Museo: MoMA, Nueva York (Estados Unidos) Técnica: Escultura (35,6 x 71,2 x 7 cm.)

Museo: MoMA, Nueva York (Estados Unidos) Técnica: Escultura (35,6 x 71,2 x 7 cm.)

Untitled (Perfect lovers)

Por Natalia Moreno Martín

Dos relojes al compás inevitablemente se van desincronizando con el tiempo

Vale, vale, que sí. Que tú haces esto con dos relojes Könnij de Ikea por 10€ (5€ en rebajas) en dos horas (contando con la hora y media que tardas en recorrer la tienda) y nadie te dice que eres un genio. Que crees que esa palabra sólo es para los que tardan 20 años en pintar el retrato de una familia ilustre. Sorry, te equivocas.

Decía Breton que la belleza será convulsiva o no será. Amén. La obra del cubano Félix González-Torres (Guáimaro, Cuba, 1957 – Miami, 1996) es, simplemente, Belleza. Untitled (Perfect lovers, 1991) habla de amor, ausencia y luto. Representa dos relojes parados a la misma hora en que murió su pareja, Ross Laycock, y que, con el tiempo, se van desincronizando ampliando la distancia que les separa. ¿No te quedas sin aliento? ¿No es exactamente así como te sentirías al perder a la persona que más amas? Y ahora que te has dado cuenta ¿no puedes aprovechar el tiempo que os queda juntos?. El Arte no es arte si no nos hace reflexionar y cambiarnos para ser mejores y, joder, Gónzalez-Torres pone los pelos de punta. Da igual que seas chino o de Cuenca: si ves esta obra, se queda contigo.

Ese mismo año el artista creó diversas obras homenaje a su amante como Untitled (Portrait of Ross in L. A.). 175 libras (el peso de Laycock) de coloridos caramelos son expuestos para que los visitantes puedan cogerlos representando, así, la desaparición progresiva de su persona a modo de comunión con el público.

Y es que no se trata sólo de sensiblería romántica. González-Torres da una bofetada con la mano abierta a la falsa moral de la sociedad estadounidense del momento. Habla en voz alta del SIDA que, en la década de los 90, mataba a gente como moscas pero era considerada una enfermedad de viciosos y degenerados que, después de todo, se lo merecían. El propio artista moriría cinco años después por este motivo como ocurrió, por ejemplo, con Haring o Mapplethorpe, entre otros grandes. Ahora, vete a Ikea y compra dos relojes Könnij.

(CC) Natalia Moreno Martín, 09-02-2019
Del Portal historia-arte.com

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