ITALO CALVINO: LOS LIBROS DE LOS OTROS. Correspondencia (1947-1981)

Por Waldo González López

«[… ] la mayor parte del tiempo de mi vida la he dedicado a los libros de los otros. Y me alegro de ello […]»

                                              Italo Calvino

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El título de estas Notas al margen es el que diera a su volumen homónimo, el narrador, ensayista, editor y periodista Ítalo Calvino (1923‒1985), del que apareciera este importante libro en 2023, a propósito de su Centenario, por la Colección Calvino de la Editorial Siruela.         

   Traducida del italiano por la inseparable amiga, luego pareja y finalmente viuda de Julio Cortazar, Aurora Bernárdez (hija del poeta argentino Francisco Luis Bernárdez), con sendas Notas de Carlos Fruttero y de Giovanni Tesio, para la edición italiana original, Los libros de los otros Correspondencia (1947-1981), evidencia la muy valiosa labor creadora del relevante narrador, ensayista y periodista italiano que casualmente naciera en un peculiar poblado cubano: Santiago de las Vegas, de donde sus padres los llevarían a Italia, cuando tenía solo dos años.

   El intelectual ―que tanto aportara a la literatura de su patria― publicaría 39 volúmenes de narrativa, ensayo, crónica, traducción y correspondencia. Entre otros libros, recuerdo dos de sus célebres novelas que lo darían a conocer en la Cuba de 1968, por la Colección Cocuyo de la Editorial Arte y Literatura: El vizconde desmedido y El barón rampante, obras que aquel entonces joven de 22 años ―que ahora escribe esta crónica―, evoca cuanto las disfrutara por su carácter invencionero y distintivo en las letras de la patria de Dante y Boccaccio. Del segundo, por cierto, Calvino reflejaría su válido e imaginero influjo en ambas novelas.   

    Su cálido epistolario, ante todo, ofrece una visión personal de la vida literaria italiana de su tiempo, sin excluir la suya propia, en la que se aprecia su rigurosa y doble faceta de editor-crítico: evalúa manuscritos, mantiene fraternos debates intelectuales y refleja el panorama de su época, con honradez, respeto y sencillez a toda prueba, como con la rara/necesaria ¡ay, modestia!, tan útil, pero rara virtud en ciertos escritores… ¿o excretores? que conozco…

   El ideario de Italo Calvino sería respaldado por su pensamiento y su conducta, tal se evidenciaría a lo largo de su existencia y su relevante labor creadora, como escritor, ensayista, crítico literario y editor, conjunto de tareas por las que devendría una de las más destacadas figuras de las letras de su patria y Europa. Y es un libro cenital, entre otros méritos, por el alto nivel cultural e histórico, de su brillante autor, quien,  durante los ’40s, integrara el movimiento de los partisani de la Resistencia [que buscaban concientizar a la población contra el fascismo y, a partir de 1943, contra el nazismo].

   Su carácter lo sustentarían varias particularidades: honestidad, rigor, modestia y autocrítica, como su temprano vínculo con la izquierda y seguidor del teórico marxistapolítico, sociólogo, y fundador del Partido Comunista italiano Antonio Gramsci [1981-1937], cuyos aportes influirían en el quehacer político de Calvino.

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   Durante casi cuatro décadas, entre 1947 y 1981, laboraría como editor en la prestigiosa Editorial Einaudi, donde revisara y editara las primeras obras de muchos de sus colegas coterráneos, entre ellos, muchos que también descollaran en el panorama literario de su patria.

   A pesar de que no gustaba ser llamado editor ―tal asevera al lector en la Nota Introductoria su colegamigo Carlo Fruttero―, Calvino lo era como pocos.

   En tal sentido, confieso que respeto la profesión de editor, pues  fueron editados varios de mis libros de poesía, crítica y antologías por los mejores editores a lo largo de mi extensa/intensa vida literaria, sino que tuve y tengo la suerte de convivir con mi editora personal, ensayista, investigadora y, por supuesto, esposa durante la friolera de 49 años, quien ha editado en Cuba, Miami, Colombia y Alemania, la mayoría de mis libros: Mayra del Carmen Hernández Menéndez.

   El subtítulo [Correspondencia 1947―1981] es una tentadora invitación a sumergirse en su amplio contenido, donde se incluyen 308 cartas seleccionadas de las más de cinco mil que componen el corpus de los archivos de la editorial Einaudi, plausible labor que evidencia la intensa/extensa colaboración del creador con la prestigiosa casa editora, y reúne cartas del gran fabulador, en las que retrata su no menos brillante faceta de editor en esa institución durante la posguerra.

   Por solo mencionar varios autores que él aupara ―muchos publicados, leídos en Cuba por este infatigable lector-cronista― está en primer lugar, el poeta y narrador Cesare Pavese, a quien mucho admirara Calvino y por cuya gestión laborara en Einaudi[m1] . Así, editaría la poesía inédita de Pavese, como su relevante cuaderno Lavorare stanca (Trabajar cansa) y el último: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Asimismo, demostraría su preferencia por la poesía pavesiana en una entrevista del 1º. de enero de 1956, aparecida en el quincenario Il Caffè, donde corroborara su admiración por el gran narrador y poeta de esta suerte: «Creo que Pavese es el más importante, complejo, denso escritor italiano de nuestro tiempo. Cualquiera que sea el problema que uno se plantee, es imposible no remitirse a él, como literato y como escritor.»                                  

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   Sería decisiva la influencia de Gramsci en el llamado Marxismo Cultural, pues no pocos de sus enunciados se deben a él, tales: hegemonía cultural, bloque hegemónico y posmodernismo en la sociedad de consumo; pero el narrador, tras el conocimiento de su obra, y en los años finales de labor en Einaudi, iría cambiando su posición inicial y, entre otros aspectos, criticaría su hasta entonces admirada y siempre esquemática literatura del por fortuna ya desaparecido “campo socialista”. .  

   Un ejemplo evidente de su decepción de la izquierda y el marxismo, es la respuesta al envío que le hiciera a su colega, el  también narrador Leonardo Sciascia sobre su cuento «La muerte de Stalin», incluido en su volumen: Los tíos de Sicilia, en el que remarca su estilo irónico, satírico y la mordacidad, elementos con los que evidencia su desconexión entre la ideología comunista idealizada y la dura realidad de una Sicilia empobrecida y supersticiosa, tras la Segunda Guerra Mundial, mostrando la devoción casi religiosa de los campesinos, impuesta en la entonces URSS por  el criminal Iosef Stalin.

   Tal en los ‘80s aconteciera con varios realizadores y actores cubanos, ya en la Italia de los ‘40s y ‘50s, llegarían los excesos de la «fiebre brechtiana», exaltación de las pautas teatrales del dramaturgo alemán comunista Bertolt Brecht, por lo que Calvino confesaría a su amigo, el director de cine, dramaturgo, crítico teatral y ensayista Gerardo Guerrieri: «…de Brecht estamos todos hasta las narices»

   Y en un posdata a otra carta, dirigida a su colegamigo Sciascia, le pregunta si ya leyó el singular volumen de Robert Musil: El hombre sin atributos ―escrito a partir de un esbozo del también novelista de Las tribulaciones del estudiante Törlees (El hombre… lo publicaría Einaudi en dos volúmenes (1930-1943)―, como el ensayo Sobre la estupidez, volumen que hoy debía ser reeditado y leído por no pocos escritores.

   Entre los más jóvenes, escogería a Carlo Cassola y Giorgio Bassani, quienes abordarían ciertos conflictos de la sociedad italiana de su tiempo en sus cuentos y novelas de interés; pero al primero le reprocha las reacciones epidérmicas de sus personajes y al segundo, “su fondo de preciosismo crepuscular”, definición que repetirá sobre el maestro Federico Fellini en carta al narrador Sergio Saviane del 21 de septiembre de 1956, donde comenta su novela Festa di laurea, llevada al 1985 en por Pupi Avati, y laureada con varios David de Donatello. Mas, en la propia carta, le aclara: «[…] tampoco quiero decir que deberías haber puesto “un rayo de luz”: estoy por las representaciones despiadadas y sin compromisos». Lo que le reprocharía es cierta facilidad para lo andrajoso».

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La sinceridad y el confesionalismo los subrayaría datos de interés:

[…] la mía ha sido una generación de tipos en forma, vivos, precoces, de personalidades definidas, con la experiencia de la Resistencia y después, muy a menudo, con otras muy personales y positivas; estos últimos años sale a relucir en las novelas una perspectiva muy distinta, parece que se  hablara de fascistas llenos de la triste alegría de ser fascistas como lo eran tantos de los abúlicos, grises, decepcionados (Rimanelli, Soavi, Ottieri); o de no fascistas por abulia absoluta]. Este culto al hombre común, al hombre medio, empieza a ponerme los nervios de punta, no dice nada nuevo porque tiene ya una historia literaria demasiado larga, y no documenta nada, porque los documentos verdaderos sobre la gente cualquiera siempre se han fabricado hablando con los que no son cualquiera, casos límite mejores o peores, que siempre son también gente más interesante y divertida.   

   Acerca del narrador Carlo Levi, resaltaría: «Particular predilección y amistad tengo por Carlo Levi, ante todo por su polémica antirromántica y después porque su narrativa de no ficción me parece la más seria para una literatura social y problemática […] Su popular novela Cristo se detuvo en Éboli [que narra su exilio político entre 1935 y1936] aparecería en 1945). 

   Asimismo, expresaría sus criterios sobre Natalia Ginzburg [de la que este cronista descubriera, en los primeros ‘70s, su valioso conjunto de miniensayos Las pequeñas virtudes [traducido por uno de mis poetas mexicanos preferidos: Jesús López Pacheco para su edición en Español de Madrid, Alianza, 1966], Elio Vittorini [ambos serían también editores de Einaudi], Carlo Cassola, Carlo Levi, Leonardo Sciascia [su novela El día de la lechuza, fue publicada por la Colección Cocuyo, de la Editorial Arte y Literatura, en 1997], Italo Svevo, Elsa Morante, Giorgio Bassani [el recordado autor de la novela de El jardín de los Finzi‒Contini, llevada al cine en magistral adaptación de 1970, por uno de los fundadores del Neorrealismo: el actor y realizador: Vittorio De Sica, quien mereciera el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín, 1971, el David de Donatello​,1971 y el Óscar a la Mejor Película Extranjera en 1972], Pio Baldelli [destacado crítico de cine] y, sobre todo, otro de mis preferidos: Pier Paolo Pasolini [uno de los más reconocidos autores de su generación y, quizás el más completo: director de cine, poeta, actor, periodista, novelista, dramaturgo y pintor], al que reconociera Calvino en el siguiente apunte de su mencionada entrevista en Il Caffè: «Ahora está Pasolini, que ya era uno de los primeros de su generación como poeta y literato, y que ha escrito una novela, a la que hago muchas reservas de “poética”, pero que cuanto más se piensa en ella, más resistente y realizada se la siente»]…

     En otra carta, destinada esta vez al crítico literario Dario Puccini, corrobora su alejamiento de la izquierda de esta suerte: «[…] espero que también Città aperta sirva para hacerme salir de la posición de ermitaño del socialismo que me he impuesto». En este quincenario ―cuyo título los editores tomaran del clásico filme Roma, Città aperta del realizador italiano Roberto Rosellini― aparecido en esos años, Calvino, publicaría su cuento La gran bonanza de las Antillas, en la edición del 4-5 de julio de 1957.

  En torno al celebrado narrador Alberto Moravia ―y su cuarta novela, La romana, 1947, llevada al cine e interpretada por la mítica Gina Lollobrigida― diría ¿con leve ironía?: «… es el único escritor de Italia que puede llamarse en cierto sentido “institucional”, es decir, que presenta […] obras en las que se van fijando las sucesivas definiciones morales de nuestro tiempo, vinculadas a las costumbres, a los movimientos de la sociedad, a orientaciones generales del pensamiento.»

MÁS DE SU INTENSA VIDA Y OBRA   

   En 1943, es llamado al servicio militar por la República Social Italiana. Deserta y se une a las Brigadas Partisanas Garibaldi junto con su hermano, mientras sus padres son retenidos como rehenes por los alemanes. Finalizada la guerra, se muda a Turín  y colabora con varios diarios, se matricula en Letras y se gradúa con una tesis sobre Joseph Conrad. Se afilia al Partido Comunista Italiano (PCI). Fue durante este período de su vida que entró en contacto con Cesare Pavese, quien hizo que fuera contratado por la editorial Einaudi, donde ya trabajaba Elio Vittorini. El ambiente de la editorial fue fundamental en la formación literaria y cultural de Calvino. Ya en 1947 publicó su primera novela: Il sentiero dei nidi di ragno [El sendero de los niños de araña, basada en sus experiencias como partisano]. Y en 1949, un volumen de cuentos: Ultimo viene il corvo. Las dos obras fueron escritas dentro de la estética del neorrealismo italiano, a pesar de que, la primera, tiene un tono de fábula. De esta época, y también de temática neorrealista y obrera, con influencias visibles de Cesare Pavese, es su novela inconclusa: I giovani del Po. Calvino buscaba entonces una escritura objetiva e intentaba definir la condición del hombre de nuestra época. En 1952, siguiendo el consejo de Vittorini, abandona la literatura realístico-social y picaresca para dedicarse a una suerte de narración fantástica, la trilogía I nostri antenati, representación alegórica del hombre contemporáneo: El vizconde demediadoEl barón rampante y El caballero inexistente. La segunda, la más famosa, es fruto de su decepción ideológica que, tras la Invasión de Hungría por la URSS (1956), le hizo abandonar el PCI y apartado del compromiso político. Asimismo, durante los primeros ´60s, Calvino publicó dos artículos (Il mare dell’oggetività y La sfida al labirinto), en los que enunciaba una poética ético-cognoscitiva que intentaba definir la situación del hombre contemporáneo dentro de un mundo cada vez más complejo y difícil de descifrar. Entraba así en contacto con una corriente naciente de neovanguardia, en cuya poética Calvino veía una profundización en las razones de la tecnología y la industria. En 1963 publicó La giornata d’uno scrutatore, un libro que, de alguna manera, apareció a destiempo. Mientras el llamado Gruppo 63 proponía textos rupturistas, Calvino publicó un texto que era todo lo contrario a los ideales neo-vanguardistas del citado grupo: una novela sociológica, psicológica e ideológica. Aquel año dio a las prensas Marcovaldo, ovvero le stagioni in città, una selección de fábulas modernas en las que evidencia el contraste entre naturaleza y progreso. En 1964, realiza un viaje a Cuba, que le permite visitar la casa donde había vivido con sus padres y realizar diversos encuentros. El 19 de febrero, en La Habana, se casa con la argentina Esther Judit Singer, Chichita. Juntos se fueron a vivir a Roma, donde un año después nace su hija Giovanna. La atmósfera cultural italiana había cambiado mucho. La neo-vanguardia había consolidado sus posiciones de prestigio y el estructuralismo y la semiología se habían convertido en las ciencias sociales a las que todos se referían. De estos años son Le Cosmicomiche (1965), haz de cuentos de aparente ciencia ficción que en realidad se basan en una corriente fantástica y surreal. Sugiero a los lectores este inapreciable volumen del autor italiano más traducido; de ahí las numerosas ediciones de sus múltiples textos de varia invención.          


 

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