Dos Madrid: Jorge Migues

Dos Madrid: Jorge Migues

Entre el orden y la herida, Dos Madrid: Jorge Migues

Por Rafael Vilches Proenza 

Reconozco que es mi primer acercamiento al arte uruguayo. Mis aproximaciones a este país han sido literarias, con escritores publicados en Cuba y otros que fueron a refugiarse en mi patria huyendo de alguna dictadura, y otros que, huyendo de la dictadura cubana, encontraron refugio y abrigo en Uruguay. 

Mi acercamiento a la plástica uruguaya ha sido a través del encuentro con Jorge Migues en Galería Captaloona Art, que regenta y dirige el escritor y marchante italiano Claudio Florentini, y que me fuera presentado por el artista plástico y poeta mexicano Andrés del Collado.

La primera impresión es estar delante de un ser que gana el corazón con su sonrisa y su palabra, ahí se abre el mundo y todo en él son caminos de amor y cordialidad. 

Recorrer las paredes con esos cuerpos y rostros entre lo amorfo y metafórico, sombras negras con un fondo color cartucho de donde mana la luz que necesita la obra, te va iluminando y transportando de una obra a otra. 

No es el arquitecto quien va reflejando su pasado; ese diálogo entre dos seres femeninos que se dispersan o plantean discursos que pueden permanecer en el viento o en la memoria del artista.

Jorge Migues es un soñador que traza un pasado para poder transitar en paz y en calma los caminos y hacer puentes entre sus recuerdos, el presente y el futuro que le aguarda en la otra esquina o la otra orilla, para llevarnos de la mano con su poesía y la narrativa de un entorno que solo él conoce y que está en ese baúl que todos cargamos y del que muchas veces no pretendemos sacar sus sombras, y solo dejamos ver las luces o los claroscuros. 

A primera vista, en la serie Dos Madrid, sus Madrid, uno en Montevideo y otro en España, ¿o son los dos Madrides que no puede abandonar? 

¿Son acaso esas dos muchachas una invención del artista que lo salva del mundo que le ha tocado recorrer?

Su obra en conjunto enamora, subyuga, encandila; te miran desde la profundidad de un abismo o te dan la espalda para mirar a la lejanía un algo que no se te permite ver, ni siquiera imaginar. 

En ese mundo un tanto onírico solo entra el artista, y a ti solo te permite imaginar, reinventarte otras historias, fragmentos de tu propia existencia.

No hay representación; sus cuerpos no los puedes mirar como meros objetos, no. Hay en ellos otra dimensión de vida, de grandeza que no se puede ignorar, porque logran abrazarte y, si no escapas, eres abrasado por el relato que comienza a aflorar. 

Las invenciones de este arquitecto no te permiten dejar de soñar, a pesar de lo tenebroso que puede resultar su propuesta.

Con esta memoriografía, Jorge Migues se sigue labrando un camino entre los grandes nombres de América que trazan puentes entre continentes, con la solidez y maestría de un artista que solo se debe a sí mismo su tiempo.

Lo suyo es un regalo que va dejando en cada cuadro para enamorar al espectador y dar con contundencia en el ojo crítico, que logra someter bajo las historias disímiles de estas dos chicas, que a veces las funde en una o las confunde en un amasijo que nos parece una araña tejiendo otras emboscadas para reinventarse en el hecho sexual. 

El artista no ha podido, a pesar de los años transcurridos de esas historias que aún esclavizan su mente, despojarse de ellas, ¿o acaso esta historia es una remembranza de mi propia historia?

Estos dos seres, desde el plano místico y mítico, saltan para envolver al artista; él es esclavo de la memoria y es reflejo de un pasado que no deja de convivir en su día a día, siempre en una danza de dos; porque donde la figura es una, mira a la otra en algún punto, un horizonte imposible de descubrir.

Jorge Migues se mueve entre: arquitectura, pintura, dibujo, fotografía y técnicas mixtas combinadas. Graduado de arquitectura en la Universidad de la República Oriental del Uruguay, se formó artísticamente en talleres de reconocidos artistas como Clever Lara, Oscar Larroca, Virginia Patrone, Aldo Curto y Gerardo Acuña. Su obra no se adscribe a un solo dogma estilístico. Como parte de su desarrollo artístico, participó en pasantías y talleres en Montevideo, Buenos Aires, Barcelona, Alemania, y otras ciudades. 

Su obra forma parte de colecciones privadas e institucionales en varios países. Ejerce como docente universitario, impartiendo clases de dibujo y talleres en la Facultad de Arquitectura de la Universidad ORT Uruguay.

En Dos Madrid, las figuras nunca padecen la soledad; quizás el abandono, el deseo de encontrar a ese otro que se fue o quedó en el ayer, en una esquina, un café o mirando las aguas del Río de la Plata.

Hay en su obra limpieza y maestría, lo poético y narrativo que enamora. En esas pinturas espontáneas sobre papel kraft de color mate, gestuales, un mundo que solo el artista reconoce; escenas concretas vividas en el pasado que se reinventan para no olvidar, para que la memoria no le traicione; conversaciones que quedaron suspendidas por la vida, por las circunstancias. 

Su única atadura ahora es el pensamiento. Aquí la metáfora es su propio deambular por la existencia; hay en ellas dos fuerzas creativas que pujan entre sí contra la tensión interna, donde aparentemente se diluyen las formas, y el ojo inquisitivo hace que triunfe la silueta humana desde su visualidad antropológica hasta diluirla en lo abstracto, convirtiendo cada pieza en algo mágico, únicas y encandiladoras.


Rafael Vilches Proenza es pintor, escritor y poeta nacido en la provincia de Granma en Cuba.
Entre sus títulos destacan los poemarios Trazado en polvo, Pais de fondo, y Café amargo y novelas como Ángeles desamparados, Inquisición roja y Sálvame si puedes.

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