Por Blanca Caballero
Estoy detrás de la cortina. Hace tiempo no salgo a la calle. Mi único contacto con el exterior es esta ventana. Desde aquí puedo ver como los transeúntes pasan, los niños, los animales …todos tienen un fin.
Yo no lo tengo. No tengo a donde ir ni qué hacer si saliera de la habitación. Estoy aquí encerrado por mi voluntad. No quiero salir y encontrarme con el mar bullicioso de personas que inundan las calles. El olor a sudor, comida …me revuelven el estómago.
Prefiero mantenerme en la casa. Todas las semanas viene un amigo y me trae comida.
Estoy aquí, solo con mis monstruos pegajosos, que continuamente chillan e imponen su orden.
No recuerdo exactamente como empezó todo. Sólo sé que empezó. El no desear poner un pie más allá de la puerta. No pisar tierra extraña.
Entre la ventana y yo hay un acuerdo: no traspasar la puerta y no dejar de espiar.
Por parte de la ventana: permanecer abierta y mostrar el mundo.
Así, pasan los días, los meses… yo continuo con mi plan:
Observar lo que pasa afuera.
He visto cambios, algunos difícil de explicar. No tengo idea hacia dónde nos quieren llevar.
A veces entre el tumulto veo una figura diáfana, erguida que se escabulle entre las otras personas. No creo que hayan tenido consciencia de su presencia. Para ellos es una sombra, a pesar de que irradia una luz.
También he visto a una anciana con las manos rotas, y las mejillas como papel arrugado, acabado de tirar.
He visto a niños con las manos extendidas y con una venda en los ojos.
He visto a un hombre con su cuchillo en la mano, ensangrentado, gritando cosas que no entiendo.
En ocasiones debo voltear la cabeza y no seguir mirando. No obstante, no me mantengo firme y vuelvo a mirar.
He notado que mi ventana se está achicando. Cada día que pasa sus dimensiones cambian y mi campo visual se acorta.
No tengo idea de lo que sucederá.
No habrá testigo para cuando todo sucumba.
He comenzado a colocarle tensores para que no se achique.
Al otro día están rotos, partidos a la mitad. He insistido, aunque pienso que no hay solución inmediata.
Hoy me levante preocupado: ya lo que queda de la ventana es una pequeña hendija. Voy corriendo hacia ella. Llego …
y me encuentro totalmente en la oscuridad.
Mis manos, desesperadas, buscan afanosamente el lugar donde estaba mi ventana, solo siento una pared seca y fría.
El mundo ha terminado de cerrarse.
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