«Vanos lugares», de Eduardo René Casanova Ealo

Por Kukalambé

He gozado de principio a fin la lectura de Vanos lugares, un cuaderno de 40 poemas que devoré sin pausa. Quiero destacar especialmente la magnífica presentación escrita por Abel German, sumergiéndose en los matices y la profundidad de los versos. Su análisis desvela una perspicacia sin igual al desentrañar los temas, las emociones y las imágenes poéticas que conforman este cautivador compendio. Además de elogiar la obra en sí misma, Germán nos brinda un contexto enriquecedor que ilumina la intención del autor y nos invita a adentrarnos aún más en su universo lírico.

¿Qué otras adiciones podría hacer a Vanos lugares?

Vanos lugares se distingue por su realismo, a veces prosaico y otras veces poético. Su fenomenología poética es uno de sus aspectos más sobresalientes. Si consideramos que vanos lugares es un territorio desprovisto de sentido y utilidad, donde el protagonista se aleja con una mirada perpleja, podemos afirmar que este cuaderno ilustra de manera profunda un enfoque existencialista íntimo. A continuación, presento algunos puntos que describen la heterotopía del desencanto, tal como Max Weber la visualizó al referirse a la realidad de su país a principios del siglo XX.

El desencanto y el desapego hacia su tierra natal, manifestando que nunca ha experimentado una auténtica pertenencia a ella. La patria es una ilusión, un lugar lejano que ha abandonado, dejando a su paso un entorno cargado de odio y desolación. La figura de su padre se erige como un símbolo desgastado de la nación, mientras que a su madre la ha llevado lejos para que exhale su último aliento en un paraje distante al que dedicó su vida.

Censura la carencia de identidad y memoria en su país, y cuestiona la imagen de los falsos héroes. Tanto él como otros desconocidos se erigen como héroes superiores a la historia oficial. Reflexiona sobre la existencia de vida más allá de su propia circunstancia y concluye mencionando las sirenas que anuncian otros acontecimientos en la urbe. Los primeros poemas meditan sobre la vida, la muerte, las relaciones humanas, la política, la discriminación y la violencia, y exploran la identidad, el paso del tiempo y la búsqueda de significado en un mundo complejo.

Otros poemas describen una serie de ideas relacionadas con la falsedad, como una disociación de las palabras respecto a sus verdaderos significados: la existencia de voces que se amoldan a una identidad impuesta y cómo la falsedad se evapora en el aire. De ahí que se respire un ambiente de rechazo hacia la influencia de la demonología familiar, anhelando vivir distante de los ídolos y la injusticia.

Para lograrlo, propone ser auténtico y dar forma a su propia realidad. Aparecen entonces metáforas sobre el peso de la desnudez y el lenguaje natural. Libra una tenaz lucha contra los proverbios y la opresión, y acude al olvido de alguien amado y a la importancia de comprender el mensaje homérico mediante la conexión con los demás.

Es de esperar que el poeta haga alusión a la morada en silencio, la transformación del ser humano y su eventual partida de este mundo, silenciando los fluidos de su cuerpo, los cuales no siente como propios. Estos líquidos sanguíneos, ríos que arrastran piedras, lo humillan y obstaculizan su camino entre los hombres, sintiendo aversión hacia ellos y considerándolos repulsivos, cubriendo las paredes y bloqueando la pausa en su existencia.

No menos importante es la ilusión que le provoca el espejo y su deseo de destruir las palabras. Aquí surge una sensación de frustración y odio hacia el amor, la realidad y la propia existencia, y, además, alude al sufrimiento, la venganza y la negación como formas de liberación.

La narrativa poética del autor teje una atmósfera de partida y silencio, como si se desvaneciera en un vasto vacío. La nostalgia lo envuelve mientras rememora una vida anterior llena de bendiciones y amigos distantes. A medida que se aleja, deja atrás una radiografía de su corazón en fragmentos, como si su esencia se desmenuzara. Avanzando en la oscuridad, se encuentra con su sombra, pero se niega a seguir su camino destructivo. Anhela que Morfeo, el dios del sueño, se deshaga de sus gafas de sol y despierte a un propósito mayor.

En otros poemas se adentra en reflexiones sobre la exclusión, evocando una sensación de derrota y lucha constante. Sin embargo, en medio de la adversidad, encuentra una pequeña victoria al despertar y enfrentar la realidad. A pesar de las dificultades, se aferra a la esperanza y sigue adelante.

El propósito de la vida, un tópico de gran relevancia en la poética de Casanova, se vislumbra como una búsqueda constante de respuestas, a pesar de encontrarse con el silencio y la falta de claridad. Sueña con fantasmas que arrastran a penitentes para resucitar, mientras enfrenta monstruos y pérdidas personales sin encontrar consuelo ni explicaciones.

La obra también presenta elementos simbólicos y metáforas evocadoras. La figura de un hombre mayor en una moto eléctrica, que representa la idea de que siempre es el «año del gato», insinúa una sensación de perpetua incertidumbre. La mención de una amante en la primavera y la lamentación por la pérdida del amor dan lugar a una profunda melancolía y rechazo. El poeta se siente desterrado y ruborizado frente a vidrieras que exhiben objetos cotidianos, como si la normalidad le resultara inalcanzable.

Y, por último, no faltan los temas sociales y políticos, mostrando una crítica a la realidad del mundo. Destaca la presencia de muros y basura, símbolos de opresión y desorden. Lamenta la muerte injusta de una niña y su madre, víctimas de la violencia, y denuncia el uso de las manos para causar daño.

La importancia de la libertad y la capacidad de decidir sobre el color del cielo se resaltan como aspectos esenciales de la vida. A pesar de la presencia de personas que desean el caos y el sufrimiento, el poeta persiste en su deseo de presenciar y admirar los amaneceres en su propio rincón. Evoca la fugacidad de la existencia al comparar el nacimiento en una isla con el de un pez en una pecera. A través de esta analogía, se plantea la idea de aprender a enfrentar un futuro sin esperanza y la noción de que todos hemos sido engañados en algún momento, incluso aquel que fue crucificado también experimentó el confinamiento de una pecera.

En cuanto al enfoque lírico, el ritmo, la música y otros aspectos técnicos, no me adentraré. Mi enfoque se ha centrado exclusivamente en la fenomenología poética de la obra. En fin, Vanos lugares es un libro extraordinario, destacándose como uno de los mejores que ha surcado las páginas con una fluidez inigualable en los últimos tiempos en Playa Albina.

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