratorios, equipos y aulas para investigación. Por el contrario, usan esa vía para la penetración y la desestabilización institucional, para el espionaje científico y político y, en opinión de algunos, para la destrucción moral de la juventud a través de la drogadicción como política de Estado —una política que, según se afirma, fue delineada por el liderazgo de la dictadura en la década de 1970 como medio para atacar al imperialismo cuando las armas no bastaban—. Esto habría permitido la entrada de droga a Estados Unidos a través de sus rutas marítimas, con un agravamiento tras el conocido “caso Ochoa”, que según algunos análisis ha provocado decenas de miles de muertes anuales por consumo de drogas.
Recientemente, una persona identificada como Baró convocó protestas aquí en Miami mientras cursaba estudios de postgrado en nuestra universidad. ¿Vino realmente a estudiar?
Se ha informado también sobre guerrilleos detectados en zonas montañosas y se conoce, con detalles, la supuesta penetración cubana en más de diez países del continente, desestabilizando regímenes y creando gobiernos autoritarios —como en Venezuela, Nicaragua y Bolivia—, y acercándose con intención a otros como México, que nunca cerró del todo sus puertas. Tras la reapertura de embajadas comenzó una ola de influencia: países de la región han visto ascensos de gobiernos afines al socialismo en distintos momentos, incluyendo Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela, Nicaragua, Honduras y Perú. Desde la era Obama hasta hoy, sostengo que se intenta lo mismo en Estados Unidos y Canadá.
¿Qué es el macartismo hoy?
A principios del siglo XXI, el término se usa de forma más amplia para describir acusaciones imprudentes e infundadas de traición y extremismo de izquierda, junto con ataques demagógicos al carácter y al patriotismo de adversarios políticos. Ejemplos de esta retórica, a mi juicio, los han exhibido miembros del Partido Demócrata en los últimos veinte años, especialmente desde la llegada de Obama y la acusación de colusión con Rusia contra algunos actores políticos, además del proceso seguido contra el expresidente Trump y su persecución como candidato presidencial.
¿Cómo era el estilo de vida americano?
El “American way of life” se apoya en la idea de que cualquier individuo puede mejorar su nivel de vida gracias a su voluntad, trabajo duro y talento. ¿Se mantiene eso hoy? Muchos creen que no. El “wokismo” de los liberales demócratas ha cambiado valores que estimábamos centrales: el amor, el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Políticas de inclusión, cambios de género, educación sexual y bibliografía para menores —según críticos— han separado al país de sus principios. Asimismo, la corrupción política aprovecha posiciones de poder para beneficios familiares y empresariales, y la politización de instituciones como Justicia, Educación, Defensa, FBI, CIA, CDC, FDA y otros organismos genera dudas sobre su imparcialidad.
Las falacias son razonamientos erróneos que aparentan solidez; presentadas con convicción, terminan por parecer hechos. Usadas deliberadamente, son deshonestas. Ese, a mi juicio, es el panorama del país hoy, antes de la llegada de Trump en su segundo mandato. Es difícil predecir si las ideas que rigen esta administración persistirán por años o si será posible sanar el país y recuperar el espíritu que nos caracterizó.
El desarrollo de técnicas políticas para eliminar adversarios por la vía violenta agudiza las contradicciones sociales y la gran división existente. Los asesinatos recientes, los intentos de asesinato contra líderes, los movimientos violentos que han quemado ciudades y destruido propiedad privada, y la emigración descontrolada —según los críticos, llena de delincuentes, enfermos mentales, drogadictos y violadores— reflejan, para muchos, el deterioro de la escena social. Para quienes lo sostienen, el Partido Demócrata es responsable de buena parte de esa fractura social.
Posibles acciones para “sanear” la sociedad
1. Según la fuerza alcanzada por el socialismo en Estados Unidos, una acción inmediata sería ilegalizar los partidos y organizaciones de izquierda. Es necesario, dicen algunos, aprobar una ley que prohíba el socialismo en Estados Unidos. No se trata de volver al macartismo en su sentido estricto —cazando brujas o haciendo listas negras—; la idea es que, al ilegalizar las organizaciones socialistas, sus miembros quedarían sujetos a la ley si continúan acciones que pasarían a ser ilícitas.
2. Otra medida sería expulsar al gobierno de Cuba de nuestro territorio. No necesitamos su presencia; volver a la tranquilidad pasada impediría su penetración en nuestras instituciones, sobre todo en las universidades.
3. Por último, seguir trabajando sin descanso en la “limpieza del pantano”: liberar los organismos centrales del Estado de la penetración y la politización, y volver al sueño americano poniendo a América primero para “hacerla grande de nuevo”.
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Héctor A. Rodríguez, PhD, es Ingeniero agrónomo-pecuario, especialista en desarrollo rural y analista de temas sociales y económicos. Ha trabajado en América Latina, Europa y Estados Unidos.
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