Introducción Crítica del «Marxismo Cultural»*

Por: Pedro Díaz Méndez

*Fragmentos de una investigación más larga sobre el «Marxismo cultural«

El término marxismo cultural, algo confuso y controvertido, ha estado en circulación durante más de cuarenta años. El marxismo cultural no es una teoría de conspiración ni una mera fantasmagoría de la derecha como muchos académicos argumentan, sino un programa intelectual coherente, una constelación de ideas peligrosas que han venido dando forma y programando el subconsciente colectivo de occidente con los fundamentos de la filosofía marxista.

A pesar de la desconcertante gama de controversias y significados que se le atribuyen, el marxismo cultural (el término y el movimiento) posee una historia profunda y compleja en Teoría. El vocablo «Teoría» (con una T mayúscula) funge a modo de encabezamiento general para la investigación dentro de las ramas interpretativas de las humanidades conocidas como estudios culturales y críticos, es decir, de la crítica y teoría literarias. Estas dos subramas incluyen una variedad de enfoques desde el lingüístico, pasando por el fenomenológico, y llegando hasta el psicoanalítico. En el mundo occidental, la teoría se enseña y aplica comúnmente en los departamentos de lenguas modernas, aunque su influencia es perceptible en todas las humanidades.

Una breve genealogía de diferentes escuelas de teoría, que originó fuera de los departamentos de idiomas modernos, entre filósofos y sociólogos, pero que se convirtió en parte de los planes de estudio centrales de los departamentos de idiomas, muestra no solo que el marxismo cultural es un fenómeno identificable y descriptible, sino también que prolifera más allá de la academia e inunda todas las esferas de la vida social.

Dado al hecho de que el comunismo mató a más de 100 millones de seres humanos, debemos discutir abierta y honestamente esas corrientes del marxismo que atraviesan diferentes modos de interpretación y escuelas de pensamiento. Además, para evitar la complicidad, debemos preguntarnos por qué las ideas marxistas, por enmascaradas que yazcan bajo el discurso académico, todavía, a la altura del siglo XXI, motivan a los catedráticos y extienden sus tentáculos hacia la cultura general.

Por ejemplo, el estructuralismo impregnó los círculos intelectuales franceses en la década de 1960. A través del estructuralismo, pensadores como Michel Foucault, Jacques Lacan, Julia Kristeva y Louis Althusser introdujeron la política de izquierda en el estudio de los textos literarios. El estructuralismo tiene sus raíces en la lingüística de Ferdinand de Saussure, un lingüista suizo que observó cómo los signos lingüísticos se diferencian dentro de un sistema de lenguaje. Cuando decimos o escribimos algo, lo hacemos de acuerdo con reglas y convenciones en las que también opera nuestra audiencia anticipada, o sea, la audiencia construye el discurso conjuntamente con nosotros. El orden implícito en el que usamos y nos comunicamos es la “estructura” a la que se refiere el estructuralismo. El antropólogo francés Claude Lévi-Strauss extendió las ideas de Saussure sobre el signo lingüístico a la cultura, argumentando que las creencias, valores y rasgos característicos de un grupo social funcionan de acuerdo con un conjunto de reglas tácitamente conocidas. Estas estructuras son «discurso», un término que abarca las normas culturales y no solo las prácticas del lenguaje. Del estructuralismo y el postestructuralismo surgió el marxismo estructural, una escuela de pensamiento vinculada a Althusser que analiza el papel del estado en la perpetuación del dominio de la clase dominante, los capitalistas. El estructuralismo es justo uno de tantos eslabones teóricos dentro de la genealogía del marxismo cultural, no incluimos todas las teorías relacionadas para abreviar este fragmento del ensayo….

En las décadas de 1930 y 1940, la Escuela de Frankfurt popularizó el tipo de trabajo generalmente etiquetado como «marxismo cultural». Las figuras involucradas o asociadas con esta escuela incluyen a Erich Fromm, Theodore Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse y Walter Benjamin. Estos hombres revisaron, reutilizaron y ampliaron el marxismo clásico enfatizando la cultura y la ideología, incorporando conocimientos de campos emergentes como el psicoanálisis e investigando el surgimiento de los medios de comunicación y la cultura de masas.

Insatisfechos con el determinismo económico y la coherencia ilusoria del materialismo histórico, y hastiados por los fracasos de los gobiernos socialista y comunista, estos pensadores reestructuraron las tácticas y premisas marxistas a su manera sin repudiar por completo los diseños o ambiciones marxistas.

A partir de las décadas de 1960 y 1970, académicos como Terry Eagleton y Fredric Jameson fueron explícitos al abrazar el marxismo. Rechazaron los enfoques de la Nueva Crítica que divorciaban la literatura de la cultura, enfatizando que la literatura reflejaba los intereses económicos y de clase, las estructuras sociales y políticas y el poder. En consecuencia, consideraron cómo los textos literarios reproducían (o socavaban) las estructuras y condiciones culturales o económicas.

Podría decirse que el filósofo esloveno Slavoj Zizek ha hecho más que cualquier miembro de la Escuela de Frankfurt para integrar el psicoanálisis en variantes marxistas. La erudición de Zizek ocupa un lugar prominente dentro de la crítica cultural que busca dar cuenta de las intersecciones entre el psicoanálisis y el marxismo. Los prolíficos escritos de Zizek sobre ideología, que revelan las relaciones entre el psicoanálisis y el marxismo, han alterado la forma en que se aborda y logra la crítica literaria y cultural en la medida en que la mayoría de los académicos ya no pueden aferrarse firmemente a la noción anterior de que los dos los campos están en desacuerdo. Zizek es sólo uno de los innumerables filósofos europeos cuyos pronósticos e inflexiones marxistas llaman la atención de los académicos de todo el mundo occidental.

El marxismo cultural no puede reducirse, por ejemplo, a la “corrección política” o a las famosas “políticas de identidad”. Sin embargo, el marxismo impregna la teoría y el discurso académico, a pesar de la competencia entre las varias ideas bajo esa amplia etiqueta. A veces, el marxismo es evidente por sí mismo; en otras ocasiones, es residual e implícito. En cualquier caso, ha alcanzado un carácter distinto, pero en evolución a medida que los expertos literarios han reelaborado el marxismo clásico para dar cuenta de la relación de la literatura y la cultura con la lucha de clases, el poder y el discurso.

El feminismo, los estudios de género, la teoría crítica de la raza, el post colonialismo, los estudios de la discapacidad, la justicia social, la equidad, la inclusión: estas y otras disciplinas pasan rutinariamente por uno o más de los paradigmas teóricos que he esbozado. Todos estos estudios tienen como guía fundamentos marxistas o adoptan términos y conceptos marxistas que se han expandido como pólvora a través del mundo occidental y forman parte de su diario vivir. Y en el futuro será la nueva religión del imperio globalista.

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