Vives en una dictadura

Por: José Raúl Vidal Franco

La intelectualidad cubana en la isla está tan perdida que aun estando en contra del tirano se ofende cuando alguien de afuera habla de la hambruna y la miseria en que allí se vive.

Un gran sector se contenta incluso con el tema del feminismo, la comunidad LGTB, las misiones fuera de Cuba como si fueran banderas institucionales. Trompetean además sobre el bloqueo y el embargo como causas de la  inmundicia que los carcome. 

Algunos creen ser de la high class en medio de un país que toca fondo en la miseria moral, espiritual y social tan documentada ya por el mundo.

Prefieren vivir y sentir como capitalistas; o mejor dicho, prefieren jugar al capitalismo abofeteándoles la cara a familiares y amigos con méritos del dólar imperial que resuelven o sencillamente estirando el cuello como jirafas luego de regresar de un viajecito al extranjero. Se integran como espartanos al discurso oficial aunque no crean en él. Entiendo que se cambien por cualquier cosa porque allá se necesita cualquier cosa. Para ellos resistir es la palabra de orden y el miedo una condición que les recorre la piel.

Para el intelectual cubano la resistencia y el miedo en la isla es como el gerundio: viene del pasado, pasa por el presente y continúa hacia el futuro sin que nadie vislumbre el final de su permanencia.  Hay quienes lo ven solo como un vector AB, ignorando que se sabe del punto A pero se desconoce o simplemente no importa dónde está B. Es un recorrido viciado, diría, ya adene-alizado donde todo parece suceder por degeneración espontanea pero nunca a consecuencia de A.

Creen además que la desgracia de Cuba es culpa del Norte brutal y revuelvo, que dicho sea de paso, no nos desprecia a los que hemos sido bendecido como el Exilio, la Diáspora o la inmigración.

No escucho, por otra parte, a ningún Princesa de Asturia o Premio Nacional de Literatura hablar del maltrato a Damas de Blanco o del encarcelamiento  a opositores, o salir en defensa de algún miembro del grupo LGTB que no es revolucionario y sufre los desmanes de la exclusión.

Si algo mencionan es solo para resaltar estadísticas de mujeres violadas, maltratadas y asesinadas en África o el mal manejo de cualquier crisis en EE. UU. por parte del Presidente.

Así se contentan con las teorías de izquierda en Estados Unidos España, Francia, etc. viendo la paja en el ojo ajeno e ignorando, con soberana intención, la gran piedra con la que el régimen cubano los ha defenestrado.

Permítame decirlo al revés para que  se entienda al derecho: en Cuba no hay hambre, sobra la medicina, los hospitales tienen todos los medios para proveer servicios, no se reprime al opositor, hay libertad de pensamiento, palabra y obra. Todos son revolucionarios, no hay jineteras ni pingueros. Nadie quiere emigrar al extranjero.

Y los intelectuales, no son hipócritas: están al lado del pueblo —no sufriendo—, sino haciendo la Historia juntos como corresponde.

No incluyo a ese sector de intelectualoides que aun viviendo en tierras de Libertad defiende al régimen y desdeñan al país que los acoge. Pero la realidad abruma su ignorancia. Muchos, al sentir el rigor de la inmigración experimentan que no pueden ejercer sus carreras sobre todo porque no pikin ingli. Allá vivían del cuento y aquí tienen que vivir de la cuenta. Otros tantos al cabo de años en US siguen viviendo de asistencias públicas y con trabajos poco remunerados—: las fuentes de sus frustraciones. Se trata de inadaptados que sin espíritu de superación tienen el coraje de decir que en Cuba vivían mejor. No, en Cuba eran lo mismo que aquí: inadaptados, falsos y egoístas con ínfulas de alta sociedad. A ellos le digo que  en US a nadie se le prohíbe callar o moverse, mucho menos pensar: pueden regresar a la isla cuando quieran: aquí en US No los queremos, No los necesitamos.

Sé que alguno de aquí y de allá mal mirarán mis palabras. Pudiera  decirles que  lo lamento, pero no es así. Aquí y allá he hablado con natural desenfado sobre todo porque siempre me ha impulsado la premisa que ahora les parafraseo:

Sé frio o Sé caliente, porque si eres tibio, te vomitaré de mi boca.

JRV y F

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