Lavinia Fontana. «Autorretrato en el estudio» Óleo sobre cobre, 1579

Lavinia Fontana. «Autorretrato en el estudio» Óleo sobre cobre, 1579

Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana: dos pioneras que reescribieron el Renacimiento

Por Sol de Rodela Ocoso

Durante siglos, la historia del arte narró el Renacimiento como un escenario exclusivamente masculino. Sin embargo, entre los pliegues de esa narrativa emergen figuras que desafiaron las normas de su tiempo y conquistaron un espacio propio en los talleres, las cortes y los círculos intelectuales europeos. Entre ellas destacan dos nombres que hoy recuperan el lugar que merecen: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana.

Sofonisba Anguissola: la mirada íntima del retrato renacentista

Nacida en Cremona hacia 1535, Sofonisba Anguissola creció en una familia noble que apostó por la educación de sus hijas, algo excepcional en el siglo XVI. Su formación con maestros locales y su talento precoz llamaron la atención de figuras como Giorgio Vasari, quien la elogió en sus Vidas.

Su estilo se caracteriza por una naturalidad sorprendente, una capacidad para captar gestos cotidianos y una sensibilidad psicológica que la distingue de sus contemporáneos. Obras como La partida de ajedrez muestran una escena familiar llena de vida, lejos de la rigidez habitual del retrato oficial.

La partida de ajedrez. (1555). Óleo sobre lienzo. 72 × 97 centímetros

En 1559 fue llamada a la corte de Felipe II, donde trabajó como pintora de cámara y dama de compañía de Isabel de Valois. Allí consolidó su prestigio internacional y se convirtió en un referente para generaciones posteriores.

Lavinia Fontana: la primera pintora profesional de Europa

Mientras Sofonisba triunfaba en la corte española, en Bolonia nacía en 1552 otra figura destinada a romper moldes: Lavinia Fontana. Hija del pintor Prospero Fontana, Lavinia no solo heredó el oficio, sino que lo transformó. Fue una de las primeras mujeres en Europa que ejerció la pintura como profesión remunerada, gestionando encargos, clientes y un taller propio.

Su obra destaca por un detalle minucioso, especialmente en los retratos de la nobleza boloñesa y romana, donde los tejidos, joyas y objetos hablan tanto como los rostros. Además, fue pionera en abordar desnudos femeninos en gran formato, algo prácticamente vetado a las mujeres de su época.

Noli me tangere (1581, Galería de los Uffizi)

Su éxito en Roma, donde trabajó para la curia y para familias influyentes, consolidó su reputación como una de las grandes maestras del manierismo tardío.

Dos trayectorias paralelas, un mismo desafío

Aunque nunca se conocieron, Sofonisba y Lavinia compartieron un destino común: abrirse paso en un mundo que no estaba pensado para ellas. Ambas demostraron que el talento no entiende de género y que la creatividad puede florecer incluso en contextos adversos.

Sus carreras también revelan dos modelos distintos de éxito femenino en el arte renacentista:

  • Sofonisba, integrada en la corte, desarrolló un estilo íntimo y psicológico.
  • Lavinia, como profesional independiente, construyó una carrera sólida en el mercado artístico.

Un legado que hoy vuelve a brillar

En los últimos años, museos y estudios académicos han recuperado sus obras, devolviéndoles la visibilidad que merecen. Exposiciones como Historia de dos pintoras (2019) del Museo del Prado han permitido redescubrir su aportación y comprender mejor la complejidad del Renacimiento.

Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana no fueron excepciones aisladas, sino pioneras que abrieron caminos. Su legado nos invita a mirar la historia del arte con una perspectiva más amplia, más justa y, sobre todo, más humana.

Sofonisba Anguissola. Autorretrato ante el caballete (1556)

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