Por El Coloso de Rodas
Esta reseña se escribió en 2012 y fue publicada originalmente en El Blog de Montaner.
Todos los análisis realizados hasta ahora sobre la novela La mujer del coronel (Alfaguara, 2011), escrita por el periodista y autor Carlos Alberto Montaner, coinciden en destacar sus ejes temáticos principales: erotismo, sexo, amor, adulterio y política. Estos elementos, aunque en apariencia pertenecen a esferas distintas, se entrelazan en la trama para generar un discurso crítico sobre la vida cotidiana bajo un régimen autoritario. El propio Montaner ha señalado que la relación entre erotismo y política constituye el núcleo discursivo de su obra, una relación que cobra especial relevancia en un contexto como el cubano, donde el Estado ejerce un control absoluto, no solo sobre la esfera pública, sino también sobre la vida privada de los ciudadanos.
El régimen castrista, en su intento de imponer lo que denomina la «moral comunista», utiliza mecanismos de control que violan las fronteras de la intimidad. Entre estos, destaca la recopilación clandestina de información sobre la sexualidad individual y el espionaje de la privacidad más íntima como una forma de coacción. Este control sobre la vida sexual de los individuos no es únicamente una herramienta de vigilancia, sino un acto deliberado de dominación psicológica, destinado a quebrar la autonomía personal y someter al individuo a los dictados del Estado. En este sentido, el cuerpo se convierte en un territorio político, y el deseo, en un campo de batalla donde se enfrentan las imposiciones ideológicas y la búsqueda de libertad personal.
Montaner, sin embargo, no aborda esta problemática desde la denuncia directa, sino que construye una narrativa más compleja, donde el acto de resistir al control estatal se convierte en un proceso introspectivo y existencial. La protagonista de la novela, Nuria, personifica esta resistencia silenciosa. Como profesora de psicología, militante del Partido Comunista y esposa de un coronel del ejército cubano, su vida está marcada por el peso de la ideología oficial. Sin embargo, a lo largo de la novela, Nuria emprende un viaje de autodescubrimiento que la lleva a cuestionar los fundamentos de su existencia y a buscar, en la intimidad, un refugio frente a la opresión.
Uno de los momentos clave en este proceso ocurre durante un viaje a Roma, al que Nuria asiste como parte de un congreso internacional. En este escenario, lejos de la vigilancia estatal, experimenta un efímero sentimiento de libertad:
«Yo me sentía libre en Roma. ¿Libre de qué? Libre de todo. Libre de mi marido, de mi trabajo, de mis compañeros, de mis vecinos, del gobierno, de la rutina que se me había metido bajo la piel como un animal hambriento y amenazaba con devorarme el corazón.»
Este fragmento refleja no solo el anhelo de Nuria por escapar de las ataduras que la condicionan, sino también la imposibilidad de sostener esa libertad en un contexto marcado por la vigilancia y el control. Al regresar a Cuba, la protagonista siente el peso de una tristeza abrumadora, consciente de que esa libertad fue apenas un espejismo. Es aquí donde Montaner introduce una reflexión profunda sobre lo que denomina “el espanto de la libertad”. Este concepto, de resonancias existenciales, alude al temor que siente el individuo al enfrentarse a la vastedad de posibilidades que la libertad implica, especialmente cuando ha pasado su vida condicionado por estructuras autoritarias que le niegan la capacidad de elección.
La pregunta que atormenta a Nuria tras su regreso, “¿Tenía sentido mi vida?”, constituye el eje central de la novela. Aunque ella no vuelve a formularla explícitamente, esta interrogante subyace en cada una de sus acciones y pensamientos. A través de esta crisis existencial, Montaner explora no solo las contradicciones internas de su protagonista, sino también las tensiones que definen la sociedad cubana.
El viaje a Roma no solo marca un punto de inflexión en la vida de Nuria, sino que también introduce un contraste simbólico entre dos realidades opuestas: la opresión de un régimen que pretende regular hasta los aspectos más íntimos de la vida y la posibilidad de un mundo en el que la libertad, aunque precaria, aún puede experimentarse. Sin embargo, para Nuria, la liberación no llega mediante teorías abstractas ni discursos racionales sobre los derechos humanos, sino a través de una vivencia concreta: su relación extramarital con el profesor Martinelli. Este vínculo, lejos de ser simplemente un acto de infidelidad, representa una forma de resistencia frente a la hegemonía ideológica que ha moldeado su existencia.
Montaner, en este punto, establece un paralelismo entre el lenguaje político y el lenguaje erótico. Ambos, según la novela, son herramientas que configuran la realidad subjetiva, pero mientras el primero está diseñado para manipular y controlar, el segundo tiene el potencial de liberar. En su ponencia titulada El lenguaje político, la disonancia cognitiva y la neurosis, Nuria intenta comprender esta relación, pero su esfuerzo intelectual resulta insuficiente para resolver las contradicciones de su propia vida.
La muerte de su esposo Arturo, quien se suicida atrapado entre la lealtad al régimen y el vacío existencial que este le impone, simboliza el costo humano de un sistema que niega tanto la libertad como el deseo. Arturo, incapaz de reconciliar su identidad personal con las demandas del Estado, representa una de las muchas víctimas de un régimen que ha reducido la vida humana a una mera función política.
Para Nuria, en cambio, la liberación no llega a través del sacrificio, sino mediante la afirmación de su individualidad. Al final de la novela, la protagonista se enfrenta a su propio vacío existencial, pero lo hace desde una posición de resiliencia. Su capacidad de experimentar el goce, de desafiar las imposiciones del lenguaje y de encontrar en lo íntimo una forma de resistencia, demuestra que, incluso bajo las condiciones más opresivas, es posible recuperar la virtud, la felicidad y el sentido de la vida.
Con esta novela, Montaner no solo realiza una crítica mordaz al autoritarismo del régimen cubano, sino que también invita a reflexionar sobre la capacidad del ser humano para encontrar significado en un mundo marcado por la opresión y la incertidumbre. La mujer del coronel se erige, así, como un testimonio de la resistencia individual frente al totalitarismo, y como una celebración de la libertad en su dimensión más profunda y personal.
También te puede interesar
-
El espectáculo como escándalo metamediático. CASO CERRADO, Ana María Polo ¿La Ley del Embudo? -2da Parte*
-
Estilo y riesgo en la obra de Josh Ponce de León: la estabilización de una imaginería
-
Cuatro poemas de Blanca Caballero
-
CASO CERRADO. Idolatría televisiva y autoridad mediática en torno a Ana María Polo. ¿Pastora de la justicia americana? (Parte I)*
-
Vamos a tratar de aclararlo más, aunque se quede más oscuro y correoso